Opinión

En los últimos 24 años, la economía mundial está globalizada y cuya dimensión es muy pronunciada ante la existencia de un mercado financiero que gravita sobre la economía de los diferentes países, lo que permite reconocer la realidad de un mercado financiero internacional globalizado que promueve la innovación de múltiples instrumentos financieros que operan con un riesgo inherente sustentado en los sistemas informáticos.

Pero es que la globalización del mercado financiero se observa cuando surge una crisis en alguna zona económica de gran importancia, por tanto, impacta en los diferentes mercados financieros. A esto la literatura financiera ha denominado “efecto contagio”, interpretándose así que la economía mundial está totalmente globalizada y donde los países corren el riesgo de registrar un temblor impulsado por la economía financiera globalizada, esto es que, las finanzas internacionales se han convertido en un efectivo canal de transmisión de la globalización económica para lo bueno y para lo malo. A esto se denomina Driver de la globalizacion.
Este proceso sostenido se ha profundizado con el impresionante desarrollo de la red Internet durante el período 1994-2014 impulsado por el crecimiento exponencial de las grandes compañías de informática y comunicaciones, donde los mercados financieros se han sustentado en su plataforma por la capacidad de comunicación y la velocidad de transmisión de datos de manera simultánea con que operan la red en el mundo.

Las primeras manifestaciones del efecto contagio, que afectó a los diferentes mercados financieros, incluyendo los emergentes, se observó con la crisis asiática que hizo caer a las bolsas de los países asiáticos, en 1997, contagió a los mercados financieros de Iberoamérica y destapó la profunda crisis japonesa, que estaba oculta, además en agosto de 1998 la crisis rusa repitió este amargo episodio con una caída histórica de un 19% en los índices bursátiles.

Estos acontecimientos en los mercados financieros asiáticos obligaron a desarrollar la medición del riesgo de liquidez que se agregaba al riesgo de crédito que se derivó de la crisis financiera de 1987 en USA. Pero el riesgo de liquidez medido a partir de 1997, se impulsaba por el hecho de que la mayoría de los bancos asiáticos entraron en la modalidad de realizar operaciones de descalce, mediante el otorgamiento de préstamos a largo plazo y recibían depósitos a corto plazo, con un manejo dudoso con las tasas de interés que forzó a desarrollar la medición de los riesgos de mercado.

No bien superada la crisis de ese período, ya en febrero de 2007 el mercado financiero de USA explota en otra crisis, generando un pánico financiero que afectó a las principales bolsas de valores del mundo expresada en una drástica caída de 3.47% en el caso del Stándar and Poor’s 500; de 3.29% en el Dow Jones y de 3.86% en el Nasdaq. Pero al día siguiente hubo caída histórica en la bolsa de Shanghái por el orden de 8.84%, afectando así a la bolsa de Brasil con un -6% y a la de México con -5%, fruto de los grandes montos de inversiones asiáticas y europeas en estos mercados.

La explosión financiera del 2008 ha sido el último episodio de crisis que se ha presenciado al finalizar en junio del 2009, cuya peculiaridad es que fue global y que sorprendió a las autoridades financieras al detectarse grandes debilidades en los sistemas de supervisión, lo que puso en evidencias que las entidades bancarias habían desarrollado malos negocios bancarios burlando las normativas establecidas, cuyos resultados han sido la desconfianza y la debacle de la economía mundial, donde aún no se ha logrado la recuperación satisfactoria de la economía ya que ha sido profunda y prolongada, donde ya las economías emergentes están superando el peso específico de las avanzadas expresado en un 56.4% a un 43.6%, respectivamente. En adición, China terminaría desplazando a USA 16,5% a 16,2%, en el peso del PIB mundial.

Como muestra de lo expuesto está el hecho de que el FMI ha proyectado la desagradable noticia de que la economía mundial no logra la recuperación ya que ésta terminará con un crecimiento de 3.4% en el 2014, inferior a lo proyectado, y de 4% en el 2015, pero de esto las economías avanzadas solo alcanzarían un anémico 1.8%, mientras América Latina llegaría a un 2%, esto técnicamente se traduce en un crecimiento cero, lo cual se repetirá en la zona euro y las economías emergentes. Esto explicado en una alta proporción por la inestabilidad geopolítica, con la violencia en Oriente medio, Ucrania, el estancamiento de las grandes economías y la vulnerabilidad en los mercados emergentes, provocando así que la economía global tiemble.

Noticias Relacionadas