Opinión

Cuando en el 2003 República Dominicana incursionó con una segunda emisión de bonos soberanos en los mercados financieros internacionales por US$600 millones con el objetivo de honrar deudas internas y externas, lo cual era una señal clara de que algo andaba mal ya que con esta emisión de deuda soberana se hacía un traspaso negativo a las futuras generaciones por su impacto en el servicio de la deuda externa. En adición, el manejo inadecuado de una política fiscal expansiva que generó un histórico déficit fiscal de un 7% como expresión de un desorden en las finanzas públicas.

Pero si a esto le agregamos el colapso bancario del 2003 con un salvataje de un costo fiscal de 20%, fruto de traspasar los pasivos de estas entidades al Banco Central, entonces se entiende mejor el porqué la entidad emisora quedó atrapada con pasivos equivalente a US$2.2 millones y un déficit cuasi fiscal derivado de la emisión de certificados que pagaban tasas de interés superior al 38%, generándose así todo un proceso devaluatorio e inflacionario sin precedentes.

Revertir tal situación requirió de una tarea titánica sustentada en un cambio en el perfil de la deuda Banco Central, una fuerte reducción en la tasa interés y un aumento de los plazos, apoyo financiero del Gobierno y redención gradual de Certificados.

En relación al sistema bancario se creó un entorno muy débil que se convirtió en un detonante y amplificador de la crisis económica. Tal situación se identificó mediante la existencia de activos crediticios de baja calidad, generados por una supervisión bancaria inadecuada, decisiones crediticias desafortunadas, generadas por deficiencias en la administración de riesgos crediticios, provocando que algunos bancos ocultaran activos de mala calidad en entidades Off-Shore, o simplemente, doble contabilidad.

Otro elemento a destacar es la baja capitalización real en el sistema bancario, provocada por activos y pasivos ocultos que en realidad necesitaban ser reconocidos como parte del balance, y establecerles provisiones por pérdidas potenciales en dichos activos. Por igual, facilidades regulatorias para posponer la creación de provisiones de los activos en balances oficiales, y en algunos casos, capital procedente de préstamos a accionistas, y capital reciclado de empresas relacionadas.

La crisis presentada en el sistema bancario inicialmente provocó tres fenómenos que acentuaron las debilidades de los bancos: una supervisión bancaria inadecuada, la capacidad de pago de los deudores de la banca se deterioró, generando cartera vencida y el aumento de las tasas de interés generó un mayor deterioro en la capacidad de los deudores de cumplir con sus obligaciones crediticias, al tiempo que la devaluación de la moneda descalabró la capacidad de pago de las empresas no exportadoras endeudadas en dólares con aumento de los activos en riesgos, provocó una caída automática en los índices de solvencia de los bancos.

Para contrarrestar y corregir estas malas prácticas bancarias las autoridades monetarias y financieras emitieron tres importantes normativas relativo a las actividades de Off-Shore, créditos vinculados y evaluación de activos cuya finalidad era impulsar el mejoramiento de las prácticas bancarias de cada institución, afinar las estimaciones de faltantes de capital y provisiones e impulsar la elaboración de planes de negocio para llevar a los bancos a mejores niveles de solvencia.

Pero, ¿en qué consisten los planes de negocios? Estos son una serie de acciones relacionadas entre sí para el comienzo o desarrollo de una entidad con un sistema de planeación destinada alcanzar determinadas metas y, a su vez, el plan de negocios debe transmitir a los inversionistas y a los financieros, los factores que harán del negocio un éxito, la forma en la que recuperarán su inversión.

A raíz de la crisis bancaria del 2003, por sugerencias del FMI, el organismo supervisor puso en vigencia, por primera vez, los planes de negocios del sistema bancario dominicano para el período 2005-2009 y revisado cada cinco años.

Para la ejecución de los planes de negocios, se realizó una capacitación a los ejecutivos de la banca y los supervisores para entender el alcance del instructivo, siendo este la herramienta de supervisión más novedosa, junto a la figura del gobierno corporativo, cuya introducción vino a corregir debilidades ancestrales en el sistema bancario y a enseñar cómo se establecen modelos de proyecciones financieras y el impacto de las variables macroeconómicas en los bancos.

En armonía con esta, el organismo supervisor puso en vigencia, desde el 2013, el “Instructivo para la elaboración y presentación de los planes estratégicos”, lo cual es un indicador de avance y mejora en la calidad de la supervisión.

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