Opinión

La economía mundial transita por un escenario de alta complejidad desde el 2008, cuya expresión está marcada por una desaceleración global, con una acentuación de los riesgos en el mercado financiero que puede poner al sistema bancario internacional ante un panorama lleno de incertidumbre fruto de la vulnerabilidad con que vienen operando las entidades de intermediación financiera. El sector bancario mundial lleva siete años en el ojo del huracán financiero que derrumbó a los bancos más emblemáticos del mundo, en particular en Wall Street, fruto de los malos negocios de las hipotecas subprime en EE.UU.

Tal realidad obliga a plantearse ¿Hacia dónde va la supervisión bancaria? Los supervisores del siglo XXI están obligados a entender que la supervisión bancaria ha sido inadecuada si se asume el alto nivel sofisticado con que están operando los mercados financieros y de capitales. Esto en la práctica impulsa a los supervisores a la innovación y adopción de las mejores prácticas de supervisión sobre la base de combinar la tecnología con un capital humano de una buena formación académica ya que un buen técnico de la supervisión requiere un tiempo prudente entre cuatro a cinco años para formarse en el área, en virtud de que ser supervisor bancario se aprende supervisando, sin perjuicio de estar bien formado en términos académicos.

Esto tiene mayor fundamentos si se entiende que un mercado de capital desarrollado requiere de un sistema bancario sólido, en el cual las interconexiones entre ambos se retroalimentan ya que problemas de gran magnitud en uno se reflejarán en serias dificultades en el otro. Por tanto, cualquier debilidad en estos termina en crisis bancarias fruto de una combinación de regulación y supervisión inadecuadas en el contexto de políticas macroeconómicas insostenibles.

Pero es que una supervisión inadecuada con un alto grado de sofisticación de los mercados conduce a la presencia de fallas significativas en la implementación de un tipo de supervisión inexistente en la ley, por lo que si se recurre a hacer requerimientos de capital o capital regulatorio que no cumplen el rol para lo que fueron diseñados, o sea, el valor de capital suficiente para servir como “colchón”. Cuando esto ocurre el supervisor ha incurrido en una falta muy grave que pone en evidencias que se utilizan herramientas inadecuadas para una supervisión eficaz.

Es por tal razón de que uno de los retos principales del supervisor bancario, es mantenerse en el liderazgo de los negocios desarrollados por los bancos y lograr eficiencia en el monitoreo de productos sofisticados. Para ello es indispensable una continua actualización de las técnicas de supervisión, por tanto, son necesarios el desarrollo y capacitación del capital humano de la institución supervisora, y contar con procesos y tecnología que faciliten sus tareas, ya que la misión de un supervisor es fortalecer y fomentar la estabilidad, confianza y competitividad del sistema bancario.

Esto tiene mayor trascendencia si tenemos presente que el rol del supervisor se puede ver debilitado si el marco de actuación de este resulta inadecuado ante la ausencia de autoridad y autonomía para exigir el cumplimiento de las normas; la falta de profesionalismo, capacitación, innovación del personal que hace las tareas de supervisión y autoridades incapaces de interpretar las tendencias del mercado bancario. En ese contexto es que se puede entender el por qué en los países de economías emergentes, la supervisión debe ser más rigurosa si se toma en consideración el grado de volatilidad de las variables macroeconómicas, máxime si se entiende que la exigencia de capital sobre activo ponderado por riesgo no ha sido lo suficientemente capaz de conservar la salud financiera sostenible, sino que hasta en el marco de los principios de Basilea el perfil de riesgo de las entidades bancarias se ha incrementado. La principal tarea de la supervisión bancaria en el siglo XXI debe de consistir en reconocer que la estabilidad del sistema financiero no está garantizada, per se, y que la movilidad de autoridad o presencia de autoridades dudosas tiende a profundizar la debilidad institucional y bloquear el objetivo primario de la supervisión que es la estabilidad y la confianza del sistema financiero.

En el caso dominicano, con la vigencia de la Ley 183-02, se ha logrado un avance impresionante en la calidad de la supervisión bancaria con la presencia de los reglamentos de evaluación de activos, apertura y funcionamiento de entidades, el gobierno corporativo, riesgo de mercado y liquidez, los planes de negocios en las entidades, supervisión prudencial e independencia financiera del presupuesto público, sin embargo, se tiene la tarea pendiente de acelerar en el fortalecimiento institucional, adopción plena de los principios de Basilea, migrar en su totalidad hacia la supervisión basada en riesgo, superar la injerencia política en las decisiones de la superintendencia de bancos y no repetir la violación a la propia ley.

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