Opinión

La fiesta de la Asunción es la fiesta de María, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor.

El papa Pío XII definió como dogma de fe la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma el 1 de noviembre de 1950.

¡Y no es para menos! María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, y tuvo el privilegio de ser asunta integralmente al cielo ¡y por eso, la Iglesia entera está de fiesta!

Ella es nuestra madre. La puerta del cielo. Gracias a su sí, nuestro Señor y Salvador Jesucristo vino al mundo. Ella, la intercesora por excelencia. Aquella por quien Jesús hizo su primer milagro. Recordemos las bodas de Caná.

También, para el pueblo dominicano, es su protectora especial, en la advocación de la Altagracia, cuya fiesta también, su fiesta, de forma misteriosa, está ligada a nuestra patria. Justo un dia despues, 16 de agosto, celebramos la Fiesta de la Restauración, fecha oportuna para agradecer de forma especial a nuestro Señor el don de nuestra Patria. Amemos nuestra Patria: don de Dios para con nuestro pueblo. Comprometámosnos con Ella. La Patria es de todos y de todas.

Estamos viviendo tiempos difíciles como nación. Retos internos y externos nos llegan al encuentro. No basta con identificarlos, es impostergable enfrentarlos con valentía. Nuestros imprescindibles aliados: la fe en Dios ante todo, la comunicación y cooperación entre Estado y sociedad civil y unión en la acción.

Y como hemos dicho, contamos con una gran aliada: la Virgen de la Altagracia. Nuestro pueblo la identifica con la propia imagen de la Patria y cifra en su augusta grandeza la supervivencia de la República y la perdurabilidad de los destinos nacionales.

La Virgen de la Altagracia no está sólo presente en todos los hogares dominicanos y no sólo es inseparable del corazón de cada uno de los hijos de esta tierra, sino que también alienta en el culto cívico que se rinde a cada uno de nuestros próceres y en las notas del himno en que se alaba la gesta incomparable de la Independencia Dominicana.

Es admirable el hecho de que el culto a nuestra Divina Protectora, lejos de disminuir y de amenguar, como han disminuido tantas cosas en el mundo de nuestros días, sigue creciendo en nuestros corazones.

Su sagrada imagen está unida a nuestra alma con el culto a la Patria. Los colores de su vestimenta así lo evidencian. Elevemos una plegaria:

Madre querida: En este día maravilloso, te damos gracias por todo lo que has hecho por la humanidad al entregarnos a tu Hijo, Salvador Nuestro. Gracias por tu maravilloso ejemplo de vida y, sobre todo, por tu invaluable intercesión, sobretodo en esta epoca tan convulsionada que vive el mundo. De forma especial te pedimos por la Paz del Medio Oriente. Te suplicamos que lo sigas haciendo en favor nuestro y nos ayudes a ser mejores cristianos para la gloria de nuestro Señor. Amén.

Aprovecho el espacio para convocar a los que viven en Santo Domingo a que participen en la Solemne Eucaristia que se celebrará en el Santuario de la Altagracia a las 7:00 p.m. y que presidirá el Nuncio Apostólico del Santo Padre.

A los que quieran peregrinar a la Basilica de Higuey, es un dia maravilloso, y una experiencia preciosa que no olvidaran, sobre todo Ella.

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