Opinión

Cada una hora y 25 minutos se registra en AMET una víctima de siniestro vial, de acuerdo a los informes del 2011 al 2013. El índice de letalidad promedio en igual período es de 44.9 fallecidos por cada 100 víctimas.

Para cuando terminó el 2013 la tasa de mortalidad por cada 100,000 pobladores se redujo 2.28% con relación al 2010 que fue estimada en 41.7 muertes por cada 100,000 habitantes a causa de los siniestros de tránsito.

La única explicación válida y lógica de este decrecimiento está en la ampliación y recuperación de la red viaria nacional, que para nadie es un secreto, significó el mayor esfuerzo en inversión que gobierno alguno haya realizado hasta entonces, que sin proponérselo, repercutió como factor de riesgo en la mejora de la seguridad vial con solo 150 vidas salvadas del 2010 al 2012.

Esa realidad es diferente de los países desarrollados, donde se estima que la reducción evidenciada en las víctimas mortales fue motivada por la crisis económica a que están sometidos, salvo España, Portugal y Francia.

La disminución de las fatalidades en la Unión Europea el año pasado fue de alrededor del 9%, cuando se considera ser la región modelo en seguridad vial mundial. España, por ejemplo, alcanzó una mejora de cerca de un 17%, conforme a una reducción armónica en sus indicadores monitoreados minuto a minuto desde hace más de un decenio.

Colombia, en la región latinoamericana, produjo un decrecimiento en la mortalidad casi imperceptible detectado por la Contraloría General de la República, generando una crisis en el gabinete, que dio lugar a una nueva Ley de Seguridad Vial a principio de este año, que contempló la creación de un nuevo organismo rector y la identificación de nuevas fuentes de financiamiento para la sostenibilidad de la nueva estructura orgánica y de sus proyectos.

España, que pudiera considerarse un paradigma mundial en el tema de la seguridad vial, es cuestionada hoy día, porque decisiones estrenadas recientemente han debilitado el sistema dejado por la administración del Presidente Zapatero, que hasta un sector del partido gobernante reclama la presencia del antiguo Director de Tránsito, el Ing. Pere Navarro. Los españoles están celosos por preservar la sostenibilidad y competitividad en la mejora de la seguridad viaria, considerada una marca país.

Estados Unidos de Norteamérica redujo las fatalidades en un 9% también en el 2013 respecto al 2012.

La unión Europea estableció un plan integral de 10 años que venció en el 2011, y poquísimas naciones alcanzaron la meta del 50% de reducción de las víctimas fatales, entre las cuales se cita a la Madre Patria. Ahora están en la ruta de una nueva hacia el 2020.

Corea, que hemos sabido está cooperando técnicamente con la República Dominicana, según ha trascendido, en una década logró una reducción de un 50% en las fatalidades por violencia en las vías.

Argentina se perfila como el país líder de la región en los actuales momentos por la voluntad política mostrada, pero a pasos lentos y firmes, en contra de las corrientes municipales.

Regresando a la República Dominicana, el año pasado se evidenció una variación de 79.8% en los siniestros viales y un crecimiento escandaloso en la morbilidad. Más del doble con relación al período anterior, por lo que las estadísticas reflejan un total de 6,632 en el 2013 contra 3,018 heridos en el 2012; tanto su campo vehicular como el número de habitantes en aumento galopante, esto último, por los inmigrantes e itinerantes extranjeros que aportan una cantidad relevante de víctimas al sistema de inseguridad.

En el caso de las motocicletas y los motoristas, no hay un censo serio y dinámico, ni políticas claras ni estructura para corregir los entuertos básicos que nos aquejan por décadas; como la matriculación, la licencia de conducir y los permisos para la circulación. Ni siquiera en casi medio siglo de vigencia de la Ley 241 hemos sido capaces de implementar el sistema de puntos, un tema vital en seguridad del tránsito.

A casi cuatro años de declarada la Década de Acción Mundial para la Seguridad Vial por Naciones Unidas, aún la República Dominicana no tiene planes integrales, ni leyes, ni órgano rector. No muestra voluntad política para convertir la seguridad vial en un tema de Estado. No se han creado las condiciones para iniciar una depresión en la curva de evolución de los siniestros, ni de las víctimas, ni contamos con un observatorio de datos a nivel nacional, ni mucho menos un acopio de informaciones creíbles, confiables y transparentes. Y tampoco se ha comenzado el proceso de concienciación social y política, que se lleva años.

Estas son condiciones “sine qua non” para que se produzca mejora sostenible y sustentable en la seguridad vial. Los partidos políticos definitivamente no la tienen todavía en sus agendas. Y el sistema de autoridad prevalece en franco deterioro.

En ese sentido, sería interesante preguntarle a los españoles, qué hicieron para poder despegar, hace 12 años aproximadamente, en lo referente a la cúpula policial, al sistema de gestión y la puesta en práctica de una verdadera democracia participativa. La revisión y discusión de su marco legal por año. Todo ello ha conllevado a logros tangibles, que por las condiciones existentes en República Dominicana parecerían una utopía.

Crear un Consejo de Seguridad Vial es una idea formidable, como algunos sectores y organismos plantean, sin embargo, se contrapone a lo que los Diputados dominicanos sugieren en la Cámara Legislativa, que tampoco es la mejor idea.

Pero, de crearse el Consejo en las circunstancias actuales, haríamos lo que siempre se ha hecho, crear instancias nuevas por la deficiencia e inoperancia de las existentes, sin la suficiente garantía de que resolverán el problema.

También se habla de una propuesta de implementación de un Plan Estratégico, contradictorio al proyecto de Ley que actualmente cursa en la Cámara Legislativa, en cuanto a quién lo ejecutaría.

Con lo que está ocurriendo, parece que pretendemos correr antes de gatear, o caminar apoyándonos en un bastón de cristal, y engañándonos a si mismo, al creer que lo que viene, así como lo traen, podría ser la panacea.

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