Opinión

Las obras de arte forman parte del patrimonio invaluable de la humanidad pues constituyen la memoria, no únicamente de épocas pasadas, pues el arte es un fenómeno que trasciende el tiempo, sino como las pruebas certificadas de la creatividad y de los sentimientos expresados por medio de dichas obras.

La humanidad se torna olvidadiza con los sucesos pasados, en todo caso, las modas no son un signo distintivo de nuestros tiempos, son un hecho que marca el mapa genético de nuestra especie.

Conservar los frutos del ingenio de los artistas es una tarea en la que se empeñan múltiples instituciones que se preocupan por mantener en buen estado las obras de modo que puedan ser observadas de generación en generación.

Los especialistas que mantienen los archivos fílmicos de todo el mundo son los arqueólogos de las imágenes en movimiento, auténticos buscadores de tesoros no para sacar ganancias, más bien para esos fotogramas delante de nuestros ojos.

La tarea que se impuso Henri Langlois en la Cinemateca Francesa, escarbando en los más oscuros rincones para preservar y exhibir películas que muchos habían olvidado o se creían perdidas para siempre, es considerada una de las grandes epopeyas emprendidas por amor al cine de este personaje entrañable e imprescindible en la historia del arte de las imágenes en movimiento.

Igualmente trascendente es la labor desarrollada por Manuel Martínez Carril en la Cinemateca Uruguaya, en la cual se conserva, gracias al tesón de este enamorado del cine, una de las mayores y mejor conservadas colecciones de este continente.

Estos ejemplos se repiten alrededor de todo el mundo, desde Nueva Zelanda hasta Pekín, desde Ciudad México hasta Berlín, en una sucesión de héroes que mantienen el patrimonio fílmico actualizado gracias a sus búsquedas, que cada cierto tiempo rescatan del olvido y la desaparición una que otra película.

Martin Scorsese alertaba sobre la pérdida del 90% del cine mudo norteamericano, una tragedia en toda regla. Estos casos irrecuperables donde desaparecen filmes se dan en países en los que existe una cierta preocupación y que cuentan con una buena cantidad de recursos, así que no tenemos que forzar nuestra imaginación cuando pensamos en naciones con menos recursos y atención sobre este patrimonio.

Hay que notar que estamos en una batalla contra el tiempo, cada día que pasa desaparecen varias obras o están en peligro de desaparecer, pues los soportes donde están almacenados, el celuloide, son frágiles y muchas veces no en las mejores condiciones.

La importancia de evitar la pérdida de esas obras fílmicas está en que reflejan, con estilizada precisión, las costumbres, las palabras y la visión de determinados períodos, son documentos históricos necesarios para los estudiosos de las diversas disciplinas sociales y científicas.

Nuestro país cuenta con instituciones que están llamadas a conservar estos patrimonios fílmicos, como son la Cinemateca Dominicana y el Archivo General de La Nación, entre otros, que desarrollan una labor encomiable y titánica en el proceso de evitar la desaparición de nuestras obras cinematográficas.

Una de las labores a desarrollar por la Dirección General de Cine, DGCINE, en conjunto con la Cinemateca como organismo guardián de las copias de los filmes realizados en nuestro país, es concientizar a los productores para que no vean el proceso de depositar sus obras como un gasto, en todo caso como un mecanismo de preservación de las mismas.

Hace pocos días recibimos la feliz noticia de la asignación de una buena cantidad de recursos para rescatar y preservar la colección en celuloide Memoria Fílmica 1952-1980 que descansa en el Archivo General de la Nación y que contiene en gran parte el material filmado desde La Voz Dominicana hasta Radio Televisión Dominicana.

Aunque muchos den por perdida La Silla (1963) proyecto de Camilo Carrau, Franklin Domínguez y Clark Johnson, dado que la única copia conocida está inservible, se continúa investigando pues se tiene noticias de que posiblemente exista otra copia, lo que hasta ahora no se ha confirmado.

Con el respaldo de la Ley de Cine y de las autoridades cinematográficas dominicanas, encabezadas por el organismo rector, La Dirección General de Cine, DGCINE, se debe encaminar un proceso que haga énfasis en la política de conservar en condiciones adecuadas el cine producido en nuestras tierras y aumentar la provisión de fondos para este apartado.

Se puede acudir, dada la escasez de personal especializado en la conservación audiovisual, a los organismos internacionales como la Unesco o la Federación Internacional de Archivos Fílmicos –FIAF- para la formación de estos especialistas.

El requerimiento de los recursos humanos y tecnológicos para mantener en buen estado las películas producidas en cada nación es alto, pero es una inversión necesaria para quienes apuestan por ello.

La cinematografía es un patrimonio de la humanidad que expresa sus alegrías, sus tristezas y las realizaciones más altas del espíritu humano. Conservar estos filmes es apostar a mantener vigente la visión social y creativa de nuestra sociedad.

Trailer – LA LLEGADA DEL TREN A LA ESTACION – 1895 – Hermanos Lumiere

Trailer – ASALTO Y ROBO AL TREN – 1903 – Edwin S. Porter

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