Opinión

Mediante resoluciones el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, tomó la decisión de cerrar las operaciones de tres empresas extractoras de agregados ubicadas en el municipio de Imbert, Puerto Plata. Es una acción a la que es saludable prestarle atención por sus eventuales implicaciones legales y económicas, pero también, a que podría ser interpretada como una ausencia de política del Gobierno en este sector. Además, por haber sido adoptada esa decisión en un ambiente matizado por la presión de grupos de la zona que alegan que esas actividades son las responsables de la reducción de caudal del río Bajabonico, aunque no aportan la base científica que lo justifique.

Nuestra opinión es que Medio Ambiente no debe actuar por presión, y que ante cualquier denuncia debe hacerlo con cautela, cumpliendo con todos los protocolos de evaluación que son aplicables a actividades de este género, sin dejar de ponderar las posibles acciones de mitigación o remediación de impactos, y que las medidas respondan exclusivamente al marco jurídico y las normativas que rigen el sector medio ambiente y recursos naturales del país, evitando así que se entronice el fundamentalismo ambiental en cada una de las actividades productivas de la nación.

La experiencia enseña que reabrir cualquier operación minera es difícil, y que hacerlo es exponerse a todo tipo de cuestionamientos. Pregunto, ¿cómo se les bajaría la bandera de la victoria a esos grupos de presión?. En el ejercicio de una función pública, vinculada a estas actividades, siempre hay que tener presente que un cierre se lleva a cabo solo cuando no existen otras alternativas. Acudir al Principio Precautorio establecido en el artículo 8 de la Ley 64-00 sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales, es la herramienta más apropiada, porque no representa un cierre definitivo, para dilucidar situaciones donde no se tiene una certeza científica, tal y como se le atribuye a la minería de agregados de origen sedimentario la causante de la reducción de los caudales de las fuentes fluviales.

En el ánimo de que a futuro sean corregidas debilidades, tenemos que decir, que cuando se asumen decisiones de esa naturaleza es necesario que las dudas queden totalmente despejadas, más aun, en un sector sensible que de forma reiterada es blanco de severas críticas. Recurrir al concepto de daños a la naturaleza como una de las causas del cierre de estas tres granceras lleva a la confusión, por ser un concepto muy amplio que carece de fortaleza cuando cada uno de los daños no son especificados y verificables, permitiendo que esa decisión pueda ser atacable en los escenarios donde regularmente se ventilan situaciones como esta. Se tiene que hacer esfuerzos para evitar caer en contradicciones o indefiniciones como las contenidas en esas decisiones.

En la toma de decisiones debe tenerse plena conciencia de cómo sus efectos pueden irradiarse. En este caso el propio Medio Ambiente queda afectado, al asegurar como una segunda causa para estos cierres el hecho de que estas operaciones no contaban con los necesarios permisos ambientales, con cuyo argumento se auto incrimina por ser ésta la institución responsable de velar para que esto no ocurra.

El río Bajabonico hace años que ha venido reduciendo su caudal por la sobre sedimentación, resultado de la disminución de la cobertura boscosa por labores agrícolas y de pastoreo en la parte altas de las diferentes subcuencas que lo alimentan, degenerando en una baja infiltración y en un aumento de tasa de erosión. No es por las extracciones de agregados que este río a perdido su caudal, y para comprobar esto solo hay que ir aguas arriba de donde extraen agregados esas granceras para apreciar que la situación es la misma.

Con el cierre de estas granceras la provincia de Puerto Plata va a tener serias dificultades para abastecerse de agregados, y un aumento en los precios, ya que las otras fuentes próximas eran la de las inmediaciones del río Yasica, cerca de Sosua, que también están paralizadas por otras denuncias de personas que han elevado un recurso de amparo ante el Tribunal Superior Administrativo, buscando que estas extracciones sean detenidas de manera definitiva.

Las Lavas y Navarrete, las dos zonas de mayor extracción de agregados para Santiago, con un gran pasivo ambiental de largos años, sería el lugar de donde se supliría Puerto Plata, pues Moca, que es la otra provincia colindante, no cuenta con reservas para cubrir el mercado de agregados de Puerto Plata. Una opción seria la explotación de la Plataforma Marina, como están evaluando algunos países, pero todavía nosotros no estamos en esa etapa.

Las alternativas de agregados, de origen sedimentario, para el consumo de Puerto Plata son, principalmente, los aportados por los ríos Bajabonico y Yásica. En otras provincias, igual que en Puerto Plata, su única fuente de agregados son los cauces de los ríos.

Como en otras ocasiones, reitero, la canalización de los ríos del país ofrece un conjunto de ventajas. Estos procesos reducen la vulnerabilidad de asentamientos humanos y tierras agrícolas próximas a sus riveras a consecuencia de los desbordamientos, y disminuye la vulnerabilidad porque se mejora lo que se llama la sección del cauce, permitiendo así el tránsito de un mayor caudal. Otra ventaja es que parte de los agregados extraídos tienen un valor económico, recursos estos que perfectamente pueden destinarse para el manejo de las cuencas, como única manera de reducir la erosión, y con ello el volumen de sedimentos que llegan a los cauces de los ríos, que terminan sepultando sus caudales. Para la canalización lo que se necesita son proyectos ingenieril y ambientalmente diseñados y un seguimiento riguroso.

Es urgente un ordenamiento de este sector, con una base legal que responda al país de estos momentos y a su visión de futuro. La verdad indiscutible es que necesitamos los agregados para nuestro desarrollo, satanizar su explotación no va a conducirnos a nada, y echarle la culpa a las extracciones de agregados de la reducción de los caudales no responde a criterios científicos. Aquí tenemos ríos que nunca le han sacado una piedra y están secos o sus caudales están muy disminuidos.

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