Opinión

Los tratadistas y estudioso de los fenómenos migratorios han observado los desplazamientos poblacionales y los diferentes fenómenos que acontecen cuando un grupo humano se desplaza de un lugar a otro, sea por decisión propia ó forzados por causas ajenas a su voluntad.

Los traslados de poblaciones o grupos sociales se han clasificado en migraciones voluntarias y forzadas; la primera de estas, por lo regular no implica fuertes traumas a las personas, ya que es una decisión que toman por voluntad propia, ya sea buscando un sueño, un cambio de ambiente y por gusto.

El caso de las migraciones forzadas, por el contrario a la descrita anteriormente, si implican traumas a las persona o grupos que se ve en la obligación de dejar su habitad, para ir a residir en otro lugar, por lo regular en peores condiciones de las que vivía en su lugar de origen y teniendo que pasar por un proceso de adaptación que por lo regular toma tiempo.

Las migraciones forzosas pueden ser motivadas por diferentes razones, que van desde el enfrentamiento de grupos religiosos (en la actualidad 60,000 personas he salido de Siria hacia Turquía huyéndole al Estado Islámico EI), persecución política, guerras ó el caso que nos motiva a escribir este articulo, fenómenos naturales extremos que obligan a pobladores a salir de los lugares donde suelen desarrollar sus vidas; estos son los refugiados climáticos, desplazados del clima ó migrantes ambientales.

Los refugiados climáticos son aquellas personas que se ven en la obligación de dejar sus habitas por las secuelas dejadas por un fenómeno climatológico; estas personas se ven forzadas a vivir, de forma temporal o permanente, en zonas que son habilitadas, con condiciones mínimas para la vida, generando dificultad para la adaptación de los nuevos habitantes.

Según el Consejo Noruego para Refugiados (NCR), en el año 2013 unos 22 millones de personas fueron desplazadas de sus lugares de origen por fenómenos extremos de la naturaleza, cifra esta que triplica los desplazados por otros fenómenos como las guerras o discrepancias ideológicas; en la última década el mundo ha visto dos veces más desplazamientos humanos por fenómenos climáticos, que los que se vieron desde inicios de la década de los 70 hasta final de siglo pasado; desde la década de los 70 hasta el año 2000, la población ha crecido en un 96%, pero los desplazados climáticos se han incrementado en 200%; una prueba más de las consecuencias del cambio climático.

Solo en Filipinas, el tifón Haiyan obligó a desplazar unos 4 millones de personas, lo que concentra en este país poco más del 20% del total de desplazados en todo el mundo en el año 2013, pero esto no significa que los fenómenos naturales extremos son exclusividad de un territorio, ya que las consecuencias del cambio climático se manifiestan en todas las latitudes de la tierra, recordándonos el principio de la responsabilidad compartida, aunque diferenciada, de esta amenaza.

Día tras día vemos como personas viven en condiciones de vulnerabilidad, no importa el lugar de la tierra en que se encuentren; la semana recién pasada vimos como en Estados Unidos, personas se vieron afectadas y, obligadas a tomar acciones, por dos fenómenos que se podrían clasificar como, uno el antípoda del otro; nos referimos a las inundaciones que se desarrollaron en Memphis, estado de Tennessee, que obligó a muchos a dejar sus hogares, y la sequia que azota el estado de California, que se considera una de las peores de su historia, que llevó a las autoridades a declarar un estado de emergencia y racionalizar el usos del agua; esto contribuyo a que se produjeran incendios que terminaron por dejar sin hogares a mas de 1500 personas.

En el año 2013 se reportaron un total de 600 eventos climáticos extremos, repartidos en 119 países; esto nos indica que la naturaleza no tiene preferencias y que simplemente manifiesta su inconformidad ante el uso irracional que hemos estado dando a los recursos naturales, aunque es justo decir que los países que han tenido menor responsabilidad en las afectaciones del clima, son los que han tenido que pagar más caro ese uso irracional y los que tienen menos recursos para hacer frente a los procesos de mitigación y adaptación a este fenómeno.

Para dar una idea de lo antes expuesto, citamos el caso de los países insulares, (salvo escasas excepciones como Japón o Taiwán que exhiben una alta industrialización), que en su mayoría poseen un nivel bajo o medio de desarrollo, lo que a su vez representa bajos niveles de emisiones, que se traduce en poca incidencia en la provocación del cambio climático; estos países insulares son los que están enfrentando las consecuencias más extremas del clima.

No podemos dejar de citar la advertencia que nos hiciese Kofi Annan, quien fuera secretario general de las naciones unidas; en su visita a la República Dominicana, expresó no querer dejar esa posición sin venir a advertirnos lo que significaba el cambio climático y el reto que representa para nosotros el tener que crear las fortalezas para poder enfrentarlo.

Los dominicanos hemos sentido la fuerza de los desastres naturales y el desplazamiento de comunidades; las tormentas Olga Y Noel son una muestra de las consecuencias que estamos y seguiremos pagando por la alteración del clima. Esos fenómenos extremos provocaron la muerte de muchos seres humanos, el desplazamiento, temporal ó permanente, de comunidades y un costo de miles de millones en perdida de infraestructuras.

Hoy tenemos asentamientos humanos que surgieron como fruto de la consecución de fenómenos naturales extremos, algunos de ellos hicieron de los lugares a que fueron trasladados su habitad permanente y otros aun esperan ser reubicados, pero ambos casos constituyen ejemplos de poblaciones que llevan el nombre de refugiados climáticos.

En la III conferencia internacional de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID), realizada en Samoa, de 1 al 4 de este mes en curso, se demando que se considere la vulnerabilidad de estos países y que se creen incentivos para enfrentar las consecuencias del cambio climático, ya que algunos estados insulares han visto perderse hasta el 17% de PIB por efectos de fenómenos naturales extremos, mas no se propuso el establecimiento de la categoría legal de refugiado climático, ya que los países de mayor poder económico y mayor responsabilidad en el cambio climático, temen a que esta figura legal genere un éxodo que no puedan controlar.

La creación de este estatus implicaría la modificación de La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de Las Naciones Unidas (ONU), a lo que este organismo prefiere callar, ya que generaría una gran responsabilidad a los países ricos.

La realidad nos golpea en la cara y nos dice que hay un gran reto que enfrentar, ya que el calentamiento global, no tan solo nos esta golpeando, sino que lo seguirá haciendo y parte de sus consecuencias será el crecimiento de los refugiados climáticos, por lo que sería pertinente pensar en la revisión de nuestra legislación para dar una categoría legal, que genere cierta protección a los ciudadanos nuestro que pudiesen caer en esta situación y, prepararnos ante la posible llegada a nuestro territorio, de personas que se vean obligadas a dejar su país por razones climáticas.

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