Opinión

El presidente Barak Obama aprovechó la celebración del 69° período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas para concretar su estrategia político-militar centrada en degradar y finalmente destruir al intimidante grupo terrorista Estado Islámico y Levante cuyos combatientes operan en territorios de Irak y Siria.

A los jefes de Estado, de gobiernos y altos cargos representantes de los Estados miembros de la ONU, el líder estadounidense les dijo que no va a mandar tropas sobre el terreno porque no puede hacer por los iraquíes “lo que deberían hacer por sí mismos”.

El Premio Nóbel de la Paz dirigió con especial intención sus palabras a sus conciudadanos que lo premiaron dos veces con el influyente cargo de presidente de la República: “Quiero que el pueblo estadounidense entienda que este esfuerzo será diferente de las guerras en Irak y Afganistán”. Insistió una y otra vez que no implicará a tropas estadounidenses luchando en territorio extranjero.

La nueva estrategia—explicó—será más parecida a la utilizada por Estados unidos en Yemen y en Somalia, apoyada en ataques aéreos puntuales y el uso generalizado de aviones no tripulados (drones).

Durante su alocución en Naciones Unidas, Obama se empleó a fondo para persuadir a la atemorizada sociedad norteamericana y a la desconfiada comunidad internacional de que las operaciones militares serán diferentes a las guerras de Irán y Afganistán.

A los norteamericanos les asusta que su gobierno los involucre en guerras donde su poderoso ejército tenga bajas cuantiosas, como ocurrió en Vietnan, Irak y Afganistán.

A diferencia de George W. Bush que lanzó su mortífera ofensiva militar contra Irak y Afganistán sin procurar el consenso de Naciones Unidas, Barak Obama desplegó una intensa gestión diplomática para construir una poderosa coalición liderada por Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña y respaldada por la mayoría de Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas.

El mandatario presidió la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU y logró el voto unánime de la resolución que compromete a todas las naciones a las actividades terroristas del Estado Islámico de Irak y el Levante, del Frente Al- Nusra y de AlQaeda.

El Consejo de Seguridad lo integran cinco naciones con capacidad de vetar sus decisiones, estas son China, Francia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Federación Rusa y Estados Unidos. Lo completan diez miembros no permanentes (con derecho a voz y sin derecho a voto): Argentina, Australia, Chad, Chile, Jordania, Lituania, Luxemburgo, Nigeria, República de Corea y Ruanda.

Si Estados Unidos y los países aliados están bombardeando a los grupos terroristas desde aviones y drones, cuáles países mandarán tropas a pelear en esta guerra irregular?

Pienso que esa tarea estará a cargo de ejércitos privados, que son contratados para proveer personal militar altamente capacitado, entrenar soldados con estrictos métodos y disciplina castrenses, coordinar operaciones especiales de cualquier naturaleza y ofrecer servicios logísticos.

Las empresas militares privadas son más operativas que los ejércitos, más eficientes en los conflictos armados local y las bajas no se califican como la de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Actualmente se estima que más de tres mil empresas militares privadas ofrecen sus servicios en más de 60 países del mundo. Las principales corporaciones que trabajan a nivel mundial en este sector de la seguridad son Academi, principal contratista de Estados Unidos; G4S, es la compañía con mayor número de empleados del mundo con 620 mil; Defión Internacional, compañía con sede en Perú, también tiene oficinas en países como Emiratos Arabes e Irak; Aegis Defense Services, esta compañía ha participado en misiones militares en unos 40 países, contratada por 20 gobiernos e incluso por Naciones Unidas; Triple Canopy, DynCorp, disponía de sus propias fuerzas aéreas y participó en Colombia en operaciones contra el narcotráfico; Unity Resources Group, con sede en Dubai, entre otras.

El mercado de ejércitos privados, cuya materia prima son los “soldados de alquiler”, se disparó hasta convertirse en un negocio que mueve más de 100 mil millones de dólares. La industria militar privada presta sus servicios a gobiernos y empresas.

Los soldados de los ejércitos que van a la guerra están protegidos por normativas internacionales, no así los “soldados de alquiler”, que pelean en los conflictos bélicos por un jugoso salario.

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