Opinión

Sin lugar a dudas, una de las grandes transformaciones que se registran en la economía mundial se produce en el ámbito del comercio internacional, fruto del crecimiento de los intercambios mundiales de mercancías y la notable interdependencia económica entre las naciones. Desde una visión estrictamente económica, se puede afirmar que el comercio internacional muestra grandes cambios que se expresa en los flujos y variedades de bienes y servicios que se intercambia. No obstante, el desarrollo del intercambio de mercancías ha encontrado poderosos y variados obstáculos, entre lo que resaltan la defensa al libre comercio, el cual plantea la eliminación de todo tipos de barreras comerciales, y los abanderados del proteccionismo que sugieren la imposición de barreras comerciales justificadas en el marco de salvaguardar la producción nacional.

Ambos enfoques plantean las bondades que trae el comercio entre naciones, sin embargo, en la orientación de las políticas comerciales es que surgen las diferencias más controversiales ya que para la aplicación de las mismas se impone la capacidad de negociación en el cual hay que decidir si aplicar la teoría de “ganar ganar” mediante el cual las partes involucradas tienen vocación al entendimiento y ambas partes salen satisfechas, o por el otro, se aplica el “ganar perder” en el cual una parte logra obtener ventajas sobre la base de sacrificar a la otra parte que queda insatisfecha con el acuerdo final, ya que la interpreta como una especie de imposición, creando fuertes resistencias.

Los beneficios derivados del comercio internacional son incuantificables y tangibles, pero la asignatura pendiente son los desafíos de los costos económicos, medioambientales y sociales derivados del impacto que producen las transacciones de mercancías internacionales, esto así ya que el 98% del comercio internacional se realiza por la vía marítima, la menos contaminante, pero paradójicamente transporta el 95% de la mercancía cuya producción y extracción provoca la mayor contaminación en el lugar donde se generan.

Hay que poner de relieve que la composición del comercio internacional ha variado sustancialmente en las últimas tres décadas, expresado con el desplazamiento de los productos agrícolas, y el peso específico que vienen teniendo las exportaciones/importaciones de manufacturas, los automóviles, el petróleo, industria extractiva, el comercio de servicio y electrónico, el comercio intraindustrial e intrarregional. En adición, el progreso tecnológico ha replanteado el predominio de las grandes economías versus las economías emergentes, en el cual los países que componen el grupo de los BRIICS han venido a jugar un rol que descontinúa el patrón tradicional de intercambio de mercancías y donde el comercio electrónico ha cambiando el modelo de ese intercambio comercial y en el cual China tiene una cuota significativa de incidencia.

Es la realidad del comercio electrónico que ha impulsado una nueva modalidad comercial, que ha implicado un acceso de los consumidores a demandar bienes en un mercado relevante que es potencialmente infinito y con expansión ilimitada. Pues como se sabe, el comercio electrónico es el conjunto de transacciones comerciales y financieras realizadas por medios electrónicos, el cual ha conformado un sistema global que utiliza redes informáticas, en particular Internet, permitiendo así la creación de un mercado electrónico, operado por computadoras y redes, que a distancia, transa todo tipo de productos, servicios, tecnologías y bienes.

Pero es que el comercio electrónico introduce una innovación impensable en el comercio exterior, por un lado lo hace de manera directa en el cual tanto el pedido como el pago y el envío de los bienes intangibles o tangibles se producen on-line, en tanto, el comercio electrónico indirecto permite adquirir bienes tangibles que necesitan luego ser enviados físicamente, utilizando para ello los canales o vías tradicionales de distribución. Estas transacciones involucran a las entidades financieras ya que utilizan las tarjetas de créditos como medios de pagos para ejecutar las mismas.

Es así como el comercio electrónico tiene la capacidad de alterar radicalmente un gran número de actividades económicas, así como el entorno en el que tradicionalmente se desarrollan, ya que el consumidor puede obtener el producto de inmediato, a través de la red y pueden ser comercializados y distribuidos con gran facilidad y rapidez lo que permite eliminar intermediarios y gran parte de los costos asociados a la comercialización y distribución tradicional. Por estas razones no deben producirse ningún tipo de barreras u obstáculos ni pretender establecer objetivos recaudadores en tiempos de globalizacion. Esto es lo que define el perfil y tendencia del comercio internacional.

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