Opinión

En la actualidad en el mundo hay la idea de que asistimos a una reedición de la guerra fría, que se creía superada con el desplome de la URSS a principios de los 90.

En realidad el corazón de la guerra fría que conocimos, la cual se extendió desde la culminación de la Segunda Guerra Mundial hasta la desaparición de la URSS, fue la confrontación ideológica entre el capitalismo y el socialismo y las dos grandes superpotencias que regenteaban estos sistemas y esta lucha ideológica, y esto prácticamente dividió al mundo en dos mitades, siendo unos aliados de Estados Unidos y otros aliados de la URSS.

Y en el fondo lo que se debatía era cuál de los dos regímenes sociales era el mejor, el más potente, viable y útil al desarrollo social de la humanidad, cansada de tantos siglos de despojo, de alienación y de frustración.

En verdad en esa lucha a muerte entre los dos sistemas no se le prestó la debida importancia, por lo menos en el caso de un polo, al desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Precisamente es en el mundo capitalista, capitaneado por Estados Unidos, donde va a tener lugar el más espectacular desarrollo de la ciencia y de la tecnología, en el contexto del cual fue prohijada e impulsada la tercera revolución industrial en la historia de la humanidad, la revolución del conocimiento y de la información, la que de paso le abrió las puertas a la globalización.

Me permito hacer una digresión: los franceses hablan de mundialización, que la primera etapa de este proceso ocurrió en la segunda mitad del siglo XIX y la segunda etapa fue la que se inició a principios de los 80; pero no, en la segunda mitad del siglo XIX lo que hubo fue una internacionalización de la economía de mercado, y fue en la segunda etapa que se produjo la verdadera mundialización de la economía de mercado con el advenimiento de la globalización, que implica hegemonía mundial de este tipo de economía.

Y hay que recordar, además, que la más espléndida y grande época de oro la vivió el capitalismo de 1945 a 1973. Recordar también que fue el ejército estadounidense el que comenzó a desarrollar la tecnología de la internet al final de la Segunda Guerra Mundial, elemento o puntal clave en la gestación de la revolución del conocimiento y de la información.

La URSS, por el contrario, ideologizó y burocratizó el marxismo y descuidó el desarrollo de la ciencia y de la tecnología, y eso retrasó el desarrollo material de su economía, a tal punto que se vio privada de los necesarios índices de productividad para insertarse adecuadamente en términos competitivos en los canales del mundo de la globalización que estaba siendo estrenado desde principios de los 80, porque, además, distrajo enormes recursos para enfrentar a Estados Unidos en todas las guerras militares que se desarrollaron en la segunda mitad del siglo XX y también para disputarle a esta nación la conquista y hegemonía en el universo en la guerra aeroespacial que se materializó.

Hay que decir que la URSS llegó a tener en el contexto de la guerra fría, en determinados momentos de la segunda mitad del siglo XX, los más altos índices de dotación de capital físico por persona ocupada, situación ésta que dejó de ser la clave para conquistar la hegemonía en el mundo de la globalización, es decir, que la URSS estuvo imposibilitada para lograr los mejores índices de dinamismo, productividad, competitividad y crecimiento porque había descuidado el desarrollo de la ciencia y de la tecnología.

Sabido es que en la globalización el crecimiento y el desarrollo moderno se logran con conocimiento avanzado, tecnología de punta e innovación. Los países que tienen el monopolio del desarrollo de la ciencia, de la tecnología de punta y de la innovación son los que tienen la hegemonía en la globalización, ello implica en los mercados y en las relaciones internacionales y mundiales que ésta desencadena.

Los países capitalistas desarrollados y China Continental son los que tienen esa hegemonía. Y China Continental comparte y se disputa esa tecnología con las potencias capitalistas, sobre todo con Estados Unidos, porque tuvo la visión desde los 70 de impulsar el desarrollo de la economía de mercado en su inmenso territorio.

Mijail Gorbachov tuvo la visión de las reformas para tratar de modernizar a la URSS, pero cometió el error de ejecutar todas esas reformas simultáneamente, y realmente el proceso de reformas se le fue de las manos y concluyó en la involución histórica y social que todos conocemos.

Pero no obstante esa involución, que implicó el regreso al capitalismo, Rusia, el más grande país de la tierra, territorialmente hablando, y dotado de enormes riquezas naturales, sigue siendo una potencia; además, opera, sobre todo en la era de Vladimir Putin, bajo las reminiscencias del pasado socialista que tiene esta gran nación. Rusia, igual que China Continental, es miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.

Putin, pero la reedición de la guerra fría en el contexto de la globalización bajo otros matices y colores, no obedece al hecho de que “no se firmara la pipa de la paz” al terminar la gran guerra fría del siglo pasado, sino a que a las grandes potencias tienen intereses disímiles aún cuando se bañen y converjan en los mismos manantiales del capitalismo.

Porque ocurre que los motivos que hay para que se esté desarrollando esta nueva modalidad de guerra fría no son predominantemente ideológicos, sino económicos, políticos, culturales y de otra índole.

Y esa guerra fría se advierte de manera ostensible en el conflicto abierto que tienen Estados Unidos y Rusia en cuyo epicentro está la problemática de la republica de Ucrania, antiguo miembro de la URSS pero que se independizó a partir del desplome de ésta. En fin, esa guerra fría está abierta y presente en todos los puntos de conflicto o de conflagración que hay en el mundo actualmente: en Siria, en Irak, en Irán, en Afganistán, en la confrontación con el Estado Islámico y en el conflicto entre Israel y Palestina.

Pero es parte de esa guerra fría también el derribo a mansalva del avión, que procedía de Holanda, en territorio ucranio y donde murieron carbonizados cientos de pasajeros que no tenían nada que ver con ese conflicto entre Rusia y Estados Unidos. Y hay que señalar también, como expresión de esta nueva modalidad de guerra fría, el avión desaparecido misteriosamente que procedía de Malasia.

¿Y adónde fue a parar ese avión desaparecido, porque el mismo no se lo tragó el océano, o fue la tierra que se lo tragó incluyendo los cientos de pasajeros que iban en él? ¡Esta misteriosa desaparición se ha diluido o evaporado en un misterioso enigma que ninguna potencia ha querido descifrar ni interpretar su tenebroso lenguaje o sus sombríos y pavorosos códigos!

Si esta nueva modalidad de guerra fría estuviera inspirada en motivos para que unas potencias sirvieran de contrapeso frente a las otras en la búsqueda del bien y la neutralización del mal fuera positiva, pero todo indica, por el contrario, que está inspirada en propósitos o fines expansionistas o imperialistas y en resentimientos acumulados.

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