Opinión

Durante el mes de octubre de cada año miles de personas se desplazan hacia el campo para plantar millones de arbolitos, aprovechando la celebración del Mes de la Reforestación y la buena distribución de las lluvias que se producen durante este período.

Octubre, Mes de la Reforestación, fue instituido en el 1997, el mismo año que fue creado el Plan Nacional Quisqueya Verde, ahora perteneciente al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

La reforestación es una actividad que realizan hombres y mujeres organizados en brigadas en toda la geografía nacional, durante los 365 días que tiene el año, ya que el acto mismo de plantar arbolitos con los voluntarios implica la preparación del terreno, luego el mantenimiento y protección contra animales e incendios de las plantas.

Los grupos de personas que participan en las jornadas de reforestación pertenecen a instituciones públicas y privadas de diversos sectores, ONGs, escuelas, colegios, universidades, bancos, embajadas y organismos internacionales, entre otros; que son llevadas a lugares específicos, previa coordinación y organización del viceministerio de Recursos Forestales del Ministerio de Medioambiente, donde se le guarda el terreno preparado, los arbolitos y la orientación precisa de la reforestación, teniendo las instituciones solo que gestionar transporte y refrigerios para los participantes en las jornadas.

Cada jornada de reforestación con voluntarios ofrece grandes beneficios para el país y el grupo colaborador, que podemos calificar como productivo, educativo y lúdico.

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Productivo, porque en cada jornada de reforestación se siembran miles de árboles en las principales cuencas hidrográficas que, sumado al trabajo permanente que realizan las brigadas a nivel nacional, alcanzan a millones de árboles plantados, que al cabo de los años se convierten en bosques con valores económicos y ambientales cuantiosos por todos los beneficios que ofrecen para las hidroeléctricas, acueductos, canales de riego y la agricultura.

Educativo, debido a que los participantes se informan, conocen qué es la reforestación, dónde, cómo, con quiénes y cuándo se reforesta, ya que se vive la experiencia de responder a esas interrogantes de manera participativa; además de fomentar la responsabilidad social individual y corporativa.

Lúdico por lo placentero de la actividad, ya que constituye un acto de amor, de contemplación de la belleza escénica, de ejercitación física y espiritual y de goce por una labor que redunda en beneficio para el país.

En síntesis, las jornadas de reforestación constituyen una fiesta nacional y un deleite para el cuerpo y el alma de los partícipes en un espacio natural; lo que se expresa cada mes de octubre cuando se suman cada vez más instituciones y cuando los que ya han vivido la experiencia retornan con sus familiares, amigos o compañeros de trabajo para volver a vivir la altruista aventura de reforestar.

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