Editorial

El Partido de la Liberación Dominicana nació con los guantes puestos. Y se ha levantado con la disciplina y el espíritu unitario que le permiten mostrar la fortaleza de una organización coronada por el éxito, logrado de la mano del pueblo dominicano que le ha depositado su confianza en sucesivas contiendas electorales ganadas en forma mayoritaria y libérrima.

Cuando el profesor Juan Bosch tomó la firme decisión de fundar al PLD, lo hizo convencido de que el pueblo precisaba de una organización capaz de provocar profundas reformas, a partir de un Estado eficiente y moderno, en condiciones de propiciar y poner en marcha políticas públicas dirigidas a combatir la pobreza y la desigualdad.

Pero del mismo modo, su mentor y líder histórico estaba plenamente consciente de que en el camino hacia esos patrióticos objetivos, el PLD encontraría permanentes nubarrones y pedregosos senderos, que sólo podrían ser sorteados por una entidad con el sustento del conocimiento comprometido, la disciplina y la unidad como espíritu de cuerpo.

La historia reciente, recogida en hechos irrefutables, han mostrado al país y al mundo que el PLD ha ido cumpliendo con esos objetivos trazados desde su fundación, al ritmo que le ha permitido el ir derribando previsibles obstáculos con la destreza de un liderazgo visionario y firme pero igualmente mesurado y conciliador, como lo han demandado las circunstancias.

En la actualidad, el PLD está sometido a una descomunal y despiadada campaña de descrédito, dirigida ya sin ningún tipo de dudas a sacarlo del poder. Y el objetivo no es otro que detener el proceso de reformas estructurales iniciados en el 1996 que ha llevado a la República Dominicana a colocarse entre las naciones con óptimos niveles de modernidad y desarrollo, en permanente proceso de consolidación de sus instituciones y con envidiable paz social y política, fruto del mantenimiento de un clima de estabilidad con crecimiento económico y el respeto pleno al estado de derecho.

Los enemigos del Partido de la Liberación Dominicana han propiciado toda suerte de maniobras en busca de restarle color y brillo al partido morado de la estrella amarilla. Pero han encontrando a su paso la fortaleza de una entidad que ha mostrado sus dotes de legítima representante del pueblo desde la trinchera de una oposición firme y proactiva, como desde las instancias del poder con resultados irrefutablemente beneficiosos para nuestra nación, como lo demuestra su firme posicionamiento al más alto nivel de la estima pública en el sistema de partidos políticos dominicanos.

Vanguardia del Pueblo advierte, sin embargo, que quienes pretenden y propician socavar la unidad del PLD, como parte de esa febril campaña de descrédito, recurriendo a la intriga abierta y solapada o a las triquiñuelas electoreras, han encontrado y seguirán encontrando la misma respuesta de un partido decente, trabajador y unificado, pero con la fortaleza y la disposición de defender su integridad y patriótico proyecto de nación, para lo cual desde su nacimiento ha tenido y mantenido en alto los guantes muy bien puestos.

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