Hablan los hechos

Muy temprano comenzaron los aprestos para tratar de sacar del poder al Partido de la Liberación Dominicana.
El laborantismo arrojó sus primeros efluvios aun antes de que Leonel Fernández descendiera las escalinatas del Palacio Nacional, para dejar instalado a su compañero y amigo Danilo Medina.

Los sectores contrarios a la organización que fundara Juan Bosch, a sus ideales de redención y justicia para los tradicionalmente marginados no han parado nunca.


Uno de los recursos utilizados en primera instancia para pretender distanciar al liderazgo peledeista, fue el relativo a las inversiones públicas del gobierno precedente, como el Metro de Santo Domingo, las autopistas, carreteras, avenidas, túneles y elevados… y los compromisos asumidos para su realización.

Confundir maliciosamente los términos de la economía, trastocando su significado, llevó a convertir déficit fiscal en desfalco al erario y a propalar que el endeudamiento había sobrepasado todos los límites de la prudencia, aunque los organismos crediticios internacionales y las calificadoras de riesgo afirmaban todo lo contrario.
Lo que se pretendía en el fondo, y en la superficie, era evitar que el PLD, en esta ocasión con Danilo Medina, siguiera gobernando. Pero fueron desenmascarados.

No obstante, a la campaña del déficit fiscal abultado y el desaforado endeudamiento, siguió una jornada mediática con ribetes de lucha anti corrupción, tan mal disimulada que sólo ha merecido la indiferencia de una población ávida de que se tomen decisiones sobre temas como la inequidad social que esos santos sectores se niegan a discutir, mientras en el Partido Morado se habla de intensificar el giro hacia el pueblo.


El país ha estado transitando un camino de crecimiento y estabilidad económica en democracia bajo la conducción del PLD, que deberá acentuarse en el empeño de lograr una mejor redistribución de las riquezas nacionales, que lleve bienestar a todos los sectores sociales.

Las administraciones peledeistas han pasado satisfactoriamente las evaluaciones del Fondo Monetario Internacional y demás organismos multilaterales, aunque no siempre se ha estado de acuerdo con sus recomendaciones, que en ocasiones han sido obviadas a favor de la población.

Los datos del sostenido crecimiento son la mejor demostración de lo acertado de las inversiones realizadas en su momento por el gobierno que encabezara el presidente del PLD, y que se pretendieron satanizar, precisamente por su positiva incidencia en el triunfo del mandatario mejor valorado de América Latina, Danilo Medina.

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Quienes evalúan con entusiasmo la actual gestión peledeista, deberían percatarse de que hoy no tuviesen la oportunidad de disfrutar sus ejecutorias, y en cambio estarían llorando los desaciertos inherentes a un “proyecto político” que sólo ha sabido prodigar fracasos y sinsabores, si se hubiese prestado atención a quienes objetaban las inversiones públicas y el manejo de la economía.

Tampoco deberían olvidar que todavía el país no acaba de recuperarse de los desaciertos de la última experiencia opositora, pese a que ya han pasado diez años de sana administración peledeista, y en presupuesto nacional hay que consignar una partida multimillonaria para cubrir el boquete dejado en las finanzas públicas por las quiebras bancarias y su pésimo manejo por el gobierno de Hipólito Mejía.

Datos de una eficiente gestión

Tras el desastre anterior, la administración Fernández reorientó la inversión pública hacia el gasto social, privilegiando la educación y la salud pública. La economía creció un promedio anual de 8%, la inflación fue inferior a dos dígitos con una tasa promedio de 5.9% y la tasa de cambio se mantuvo estable.


Entre el 1999 y el año 2000, la actividad económica, medida por el Producto Interno Bruto (PIB), tuvo un crecimiento real de 10.8%. En la banca comercial, la tasa de interés promedio real descendió de 24.2% en septiembre de 1996, a 18.9% en diciembre de 1998, lo que estimuló el aumento de la cartera de préstamos.

Es innegable que los cuatro años precedentes al periodo actual, estuvieron basados fundamentalmente en el manejo eficaz de la economía, construcción de grandes obras de infraestructura en servicio, y sólidas relaciones internacionales vinculadas a un esquema global, potenciador de la economía y de las posibilidades de desarrollo en todos los órdenes, junto con iniciativas para el fortalecimiento institucional del país.

La nación mantuvo la estabilidad y el crecimiento con inflación controlada en medio de una crisis mundial sin precedentes, algo imperdonable para los opositores, pese los múltiples reconocimientos internacionales que suscitó.


En ese tercer mandato también se logró la aprobación de una sustancial reforma a la Constitución de la República, proclamada el 26 de enero del 2010, en la cual se destaca nuestra definición como un Estado Social y Democrático de Derecho, basado en el respeto de la dignidad humana, los derechos fundamentales, el trabajo, la soberanía popular y la separación e independencia de los poderes públicos (artículo 7).

Un liderazgo unido y disciplinado

Reiteradamente se ha estado buscando distanciar al liderazgo peledeista en una siniestra campaña pulverizada por la fortaleza del PLD, y la responsabilidad de una dirigencia política comprometida con los mejores intereses nacionales y con el legado del profesor Juan Bosch.

Evidentemente, el PLD reúne todas las condiciones para seguir muy arriba en la estima popular, tal como lo muestran hasta las mediciones patrocinadas por desafectos.


La más reciente muestra de la fortaleza unitaria del PLD, acaba de ofrecerla el Presidente del PLD en los salones de la Organización de Estados Americanos –OEA-, donde puso los puntos sobre las íes en una extraordinaria y bien fundamentada defensa de la soberanía nacional que apuntala la posición del gobierno y el Estado dominicano en el tema migratorio, frente a las pretensiones transnacionales contrarias a la República Dominicana.

Vanguardia del pueblo ha recogido opiniones dirigentes como Rafael Alburquerque, Franklin Almeyda, Radhamés Camacho, la presidenta del Senado, Cristina Lizardo, el secretario general Reynaldo Pared Pérez, Bautista Rojas, Francisco Javier García y peledeistas de todos los niveles, para quienes la unidad es fundamental no sólo para el PLD, sino para el presente y futuro del país.

Sus opiniones son la mejor demostración de que pierden su tiempo quienes pretenden debilitar el posicionamiento del PLD mediante la sedición estratégicamente disfrazada de nobles causas nacionales.

La conciencia de la población, alertada ya de los planes en marcha asegura la fortaleza del Partido, la buena gestión del presidente Medina y de su antecesor, apuntalan al PLD como prácticamente imbatible, como indican todas las encuestas a 19 meses de las elecciones del 2016.

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