Opinión

En nuestra columna anterior anunciamos que trataríamos sobre la conferencia que dictó en la OEA el compañero Leonel Fernández Reyna, expresidente de la República y presidente del Partido de la Liberación Dominicana, en la cual desmontó en forma incuestionable e imbatible esa campaña injusta, agresiva e irrespetuosa que se ha puesto en ejecución, con más violencia que nunca, contra la independencia, soberanía y dignidad del pueblo dominicano, organizado en la República fundada por Juan Pablo Duarte y sus compañeros el 27 de febrero de 1844.

Leonel, para orgullo y honra de los dominicanos, actuó con la responsabilidad y valentía con que debemos actuar todos los políticos dominicanos, estemos ejerciendo o no funciones públicas, porque los sicarios intelectuales, capitanes de la infamia, disfrazados de periodistas, columnistas, pseudos abogados sin haber ejercido nunca la profesión, el mandato que tienen de sus patrocinadores, que bien les pagan, es no dejarnos un minuto de tranquilidad.

Leonel dijo en la OEA, el 13 de noviembre del presente año, que: “el Estado Dominicano está impedido de acoger la decisión de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, dictada por el apéndice que lleva el nombre de Comisión de los Derechos Humanos”. Y explica, en detalles, sobre la base de fundamentos jurídicos y de principios que tienen validez internacional, que esos criterios están consagrados en su artículo I en el Convenio de La Haya en 1930, cuando señala que: “Cada Estado determinará en su ley interna quiénes son sus nacionales. Esta ley deberá ser reconocida por otros Estados mientras sean consistentes en las convenciones internacionales”… Justificando y defendiendo las disposiciones del Tribunal Constitucional de la República Dominicana, en la sentencia dictada por dicho tribunal conocida con el nombre de 168-13.

Entonces preguntamos de nuevo: ¿y ahora qué?, como titulamos en nuestra columna anterior, ahora el embajador dominicano ante el gobierno de los Estados Unidos en Washington, Aníbal de Castro, ha acusado a la Fundación Kennedy de patrocinar esa campaña contra nuestro pueblo haciendo público “la descarada vehemencia rayana en animosidad”, que se manifiesta particularmente en un artículo escrito por Santiago Cantón, miembro del Robert F. Kennedy Center, en el periódico diario español El País. Valiente y responsable la actitud de nuestro embajador, como están obligados a hacerlo otros funcionarios diplomáticos dominicanos en todos los países de Europa, particularmente en Francia y aquí en América, Estados Unidos y Canadá.

Hay que ver ahora en qué dirección camina esta campaña auspiciada realmente entre otras instituciones estadounidenses por la USAID, que es el instrumento de difamación y vejación de los organismos de seguridad y de otra naturaleza del gobierno de Estados Unidos de América. A esta campaña se incorporan ahora Desmond Tutu, obispo africano, premio Nobel de la Paz, amigo y defensor de Cuba, y la actriz Angelina Jolie, atractiva figura del arte cinematográfico, que visitó nuestro país, y lo suficientemente inteligente para haberse dado cuenta que aquí no existe la discriminación racial y que, en términos políticos somos una nación formalmente organizada como un Estado republicano. “La pelea es peleando”, y en ella estamos y seguiremos como hijos verdaderos de este pueblo “Legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

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