Opinión

Desde que en el año 2000 la reserva federal de USA aplicó política monetaria expansiva en exceso, fruto de la explosión de la denominada burbuja especulativa punto com, cuyos resultados se expresaron con una drástica caída en las tasas de interés al pasar de un 6% en el 2001 hasta un sorprendente 1.08% para el 2004 permitiendo una flexibilidad de acceso al crédito, los mercados financieros entraron en una fase acelerada de volatilidad que no ha sido controlada, pero a su vez, se han convertido en los vasos comunicantes por donde penetran las crisis financieras a los diferentes mercados internacionales.

La ingeniería financiera ha introducido múltiples instrumentos que han invadido los diferentes mercados y con ello se ha incrementado la vulnerabilidad e inestabilidad en los diferentes países, provocando que los mercados financieros operen con altos niveles de riesgos. Durante el periodo 2004-2006 en USA se produjo un fenómeno extraño en el sentido de que las tasas de interés registraban alzas desmedidas, en tanto, que los precios de las hipotecas entraron en una fase hacia la baja, lo que en la práctica se traducía en un incremento de la incapacidad de pago que impactó de manera negativa en las instituciones financieras de USA.

La mayor repercusión de tal situación se expresó en septiembre del 2008 cuando las emblemáticas hipotecarias Fannie Mac y Freddie Mac recurrieron al rescate por parte del gobierno de EE.UU, pero que se sobredimensionó cuando los mercados financieros fueron sorprendidos con la quiebra de los gigantes Lehman brothers y Merrill Lynch, así como el rescate por el orden de US$180 mil millones a la aseguradora AIG. Ante tal situación los mercados de dinero y de crédito se congelaron e impulsaron un ambiente de riesgo total en las operaciones financieras.

Posterior a la crisis financiera del 2008 se ha puesto en evidencia que la desregulación financiera predominante desde mediados de los 80s, opera en un ambiente de alta volatilidad donde todo tipo de operaciones tienen riesgos inherentes que ponen en juego la estabilidad financiera mundial. En adición, se está ante la presencia de una globalización de los mercados financieros que encuentra su ancla de crecimiento en la década de los 90s con una impresionante expansión de los flujos internacionales de capital que abarca suma de inversiones directas, inversiones de cartera, préstamos, depósitos y un impresionante mercado de deuda soberana cuya sumatoria explica la presencia de un mercado financiero que transita por la vía del riesgo y efecto contagio.

Es en ese contexto que desde el 2009, en Grecia se destapó la denominada crisis de la deuda soberana fruto del financiamiento presupuestario con grandes emisiones de deuda pública, situación que tuvo sus orígenes en los grandes déficits fiscales como resultado de la incapacidad de recaudar impuestos por parte del gobierno, a lo que se agregó que se ocultaba el valor de la deuda, cuya relación deuda/PIB fue de un 142%, mediante trucos contables y la ingeniería financiera de los instrumentos de derivados.

Es tal situación que afianza el mercado internacional de bonos impulsado por la emisión de deuda soberana en los diferentes mercados financieros, pero al mismo tiempo hace de estos la incubación perfecta de los riesgos. Para que se tenga una idea de la importancia del mercado internacional de bonos, solo hay que observar que para el 2011 el monto de bonos en circulación alcanzó la respetable suma de 95 billones de dólares, de los cuales el 43% correspondían a emisiones soberanas, al cierre del 2014 se colocó en US$148,9 billones, siendo el 57,8% de origen gubernamental, lo que muestra que los países se están fondeando en este mercado sin observar los riesgos implícitos en el mediano plazo.

Con la finalidad de satisfacer las necesidades financieras en el marco de las leyes y reglas constitucionales de cada país, los genios de las finanzas han impulsado innovaciones de bonos soberanos, bonos samurái, bonos extranjeros o foreign bonds, donde la trampa de esas genialidades financieras está atrayendo a muchos países para cambiar su perfil de deuda y donde los fondos buitres venden el mejor encanto. Recientemente la Rep. Dom. incurrió en un cambio de su perfil de deuda al negociar el monto de US$4,027 millones acumulada con PDVSA, por el pago de US$1,933 millones, donde una ojeada simple aparenta una gran ventaja para el país.

Pero una mirada fría y una reflexión profunda con la matemática financiera como instrumento nos permite determinar que nada de eso ha ocurrido ya que si repasamos el valor del dinero en el tiempo llegamos a la conclusión de que el monto pagado hoy es equivalente o mayor a lo que se pagaría en e1 2038, que se cambió una deuda generada en el marco de un acuerdo de cooperación a tasa de interés de 1%, en el largo plazo, por una deuda en el mercado de bonos sustentada en una emisión de bonos de US$2,500 millones y cupón de 6.85% a menor plazo, agregándose el riesgo con esta operación, y eso no es ventaja ni aquí ni en Burundi.

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