Opinión

China es una nación admirable por razones histórica, política, tradición cultural, su economía, con orientación de política keynesiana y transición gradual hacia el mercado. Su inmensa densidad población no ha sido obstáculo para diseñar y ejecutar una política efectiva de reducción de la pobreza, que impulsa la mitigación de la desigualdad, medido por el denominado coeficiente de Gini, la cual se contrae de un 0,64 en 1993 a 0,53 en el primer semestre del 2015, esto es, que mientras más cercano a cero más disminuye. Pero es que el impacto en la reducción de la desigualdad ha sido generado por el rápido crecimiento del PIB, ya que ha superado al resto del mundo, en el desempeño de la economía, al lograr un 9.7% en promedio durante 2004-2014.

La economía de China ha logrado repuntar de manera contundente en la economía mundial como resultado de su gran inclinación a impulsar el desarrollo de la industria y la tecnología colocándose en ambos casos en un lugar privilegiado. Esto así ya que siendo el país con la mayor población del mundo, 1.367 millones, tiene una parte muy significativa que utiliza la tecnología como modus operante, como es el caso de que alrededor de 682 millones son usuarios del Internet, 775 millones utilizan múltiples dispositivos inteligentes, a finales del 2014, capaces de promover más de 300 billones de ventas online, cuya facturación promedio es 6,000 millones de dólares en un día. En adición, utilizan los buscadores más de 5 mil millones diario y más de 632 millones de usuarios que emiten mensajerías instantáneas, cuya finalidad es promover comercio electrónico.

A partir del año 2004 China logró su mayor esplendor en el crecimiento del PIB al llegar a un 9,5%, impulsado por el incremento de un 35% en sus exportaciones y una demanda en el consumo de petróleo de 6,45 millones de barriles diario, lo que en la práctica fue superior al 5,4% de la demanda que alcanzaba Japón, lo que unido a las exportaciones de mercancías por valor de $593,400 millones de dólares, con una apreciable distancia de los 565,500 millones que registraba Japón, es tal realidad que para ese entonces consolidaba al gigante asiático como una de las economías más fuertes del mundo, la cual pasó en 2010 a Japón como segunda potencia económica mundial después de EEUU, con 5,1% de la producción mundial frente al 1,4% en 2005, al tiempo que exhibía ser el mayor exportador mundial en 2010, en plena crisis financiera mundial.

La penetración de China como potencia económica mundial es el resultado de un crecimiento promedio sostenido durante el período 1990-2003, 9,4%, el cual superó a los países desarrollados, 2,1%, y a los países en vía de desarrollo, 2,3%. Este panorama se sustenta en que China se ha convertido desde entonces en el segundo demandante de petróleo a nivel mundial, así como ser la tercera potencia exportadora, el primer socio comercial de Japón y el segundo de EEUU, lo que demuestra la gran importancia de su economía en el mundo, a lo que se agrega que es el responsable del 30% del consumo mundial de carbón, acero, arroz, algodón, así como del 20% del consumo de aluminio, trigo y platino, por igual es el mayor productor de acero, cobre, cemento, y en la producción agrícola e industrial supera a EEUU.

En el aspecto fiscal y financiero, al cierre del 2014 la deuda acumulada de China ascendía a $26 billones de dólares, lo que ha sido uno de los factores de riesgo más significativos que llama la atención de la comunidad financiera internacional por su impacto en los mercados financieros, además porque este país adquiere activos financieros en países desarrollados, como es el caso de la compra de deuda de EEUU, 1,15 billones de dólares de deuda, acumula 3,05 billones de dólares de reservas internacionales y ha sido el mayor inversor, 15%, en la facilidad europea para estabilidad financiera. Es por tal razón que la pregunta más frecuente en los mercados financieros internacionales es, ¿qué pasaría si China revirtiera toda la deuda que tiene de EEUU en el mercado, o dejara de comprar? Y la respuesta más consensuada es que sería catastrófico para la economía mundial.

En la actualidad se pondera el hecho de que China ha tenido un rápido crecimiento del PIB durante tres décadas, aunque en el primer semestre del 2015 ha registrado una contracción inusual, 2,5%, que ha puesto en alerta a la economía mundial, en tanto se proyecta que para final de año terminaría con un crecimiento económico de un 7,7%, impulsado básicamente por el comercio exterior con un superávit comercial de $36,000 millones, lo que le garantiza disponer de una de las mayores reservas de divisas, para la cual las autoridades económicas han promovido fuertes devaluaciones del yuan frente al dólar de USA, con ejecución de reformas estructurales gradual con el objetivo de impulsar la competitividad de sus empresas y beneficiar las exportaciones y una política económica creíble. A pesar de estar creciendo por encima de todas las economías, esa ligera desaceleración ha puesto en duda el milagro chino e impactado en los mercados de capitales.

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