Opinión

En esta última entrega de esta serie, veremos a grosso modo la situación contemporánea del liberalismo, para enfatizar en la crisis económica profunda, que ha traído el desprestigio al sistema democrático, perdiendo legitimación ante la ciudadanía, generando desconfianza en la política y un gravísimo cuestionamiento a los partidos políticos, que amenaza seriamente la estabilidad democrática de toda el aérea geográfica Latinoamericana.

Pero, ¿es en verdad culpable el liberalismo de la crisis actual? Para tratar de explicar una respuesta negativa al respecto, debemos trabajar una separación del liberalismo y el neoliberalismo. Es sabido por nosotros, que el liberalismo luchó en contra de las ideologías totalitarias y junto a las revoluciones burguesas, como la de los Estados Unidos, (1779) y Francia, (1789), en el primer caso, los colonos estadounidenses del norte se abrazaron del liberalismo para enfrentar al totalitarismo de la monarquía inglesa y en la nación francesa se gestaron los cambios de la gran revolución de 1789. Decimos esto, para enfatizar en el hecho de que, el liberalismo de hoy enfrenta al neoliberalismo. Muchos creen que la doctrina neoliberal, la que ha impuesto grandes políticas en sentido global, es un “nuevo liberalismo” y no es así.

La batalla actual del liberalismo está centrada en contra del neoliberalismo. Se puede afirmar, que el neoliberalismo no tiene un contenido semántico, porque es una formula fundamentalmente denigratoria. Los enemigos del liberalismo, utilizan a neoliberalismo como una etiqueta para caricaturizar al liberalismo, y de paso, hacerlo parecer responsable de todas las calamidades humanas. Esto lo afirman diferentes autores e intelectuales defensores de las ideas que fundamentan al liberalismo, como es el caso de Mario Vargas Llosa.

Lo cierto es que las ideologías totalitarias han dejado como legado al neoliberalismo. Podría afirmarse que el neoliberalismo es una secuela ideológica que se traduce en prejuicios para las naciones. El problema es grave, debido a que ha tomado de sorpresa a grandes figuras políticas, porque que este se autodefine como un sistema de pensamiento, enmarcados en valores coincidentes con los discursos enarbolados a través de de convicciones políticas de muchos lideres. Pero no existe coincidencia entre el discurso emitido por el neoliberalismo, porque en realidad, el conjunto de acciones operativas neoliberal, se asocian con el quehacer explotador y con el abuso de poder, cosa que nunca ha hecho el liberalismo.
Existen razones para preocuparse, porque detrás de la palabra neoliberal hay prejuicios profundos y odio a lo que el liberalismo representa. El asunto es más grave de lo que pensamos los políticos, solo hay que dar un vistazo a los problemas que se plantean en la madre patria, luego de asumir grandes ideas neoliberales durante los últimos dos decenios. Puede ponerse como ejemplo también, como fruto de la aplicación de recetas neoliberales, lo que sucedes con la mayoría de los partidos políticos mayoritarios en sentido global, cuando uno pregunta a los ciudadanos comunes sobre lo que piensan del sistema de partidos, sus respuestas son muy negativas, comparándolos con la delincuencia gansteril y mafiosa.

Existe un verdadero desencanto social con la clase política en todo el mundo, pero donde mayor daño ha causado es en el sector político-partidario a nivel global, salvo muy pocas excepciones. A todo esto se le suma un grave acontecimiento histórico, se trata de que las ideas políticas han ido anquilosándose y la sociedad avanza en el sentido de la comprensión de sus intereses, se organiza y enfrenta las caducas ofertas políticas esgrimidas desde los partidos y sus líderes. Existe una peligrosa realidad: el contexto social y económico ha evolucionado con mayor rapidez que las ideas políticas. El problema del narcotráfico, la gran percepción de la corrupción en la cosa pública, el caso de una burocracia poco imaginativa y de una democracia desactualizada, así como la penosa situación de que en muchos casos, está montada sobre estadísticas poco confiables, lo que complica la operatividad de los partidos y de sus líderes políticos.

Otro gran problema para América Latina, nacido de la evaporación de las fronteras europeas, problemática que se traslada a escala global en la psiques de la gente con menos posibilidades en sus naciones, emprendiendo una oleada de emigración e inmigración en sentido general. Asimismo, la aparición y fortalecimiento de las nuevas tecnologías de la información, la comunicación, (tics) y el rezago de los Estados en su implementación y uso de redes sociales. A todo esto le sumamos, un creciente “empobrecimiento” de la vida política en sentido de la percepción de la efectividad de su eficacia y de la utilidad de su eficiencia con respecto al costo de la burocracia que se desenvuelve en los gobiernos, enfatizando en los directivo de mayor nivel de salarios en el orden ejecutivo, también se cuestiona en el mismo sentido al Poder Judicial y a los legisladores.

Existe una percepción de que la peor gente es la que ocupa los lugares más importantes de la política y eso necesita ser trabajado por los partidos y los gobiernos en forma integral, pero además urgente.

El pueblo llano está convencido de que los “cambios democráticos” no han beneficiado a los sectores sociales de mayor necesidad, pese a que millones de personas han dejado los niveles de pobreza y pobreza extrema en que vivían hace poco tiempo. Es una percepción trabajada desde los sectores organizados en la sociedad, muchas veces manipulados por los medios de opinión pública y otras veces, porque responden a intereses partidarios, a organizaciones no gubernamentales al servicio de agencias internacionales, que van cumpliendo a través de estos organismos una agenda pre establecida, que busca oportunidades para alcanzar intereses colocados en objetivos de planes empresariales nacionales e internacionales. Si tenemos razón, entonces, ¿dónde están las estrategias de los gobiernos y los Estados para defenderse?

Una de las oportunidades que ofrece el nuevo orden mundial se encuentra estacionada en la integración económica, debemos de trabajar en ese orden, mientras se incentiva la producción de riqueza a nivel de los sectores agrícola, agroindustrial, industrial, comercial y turístico. Los cambios democráticos en América Latina han traido consecuencias muy positivas en el orden económico, social y político, pero se han rezagado variables como la prestación a tiempo y de calidad de los servicios, los que han mejorado innegablemente, pero no al nivel de legitimarse ante los usuarios.

En ese orden, no todo está perdido, porque se han efectuado grandes cambios en la forma de gobernar, en la infraestructura física de la nación, en los propios poderes de Estado, pero no se han socializado lo suficiente en los jóvenes que inician la vida social, cultural, económica y política. No podemos hacer como el Avestruz, porque la desigualdad social que nos afecta a crecido, los pobres de hoy son verdaderamente pobres. Esto opaca nuestro lugar en el orden del crecimiento humano, alcanzado en las ultimas décadas, en donde según el PNUD, hemos conseguido importantes avances en el orden de la salud, la educación, pese a lo que plantean los últimos informes sobre el área educativa en forma inexplicable.

Es innegable, El nivel de vida en el orden básico ha mejorado considerablemente en nuestra nación. Es por ello, que esa importante entidad internacional, informa que estamos situados en el puesto 88 de 169 países según el Índice de Desarrollo Humano, lo que sitúa al país en la categoría de desarrollo humano medio.

Pero debemos admitir, que con relación al aumento de la riqueza por habitante, la educación y la salud no mejoraron en la misma proporción. El Índice de Desarrollo Humano no vinculado al ingreso lleva a República Dominica a la posición 100 de 169 países. Es decir, el país sigue mostrando un rezago en educación y salud en relación al logro alcanzado por otros países con igual o menor nivel de riqueza por habitante, lo que debe ser asumido en el compromiso de autoevaluar estas áreas con la debida transparencia, porque para sanarse, el enfermo necesita saber cuáles son sus diagnósticos, para enfrentar con valentía las enfermedades que está padeciendo.

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