Opinión

Hace varios años, cuatro o cinco, que el autor de esta columna publicó un libro titulado “Haití y la República Dominicana: Un origen y dos destinos”, ensayo de carácter histórico que ha tenido como otros ensayos nuestros, una apreciable y numerosa aceptación y que en los momentos actuales se ha agotado la segunda edición, corregida y ampliada, que ha recibido una apreciable demanda en otros países, particularmente en España y que un amigo español que fue diplomático en nuestro país, distinguido e intelectual en un elogio inmerecido nos dijo: “Euclides, el libro tuyo de Haití es un trabajo excelente, profundo, honesto que a mi criterio recoge en síntesis la verdadera historia del pueblo haitiano”; agradecimos su elogio y le dijimos, “Juan Bosch, el gran maestro, político de América, nos dejó con la firmeza de su honestidad el criterio de que Haití se había convertido, pura y simplemente, en un conglomerado humano”.

Respetamos profundamente el criterio del gobierno del PLD que preside el compañero Danilo Medina, a quien conocemos desde que era un joven adolescente que se organizo en nuestro partido y practicó un aprendizaje político bajo la rectoría de esa figura extraordinaria que fue nuestro líder, maestro y compañero, que externó, hace años, ese criterio de lo que era realmente en términos históricos, sociales, económicos y políticos, la llamada República de Haití. Sobre la base de la realidad, no de la mentira ni de la especulación o de la invención, es que hemos llegado a la conclusión hace muchos años de que ese conglomerado humano con el cual compartimos la isla, ha llegado a un proceso de desintegración que profundizó la violencia del terremoto que sufrió la parte sur de su espacio geográfico, cuando en esa sociedad o conglomerado humano, habían desaparecido los hábitos del trabajo.

Esa realidad dolorosa que no ha podido ser modificada o transformada, es la que analizamos en nuestro ensayo que ha recibido además del que nos fue dispensado por el amigo español, muchos elogios de dominicanos y extranjeros, trágica y dolorosa realidad que arrastra a diez millones de seres humanos que viven en la parte occidental de nuestra isla.

Estamos profundamente convencidos de que por el momento no se vislumbra la posibilidad de un acuerdo, o un arreglo del gobierno dominicano con los grupos de aventureros enganchados a políticos que dirigen esa tragedia, que no respetan las leyes que rigen las relaciones internacionales y que orientan la vida de la mayoría de los pueblos del mundo.

Esa reunión que se efectuó en Barahona entre el Presidente de la República Dominicana y el mandatario de Haití, nos ha dado la oportunidad de ratificar nuestro criterio sobre la base de hasta dónde llega el atrevimiento y falta de respeto de nuestros vecinos, que se sienten apoyados por la política exterior regional de los Estados Unidos de América y muy particularmente del matrimonio Clinton.

Algunos aspectos de lo que realmente sucede en Haití bajo la dirección de la que podría ser la próxima presidente de Estados Unidos de América y de su esposo el expresidente Bill Clinton, hablaremos citando datos importantes en relación con la realidad económica de Haití y de la inversión económica que tienen en ese escenario físico del conglomerado humano que todavía nos quieren vender como un estado republicano, organizado, coherente y cumplidor de sus obligaciones con nuestro país, del cual se hacen pasar como víctimas.

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