Opinión

A propósito de la celebración del III Congreso Iberoamericano de Municipios Verdes que se celebró la semana pasada en Bávaro, organizada por la Federación Dominicana de Municipios y la Liga Municipal Dominicana, es preciso reflexionar sobre el rol de los Gobiernos locales ante el cambio climático.

En la encíclica del Papa Francisco – Laudato SI’– se plantea la necesidad de que “el gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales e internacionales”. La enseñanza de Su Santidad sirve de llamado al esfuerzo mancomunado del Gobierno para combatir lo que la ciencia ha demostrado es un riesgo planetario: el cambio climático.

Crear conciencia sobre los efectos del cambio climático sobre nuestra forma de vida requiere del compromiso de los Gobiernos locales, requiere del trabajo de las Alcaldías y los Distritos Municipales para atender eficientemente el problema de la gestión de los desechos, promover el reciclaje y propiciar liderazgos municipales que motiven la necesidad de cuidar el medio que nos rodea.

La tendencia a nivel mundial es hacia la creación de las denominadas “ciudades verdes”, concepto que propone “desviar la urbanización de su rumbo actual”, que resulta insostenible. Para el 2025, más de la mitad de la población del mundo –unos 3,500 millones de personas – vivirán en zonas urbanas. En países en desarrollo, como el nuestro, esto es consecuencia de las altas tasas de natalidad y la movilización de personas de la zona rural a las zonas urbanas, en busca de medios de subsistencia.

Para asegurar un futuro mejor para las ciudades del mundo, se requiere crear condiciones para “ciudades verdes” que “ofrezcan opciones, oportunidades y esperanzas a sus habitantes”. Por tanto, se requiere trabajar en la planificación urbana, en el desarrollo territorial, en un marco de alianzas público-privadas para la gestión de desechos y el ahorro energético, en la adaptación a el cambio climático y en la gestión de proyectos innovadores para el desarrollo municipal.

El rol de los Gobiernos locales en este aspecto es vital. Como ha planteado la Declaración de Bávaro, se requiere “formular políticas públicas locales, integrales, inclusivas y sostenibles, que incorporen acciones tendentes a reducir las emisiones y la adaptabilidad ante el Cambio Climático, sumándose a la implementación de los acuerdos internacionales contra el cambio climático desde las ciudades y los territorios.”

Lo que ha sucedido en grandes ciudades como el Distrito Federal de México, nos llama a reflexionar sobre la sostenibilidad de nuestras ciudades, la necesidad de generar el compromiso ciudadano hacia el cuidado de “la casa común” y le generación de estrategias que hagan sostenible la vida de los seres humanos en la ciudad.

Cuidar la “casa común” de la que nos habla Su Santidad, es uno de los retos más importantes de la humanidad en el siglo XXI, porque “el cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión.”

Ese estilo de vida, en el área urbana, se llama Ciudades Verdes; ciudades sostenibles que puedan albergar a las generaciones presentes y a las generaciones futuras.

Ciudades Verdes para el Desarrollo Local es una prioridad.

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