Opinión

Hace aproximadamente cuatro años que el autor de esta columna, en programas de televisión, de radio, en declaración a los medios escritos de comunicación y a través de esta columna, en el transcurso del tercer gobierno del PLD, encabezado por el ex presidente de la república el compañero Leonel Fernández Reyna, afirmamos categóricamente que en el ejercicio de las funciones administrativas y políticas de ese mandato, habían comenzado a ejecutarse actos de corrupción. La denuncia la hicimos con la responsabilidad que ha caracterizado nuestra vida pública como maestro, periodista, profesor universitario y militante político. Más de cincuenta años ejerciendo funciones, en la vida de nuestro pueblo, aunque siempre hemos actuado con prudencia, nunca, hemos tenido miedo y nos importa un bledo las acusaciones, calumnias difamaciones y mentiras, que viven vociferando muchas ‘veletas sin rumbo”, que tienen mucho parecido a la “Caballería de Atila”, que como su caballo donde pisaba “no crecía la yerba”.

Tiempo después se comenzó a cuestionar nuestra vida en términos de honestidad sin importar para nada, más de cuarenta años de ejercicio profesional, durante cuyo tiempo hemos ganado mucho dinero, sirviendo como profesional a importantes empresas y a familias conocidas, muy conocidas, de la vida dominicana. Cuando esas acusaciones a través de la televisión, radio y los medios de comunicación escrito, comenzaron a manifestarse, advertimos primero que a nadie, en el seno del comité polito del PLD y dirigiéndonos, particularmente, al compañero presidente Leonel Fernández Reyna, que esa agresión moral no era contra nosotros, que era contra su persona y el PLD; advirtiendo más adelante, tiempo después, que los mismos dardos envenenados de esa campaña serian dirigidos contra el compañero Danilo Medina que había sido proclamado candidato a la presidencia de la república.

No tiene nada de extraño lo que ha comenzado a ocurrir recientemente, contra el gobierno de nuestro partido que encabeza el compañero Danilo Medina y contra algunos dirigentes, con razón, o sin ella, de la administración pública. Dolorosa y lamentablemente ahora aparece el escándalo trágico de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), mamotreto burocrático y administrativo, pegado como injerto inaceptable a las funciones del Poder Ejecutivo. Este fue un invento del Dr. Joaquín Balaguer cuando era presidente de la república, que tenia la suerte de tener a su servicio a un profesional de la categoría de Bebecito Martínez, inmensamente rico desde el régimen de Trujillo y al parecer de una honradez incuestionable.

Ahora este escándalo de corrupción trágico que se lleva la vida de un joven profesional, se le carga a nuestro gobierno y se quiere, inclusive, responsabilizar al presidente de la república. El autor de esta columna conoce hace muchos años a Francisco Pagan, responsable de la dirección en estos momentos, desde hace poco tiempo, de la dirección administrativa de esa dependencia. Bochista, peledeista, de envidiable categoría profesional, estamos seguro que le dará a ese expediente trágico y doloroso, la solución que corresponde sin importar quienes caigan como responsables incalificables.

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