Hablan los hechos

El ex presidente estadounidense Bill Clinton pronunció recientemente en Brasil una conferencia sobre el escenario post-crisis de la economía global en el acto de clausura de la Décima Reunión Nacional de la Industria, un evento organizado por la Confederación Nacional de la Industria (CNI) del país sudamericano.

Le precedió en el uso de la palabra el señor Jobson Braga de Andrade, presidente de la CNI, quien en un discurso de barricada que no deja dudas sobre el ambiente de crispación que se vive actualmente en el gigante del sur, presentó una especie de “memorial de agravios” de su grupo empresarial, al reclamar una “reforma del sistema previsional, mejoras y cambios significativos en el sistema tributario, las relaciones laborales y en la regulación de las concesiones públicas”.

“El momento requiere cambios integrales. Necesitamos que el sector público se comprometa a una profunda mejora del ambiente de negocios en Brasil. El orden del día pasa por el reequilibrio macroeconómico, pues la estabilidad y la previsibilidad son condiciones esenciales para el crecimiento”, sostuvo.

En tono firme, el líder empresarial dijo que “Rechazamos rotundamente las constantes propuestas de creación de impuestos y el aumento de los existentes. No aceptamos la resurrección de la CPMF (impuesto al cheque). Quien produce y crea puestos de trabajo en este país ya no soporta pagar tanto impuesto”.

Y sentenció: “El ajuste tiene que ser rápido y quirúrgico para minimizar los costos que implica”.

Clinton, por su parte, fue optimista. Mostrando certeza sobre la marcha de la economía brasileña, llamó a los empresarios a tener más confianza en el rumbo del país.

“Los desafíos económicos que enfrenta Brasil deben ser vistos con más tranquilidad, pues en este territorio no hay conflictos religiosos o guerras y se avanzó mucho en los pasados 25 años”, sostuvo.

El veterano estadista estadounidense invitó a reflexionar sobre los profundos cambios que se han producido en esta nación, la que a su juicio registró un “éxito espectacular” en la diversificación de su economía y en la preservación de sus recursos naturales.

Fue aún más lejos al elogiar el progreso social y las políticas inclusivas y económicas implementadas por Brasil en los últimos años, que a su juicio deberían alentar al empresariado nacional.

Debió dejar perplejos a algunos de los asistentes al ponderar, en particular, las políticas sociales del gobierno de Lula da Silva que sacaron de la pobreza a millones de brasileños.

A pesar de los titulares de los diarios y la prensa, dijo Clinton, “hay más puntos positivos que negativos sobre Brasil”.

IR POR LANAS…

Tal y como lo dejó establecido el ex presidente Clinton, Brasil ha experimentado avances espectaculares en los últimos tres lustros. Su modelo económico orientado hacia la exportación mereció elogios en todo el mundo.

Lamentablemente, la ralentización de la economía mundial, particularmente de la economía china, ha deprimido los precios de las materias primas exportadas por Brasil. De ahí las dificultades económicas actuales.

Tras haber crecido solo un 0,1 % del PIB el año pasado, se espera que este 2015 cierre con una nueva contracción y una inflación cercana al 10%.

Aludiendo a esta situación, Clinton dijo: “No podemos controlar todo, pero podemos controlar cómo lidiamos con esto”.

Y añadió: “El barco de Brasil no se está hundiendo y el futuro será formidable…Los desafíos políticos son una oportunidad para que, de aquí a unos cinco años, ustedes miren hacia atrás y piensen: ¿con qué era que estábamos preocupados?”.

Fue un buen espaldarazo a las políticas anti crisis del gobierno de Dilma Rousseff, afectada actualmente por bajos niveles de popularidad.

Una parte del empresariado brasileño ha apoyado las maniobras de la oposición política, que habiendo fracasado en forma contundente en los últimos certámenes electorales, pretende ahora aprovechar las dificultades económicasproducto de la desfavorable coyuntura externa y la natural inquietud socialderivada de ellas para armar contra la mandataria un juicio político de destitución por supuestos actos de corrupción no comprobados.

El discurso del empresariado brasileño es el mismo que enarbolan los grupos de poder en casi todos los países en donde se han aplicado políticas inclusivas, sin importar si la economía crece o no. En la particular situación que vive Brasil actualmente, la CNI se atreve a ir tan lejos como para reclamar “ajuste rápido y quirúrgico”, esto es, medidas de shock al mejor estilo del Fondo Monetario Internacional, de tan nefasta recordación en toda la región por su contribución a la alta concentración del ingreso en la región que todo el mundo critica.

Luego de dejar el poder, Lula da Silva se quejó de que los grandes medios de comunicación siempre hablaron mal de él, a pesar de los méritos internacionalmente reconocidos de su gobierno. Son esos mismos medios losque hoy provocan el ruido, aludido por Clinton en su discurso, que ha acompañado las maniobras para destituir a Rousseff, susceptibles de empujar a Brasil a un limbo político.

Mostrando gran comprensión de la realidad actual brasileña, Clinton le hizo saber a los detentadores del poder económico en ese país que, en vez de quejarse, deberían sentirse alentados por las políticas inclusivas de los gobiernos de Lula y Rousseff.

La realidad de Brasil no le es extraña al político demócrata que, siendo presidente de su país, tuvo que vérselas con la resistencia de la oposición y el gran poder económico, entre otras cosas, a sus esfuerzos por mejorar el acceso a la salud de los estadounidenses, de la misma forma que Barack Obama ha tenido que lidiar con la posición cerril del establishment que le acusa de socialista por pretender que los más ricos paguen más impuestos, que se aumente el salario mínimo de los trabajadores y que por distintas vías el Estado ayude a mejorar la situación de los menos favorecidos.

“El mundo pertenece a quienes cooperan”, dijo haciendo referencia al libro “La Conquista Social de la Tierra, de Edward O. Wilson, en el que se describe cómo distintas especies del reino animal logran avanzar mediante la cooperación. La recriminación no pudo ser más dura.

Digamos, a manera de colofón, que la posición de Bill Clinton sobre el Brasil actual, aunque no sea ese el propósito, no deja de entrañar una crítica al gobierno de su propio partido, que de una forma u otra ha alentado a quienes por todos los medios intentan defenestrar a un gobierno incuestionablementelegítimo, cuya vocación democrática ha superado las más severas pruebas.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas