Opinión

No cabe duda que al enarbolar la Gran Alianza Médica, un discurso opositor a las ejecutorias del Ministerio de Salud en el proceso de implementación de la reforma de los servicios y a la línea de trabajo de la actual directiva del Colegio Médico Dominicano, logró convencer a más del 72% de los médicos votantes en el recién concluido torneo electoral de ser la única alternativa para mejorar sustancialmente los ingresos por la labor que realizan en los hospitales públicos del país y de paso recuperar el respeto perdido en la sociedad. Es evidente que el porcentaje de votación solo se puede lograr con la adhesión de los simpatizantes de todos los sectores políticos y gremiales que convergen a lo interno del CMD.

Es evidente que la columna central de la lucha reivindicativa será el aumento salarial por la participación de los médicos en la producción hospitalaria. Esta tiene tres dimensiones: la atención al ciudadano que busca recuperar la salud perdida, objetivo central del hospital, del cual se derivan la formación del recurso humano para el relevo y la investigación con el objetivo de contribuir a mejorar el estado de salud de la población.

Nadie es capaz de negar que la condición de vida del médico ha descendido en proporción directa a la depreciación de la moneda nacional, pero tampoco se puede negar que para compensar, el galeno ha dejado el hospital para desarrollar sus capacidades en el mercado privado de la salud, unos; en la docencia de grado, otros y, porque no, muchos, en el mercado informal de la economía.

La consecuencia directa se expresa en la significativa reducción del porcentaje de médicos base, dedicados al cuidado de la atención de los pacientes y en la degradación de la misma, producto del desarrollo de prácticas del mercado informal para aumentar la captación de recursos en las instalaciones hospitalarias, deviniendo en conflicto de interés en el ejerció de tan noble profesión, en una reducción continua de la jornada laboral y, a la vez, en una disminución de la cantidad y la calidad del tiempo de trabajo dedicado al paciente.

Esto son factores a tomar en cuenta para comprender la dificultad en disminuir no solo la mortalidad materna evitable en el hospital, sino que una enfermedad de fácil manejo como el dengue tenga tan alta siniestralidad, a pesar de requerir pocos recursos para realizar un oportuno diagnostico y un adecuado tratamiento. Es pertinente recordar que en la auditoria práctica a los expedientes de las personas fallecidas con diagnostico de dengue 25 fallecieron recibiendo un tratamiento no adecuado a la enfermedad base, en 13 no se pudo establecer la razón por falta de datos en el expediente clínico y los 78 restantes fallecieron por diagnostico inicial incorrecto, la no vigilancia de los signos vitales y la deficiente administración de líquidos.

Por lo que no es de extrañar que el colectivo médico al rechazar los resultados de la auditorías realizadas a los expedientes de los fallecidos, solo se preocuparan por disminuir la percepción negativa de su responsabilidad frente a la opinión pública, pero no así el contenido del informe que evidencia un descuido de la calidad y cantidad de la producción de la atención hospitalaria.

Todo lo anterior viene a colación, a que de las primeras declaraciones de los directivos electos para dirigir el CMD, a partir de mes de diciembre, se interpreta que el desarrollo de la agenda dirigida a lograr un aumento salarial se va a iniciar con la toma de posesión. Esta para ser aceptable por la sociedad debe contener aspectos concernientes a viabilizar un compromiso para elevar la calidad y la productividad médica hospitalaria en la prestación de los servicios, impulsar la investigación en salud y la participación en la formación del recurso humano de relevo, así como en apoyar el desmonte de toda actividad económica ajena al servicio de salud dentro de la jornada laboral hospitalaria.

De esta manera, el médico recuperará el respeto perdido en la sociedad, ya que no solo obtendrá la paga correspondiente a su labor sino el reconocimiento social por el servicio apegado al juramento inherente al estudio de tan noble profesión.

De lo contrario, como en ocasiones anteriores, las aspiraciones por un mejor salario caerán en el fracaso, pues, la sociedad no se va a dejar penalizar, al condenarle a pagar más cara una atención de salud insuficiente y mala.

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