Hablan los hechos

La judicialización de la política con la correspondiente acción de generar movimientos alternativos con base a un muy bien orquestado programa de organizaciones civiles promovidas y financiadas por fundaciones y grandes corporaciones norteamericanas y europeas, es la respuesta que el “Establecimiento” ha dado a la quiebra de instituciones partidarias conservadoras, de derecha, ante el empuje de movimientos nacionalistas que en América Latina buscan su propia vía para salir del atraso y el subdesarrollo, y de esa manera acceder al primer mundo.

Las estructuras mediáticas latinoamericanas, que desde el último cuarto del siglo pasado habían ido a parar a manos de los grupos económicos locales, constituyen desde hace tiempo el soporte de la acción del “Establecimiento” el que, no conforme con ello, también han prohijado que comunicadores de origen pasasen a formar empresas, financiadas por ellos y con soporte de “La Voz de América”, como fuerza de reserva “independiente” de los medios tradicionales más grandes.

Un aliado de ocasión, es el desarrollo y expansión de los medios electrónicos y de la Internet, que le ha venido ahorrar tiempo y recursos para generar movimientos de protesta y grandes movilizaciones.

Para ejecutar este plan, se ha dispuesto de masivos recursos de esas fundaciones y de los propios Estados que lideran el establecimiento (USICA y otras de similar función de gobiernos europeos), además de fondos de entidades multilaterales (BM, BID) orientados a apoyar estudios, carreras y programas de reformas de Universidades controladas por fuerzas conservadoras orientados a abrir campos al neoliberalismo que de tanto provecho ha sido para los grupos financieros internacionales.

La acción se puso en marcha desde inicios de la última década del siglo pasado, cuando era evidente que las acciones de fuerza (dictaduras originadas en golpes de Estado de militares adictos a Washington), ya no contaban con respaldo del público, por lo que a sus aliados locales, las oligarquías y sus estructuras mediáticas, se resistían a darle su respaldo por la alta exposición ante los pueblos respectivos.

También se ha acelerado en los últimos tiempos, cuando los gobiernos nacionalistas latinoamericanos iniciaron relaciones políticas y de comercio con Estados de gran potencial financiero de Oriente y Medio Oriente (China y todos los estados árabes petroleros). Las fuertes inversiones chinas y árabes constituyen ya el mayor soporte financiero para las grandes y estratégicas obras de la región.

Oppenheimer y el “Día D”

El Establecimiento ha tenido el acierto de atraerse hasta la capital norteamericana y sus principales centros de estudios y medios de comunicación a mentes brillantes, y desde el “consenso de Washignton” que nace en el último tercio del siglo pasado, promueve el neoliberalismo como doctrina económica y de organización de los Estados.

Una de esas mentes brillantes es el periodista y escritor Andrés Oppenheimer, quien se destapa con el artículo titulado ¿Un nuevo día en Latinoamérica?, publicado este domingo 9, en el Listín Diario, una verdadera proclama a las virtudes que tiene para el “Establecimiento” judicializar la política y promoción de fuerzas emergentes políticas que desplacen a los tradicionales partidos de centro o nacionalistas ya entrenados en las luchas por preservar la independencia de sus respectivas naciones.

Los dos primeros párrafos de su artículo bastan para comprender la estrategia:

“El que sigue es un escenario que parecía poco probable hasta hace algunas semanas, pero tiene un 50 por ciento de probabilidades de convertirse en realidad tras los terremotos políticos que están sacudiendo a Argentina, Brasil y Venezuela, que podrían marcar el final del ciclo populista en Sudamérica. La cadena de sucesos podría darse así:
El líder opositor argentino Mauricio Macri , impulsado por su extraordinaria votación en la primera vuelta electoral del 25 de octubre, gana la segunda vuelta electoral el 22 de noviembre. Macri atraería una avalancha de inversiones extranjeras y aumentaría la esperanza de que Argentina salga de su actual estancamiento económico”.

A partir de este presupuesto, que se originaría a partir del “Día D”, de su estrategia, el articulista relaciona la manera como consecutivas judicializaciones de la política producirían los mismos desplazamientos de Dilma Rousseff en Brasil y proseguirían con Nicolás Maduro en Venezuela. Mucho hubiese querido proseguir su avalancha política con Ecuador, Bolivia, Chile, Uruguay, Nicaragua y hasta la propia República Dominicana, pero en esos lugares las estructuras políticas e institucionales lucen muy duras para derribarlas en esta etapa.

Claro, el señor Oppenheimer se cuidó también de mencionar la exitosa campaña que el Establecimiento cumplió en Guatemala, donde mediante un programa de Naciones Unidas diseñado por USA, introdujo 200 fiscales extranjeros y un fiscal general colombiano que operó de forma tan eficiente que el propio jefe del Estado-objetivo terminó por ordenar su propio encarcelamiento. De haberlo hecho, estaría mostrando el refajo, y ya eso es demasiado para un buen entendedor latinoamericano.

Caso República Dominicana

Si se examina con detenimiento los acontecimientos a partir de 1990, la República Dominicana ha representado un hueso duro de roer para el Establecimiento.

Hay un punto de inflexión, marcado por la creación con el amparo de USICA del movimiento no partidista Participación Ciudadana y de numerosos programas de apoyo que involucraron a partidos políticos de la primera línea y por lo menos dos universidades de las mejor establecidas del país. Si no acaparó por completo a grupos de medios de comunicación, fue porque en ese momento existía mucha competencia entre los grupos económicos que los poseían por un mercado que iniciaba un doloroso (para ellos) proceso de desregulación con apertura que impedía el concierto. Los tiempos han cambiado, y ya esos grupos se repartieron el pastel convenientemente.

El ascenso al poder del PLD trajo tiempos de fronda para todos (nacionales y extranjeros), puesto que los conceptos de globalización impulsaron el crecimiento con estabilidad, aunque generaron la natural preocupación de si una fuerza política con muchas luces y bien estructurada orgánicamente podía ser garantía para los planes futuros de dominación. Un ejemplo de pragmatismo fue ejecutar a medias, sin desprenderse de la propiedad pública, el concepto neoliberal de la privatización, lo que celebró el Establecimiento.

Se aproximaban tiempos difíciles, y era preferible el relevo con una fuerza política que ya se había ganado la confianza de Washington.

El desastre que significó el experimento, no les dejó otra opción que levantar obstáculos a quienes habían demostrado eficiencia. Regresó con ellos el crecimiento con estabilidad, pero persistió la molestosa independencia de criterio que se extendió como modelo por toda la región, ganando la confianza de sus pares los gobiernos latinoamericanos de todas las tendencias.

Los esfuerzos por judicializar la política, aquí se ha estrellado contra un valladar institucional que, además, muestra sus músculos con la sentencia 168-13 y le impide al Establecimiento establecer un Guantánamo en movimiento en toda la nación, cuando declara nulo el acuerdo USA-RD que contradice los derechos soberanos locales.

El esfuerzo se centra ahora en desgajar al PLD sustentando en dos sólidos liderazgos que sortean cada prueba, cada trampa, que encuentran en el camino.

Las estructuras políticas y mediáticas que sirven aquí al Establecimiento se han consolidado, sin duda alguna, tanto que sus tentáculos llegan al mismo gobierno, pero el partido que lo sostiene ha acumulado suficiente experiencia para seguir lidiando con éxito y preservar el poder por muchos años más.

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