Opinión

Hace diecisiete años, el 26 de abril de 1999, el autor de esta columna bajo el título “Vargas Llosa y Trujillo” dedicó su contenido a las declaraciones del escritor, que era peruano y que luego se convirtió en español, conocido con el nombre de Mario Vargas Llosa y decíamos “que ese excelente escritor de cuya nacionalidad desertó, cuando fue derrotado como candidato a la presidencia de la república por el señor Fujimori, quien lo sacó del escenario político del Perú con decisión, obligándolo a ausentarse a Europa, donde había establecido su domicilio; la calidad de ese afamado intelectual no puede ponerse en duda y sus obras, novelas, narraciones, cuentos y escritos de diferentes géneros, tienen mucha aceptación en el público de América Latina, España y otra naciones que hablan lenguas diferentes a la nuestra; pero el señor Vargas Llosa, además de buen escritor, es poseedor de un engreimiento tan grande como su fama”.

Y más adelante afirmamos que “es un todólogo, particularidad de muchos personajes de estos pueblos del Tercer Mundo, que cuando arriban a un escenario de notoriedad se consideran autorizados para hablar de todo y de todos. Ha venido algunas veces al país y la última llegó con la idea de escribir una obra en relación con la figura de Rafael Trujillo Molina, quien por un largo tiempo gobernó con mano férrea, asesina y represiva los destinos del pueblo dominicano. Vargas Llosa escribió un libro con el título de “La Fiesta del Chivo”. Ignoramos a excepción de dos o tres nombres, quienes fueron los informantes del señor Vargas Llosa y cómo explicaron o se inventaron la llamada “fiesta del chivo, relacionándola con aquella noche de mayo en que cayó a sangre y fuego, quien gobernó por tanto tiempo a nuestro pueblo”. La obra del señor Vargas Llosa es una ofensa inaceptable al pueblo dominicano: A la mujer dominicana, a los que le sirvieron a Trujillo, a los hombres dominicanos, a la dignidad de nuestro pueblo y al personaje histórico.

Ahora recientemente un jurado del Ministerio de Cultura que nos importa un pito quienes lo integran, acaba de otorgar el premio “Pedro Henríquez Ureña”, a este monumento de atrevimiento y arrogancia que escribió después de “la fiesta del chivo”, en tiempo pasado, un artículo con el título “Los Parias del Caribe” en el que vierte críticas atrevidas e irresponsables contra Instituciones jurídicas dominicanas, que conforman parte de los Poderes del Estado en el que está organizado nuestro pueblo. La decisión del jurado integrado para otorgar el premio que lleva el nombre de una de las dos grandes figuras de la literatura dominicana, es un acto de cobardía e irresponsabilidad, que se suma a la campaña llena de difamación y calumnias puestas en circulación y financiada por el gobierno de los Estados Unidos, Canadá y Francia, que persiguen la disolución del Estado dominicano para unificarlo con el conglomerado humano que integra el desgraciado, explotado y burlado, pueblo haitiano.

No aceptaremos bajo ninguna condición darle legalidad y autenticidad a ese acto de cobardía, lambonismo y servilismo que sin lugar a dudas contará también en el escenario exterior con el aplauso y la aceptación de ese conglomerado de organizaciones de basuras internacionales que tienen por nombre Organización de Estados Americanos (OEA), Naciones Unidas y Comisión Internacional de los Derechos Humanos. ¡Ningún pueblo ser libre merece, si es esclavo indolente y servil!

últimas Noticias
Noticias Relacionadas