Opinión

Aunque hace mas de 300 años de la existencia del libro “El Arte de la Mentira Política”, de John Arbunthnot, vemos que la misma sigue siendo un instrumento de propaganda que como dice el titulo del autor debe ser un ARTE, pues como él mismo afirma “al igual que el más vil de los escritores tiene sus lectores, el más grande de los mentirosos tiene sus crédulos”.

Quizás o sin quizás de ésta última teoría, los estrategas de campaña de la oposición al presidente Danilo Medina basan sus propagandas publicitarias orquestadas en hechos no reales o mentiras, pero al riesgo del costo político que trae consigo una contra campaña que muestre las verdades ante las mentiras.

Pueden ser legales los actos propagandísticos basados en infamias y mentiras, pero no así ético ni moral, pues los engaños groseros quedan burdamente contrarios a quien los encarga y difunde, porque “cuando la verdad se expone sin credibilidad, se siembra la duda sobre la veracidad”, frase del historiador español José Luis Rodríguez Jiménez.

Por igual, un candidato muestra gran debilidad, cuando en su afán de denostar la gran obra de gobierno del presidente Medina, se deja arrastrar sobre sus estrategas en temas y hechos para denigrar a su contrincante, usando las herramientas de las mentiras, en vez de vender sus buenos atributos, sus fortalezas, oportunidades, sus programas de gobiernos a realizar, sus teorías, sus conceptos, y sus ideas sobre temas trascendentales de la nación, sobre los cuales puede conseguir mejores adeptos, que recurriendo a campañas engañosas que pueden fácilmente derribarse, cuando el afectado logra estructurar una contra campaña mostrando verdades, demostrando que al final esas campañas mentirosas se convierten en boomerang político afectando la credibilidad de la candidatura del que divulga las mentiras.

Pero, como le dice el autor de “El Arte de la Mentira Política” a los jefes de partidos políticos, “que no deben creer sus propias mentiras, porque el exceso de celo en el ejercicio de este arte puede hacer que algunos se acaben persuadiendo de que lo que afirman es en efecto verdadero, y podrían terminar intentando resolver los asuntos de la nación según el dictado de las mentiras inventadas por ellos mismos”. Entonces, jamás un pueblo puede elegir un candidato que recurra a la mentira, pues esas mismas herramientas son las que sabrá recurrir para tratar de resolver asuntos de la nación.

Tiene que estar muy malamente asesorado o tener un equipo de principiantes en marketing político, para seguir arrastrando errores de temas tan cruciales como “que las visitas sorpresas son un engaño”, “que el Estado dominicano perdería sus derechos en la ONU por falta de pago”, o la simple campaña publicitaria, desmontada ya magistralmente por una contra campaña del PLD, sobre que supuestamente el presidente Danilo Medina “no había hecho nada por el pueblo que lo vio nacer, Arroyo Cano”.

Una mentira puede durar unas horas y quizás logra sus propósitos, pero no pervive si se tienen las herramientas para demostrar la verdad…por lo tanto “el ruido y la confusión harán su trabajo…momentáneamente, pero cuando es desmontada con la verdad, son puñaladas tan dolorosas y tan profundas como la cantidad de votos y simpatizantes que se pierden, porque las campañas mentirosas, se revierten en la falta de credibilidad del que las promueve y traen consigo un boomerang político. (El autor es periodista y escritor, vive en Santo Domingo).

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