Opinión

Grandes esperanzas

El Proyecto de Ley de Movilidad, Tránsito, Transporte y Seguridad Vial que cursa en el Congreso Nacional para sustituir la Ley 241 y sus disposiciones complementarias, no será la panacea.

Es un error creer que será el remedio a todos los males irresponsablemente acumulados por décadas en la movilidad de nuestros ciudadanos, sin hacer cumplir las leyes y las normativas establecidas.

Esta nueva ley debe ser flexible a la revisión periódica hasta ajustarse cada vez a los cambios sociales, bajo el influjo de las tecnologías; característica que ha permitido a España y otros países, avanzar y ser paradigmas en materia de seguridad vial, con reformas vinculadas con los avances del Código Penal.

Alto costo para la sociedad y el Estado

Nuestra sociedasd está pagando a un alto costo en vidas, salud y bienes el que los ciudadanos no teman a la justicia y el no respeten a las autoridades en la actividad de desplazarnos civilizadamente.

Los expertos afirman, sin dejar ninguna duda, que la “seguridad vial es el motor transformador de la sociedad”, por qué no admitirlo, que sin políticas que puedan sustentarse a nivel global, sería imposible lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La no inclusión de las políticas de mejoramiento de la seguridad vial en el mundo dentro de las prioridades de los Objetivos del Milenio y del Protocolo de Kioto, demostró la importancia en el desarrollo de sus logros.

El mundo está en constante evolución, y con él, también la sociedad humana.

Para muchas personas sería tan solo un cliché, sin ningún significado más que el filosófico; unos porque no lo entienden, otros porque no les interesa.

Lo cierto es que éste fenómeno de requebramiento de valores está aportando numerosas víctimas de tránsito. La inseguridad en carretera es una realidad, que entenderla y asumirla como tal nos ayuda a interpretar las cosas que nos suceden en la vida cotidiana y hasta evitar repetir errores en relación con los procesos históricos.

Relevancia de la seguridad vial

Si la movilidad, el tránsito y el transporte fueran realmente eficientes, en definitiva, no existiera la problemática de la accidentalidad o se expresara a menor escala. Pero es tan grave, que lleva nombres catastróficos como: tsunami silencioso, violencia vial, siniestralidad viaria, etc., calificado de pandémico o de epidémico por los organismos internacionales de la salud.

De manera que ya el tema trasciende al punto de que si buscamos el término seguridad vial en Internet estaría referido 373 millones de veces en el idioma inglés, mientras que en español lo encontramos en menos de 6.6 millones. Lo que demuestra el grado de importancia en término lingüístico.

Por otro lado, no podemos perder de vista que lo antagónico a la seguridad vial es la inseguridad vial, lo cual no debe verse como un simple fenómeno social, es multicausal, y por tanto, las soluciones han de ser multisectoriales. Porque como es de compleja la mente humana es de complejo el tema.

Sin soluciones efectivas, al paso del tiempo este fenómeno se convierte en inmanejable; incide y afecta todas las actividades productivas; profundiza la brecha de la pobreza y la desigualdad. Por tanto, consideramos que se constituye en un freno del desarrollo de los pueblos, pese a que tiende a ser contradictoriamente más grave cuanto mayor sean las actividades económicas y comerciales del conglomerado. De ahí su carácter multicausal y multisectorial y la necesidad de su constante y permanente revision.

Por ello los gobiernos están obligados a emprender acciones de mitigación de los indicadores de siniestralidad, mediante la implementación de políticas de Estado de seguridad vial eficientes, eficaces y efectivas.

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