Opinión

Posterior a la segunda guerra mundial, se produjeron grandes transformaciones a escala planetaria que terminaron con la construcción de un nuevo orden institucional, ideológico, político, económico y cultural que se convirtió en el patrón a seguir en las relaciones internaciones. Esa reorientación del mundo generó e impulsó un modelo en la economía denominado neoliberalismo, corriente que continuaba bajo el esquema filosófico del liberalismo, lo cual fue una reacción teórica y política vehemente contra el Estado intervencionista y de Bienestar.

Pero es que desde mediados del siglo XX se produjo un fuerte dinamismo enfocado a la creación de organismos e instituciones para ordenar la economía internacional, y de esa manera evitar que se reprodujeran las tensiones que, a lo largo de la primera mitad del siglo, habían conducido a dos terribles acontecimientos bélicos mundiales desastrosos para la humanidad. Por tales razones es que los grandes países establecieron pactos entre sí para crear un sistema de relaciones internacionales que aseguraran la paz y la estabilidad global, fruto del cual surgieron un conjunto de respuestas de corto plazo así como organismos internacionales, tales como el plan Marshall, OTAN, FMI, Banco Mundial, OIT-GATT, como una forma de que se instituyeran la normatividad mundial en la política, las finanzas y el comercio.

Bajo esa nueva modalidad, las posiciones del FMI, BM y Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio respondían a la protección determinada de relación muy específicos a necesidades de la época. Los fines concretos fue el de generar y preservar un ambiente de paz, distensión, estabilidad económica y política en los ámbitos limítrofe, subregional, regional y mundial, con la finalidad de obtener el escenario más idóneo que permitiera aplicar políticas para el desarrollo económico y social con equidad, al menos fue la justificación.

Es así como el sistema global existente de la organización económica internacional se basa esencialmente en el conjunto de organismos que, posteriormente, se fueron configurando durante la etapa de la guerra fría, el cual instauró un nuevo orden económico y político mundial. Pero es que hablar de orden económico internacional, implica hablar de políticas económicas internacionales o de mecanismos de regulación de la economía mundial, lo cual hacen posible la existencia de un orden económico, que va a gestar un orden político.

En relación al orden político mundial, este se refiere a la relación sociocultural que se lleva a cabo por las diferentes políticas exteriores del panorama internacional, a consecuencia de eso surgen principios históricos a respetar que rigen a nivel mundial involucrando principalmente al Estado con la sociedad y el ciudadano. Realidad que se observa de manera sostenida desde mediados del siglo XX, dando señales que a nivel global se estaba transitando por un nuevo orden económico y político.

Los grandes cambios que han estado ocurriendo en el mundo han redefinido las nuevas perspectivas en procura de una salida a la larga desaceleración y depresión en que ha estado inmersa la economía mundial por décadas. Desde los años 70 una serie de crisis la agobian como son los casos de la crisis del crudo, crisis monetaria, crisis de la deuda externa, crisis cambiaria, crisis financieras y crisis alimentaria, las cuales han repercutido sobre las actividades económicas, el comercio y los mercados financieros.

Produciendo fuertes desequilibrios y rupturas en el funcionamiento de la dinámica de los diferentes mercados y en las instituciones, lo cual ha hecho cuestionar la vigencia de ese orden económico internacional.

Con la crisis de la década del ‘73, con la aparición de la estanflación, las ideas neoliberales pasaron a ganar terreno, contexto que permitió que hacia 1979 surgiera la oportunidad de ponerlas en práctica en Inglaterra al ser electa Margaret Thatcher, el primer régimen de un país capitalista avanzado, públicamente empeñado en poner en práctica un programa neoliberal. Luego, en 1980, Ronald Reagan llegó a la presidencia de los Estados Unidos, y en 1982, Helmut Kohl hizo lo mismo en Alemania, trilogía que asumió esta corriente como modus operandi para plasmar a un nuevo orden económico y político global.

Hoy resulta inocultable que el mundo esté configurado esencialmente por EEUU, la Unión Europea, China, Japón, Rusia e India, así como una pléyade de países medianos que superan los diez millones de habitantes y economías más robustas y abiertas, algo inexistente en la década de los cuarenta, los cuales constituyen los países que participan en el G-20. Estas son demostraciones irrefutables que colocan al mundo ante la presencia de un esquema multipolar que está definiendo un nuevo orden económico y político global, cuya manifestación concreta se observa con la presencia del Brexit, los cambios en la politica exterior de EEUU, la crisis europea, la vulnerabilidad de los precios del crudo, la conformación de los BRICS, la crisis financiera global y la inoperancia de los organismos multilaterales, en adición, esto coloca al mundo ante un nuevo esquema geopolítico y geoeconómico cambiante.

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