Opinión

Resultan interesantes, aunque no sorprendentes, los resultados publicados por una revista electrónica local dedicada a la medición de informaciones nacionales y extranjera en las redes sociales sobre el sentido fallecimiento del veterano periodista Rafael Molina Morillo.

La desaparición física del ex cinco veces director de medios impresos, abogado, diplomático y ex presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) se constituyó en tendencia en ese nuevo mundo del periodismo digital que son las redes sociales.

Según da cuenta la referida medición científica, la muerte del informador público y ejecutivo de medios registró alrededor de 20,8 millones de comentarios de usuarios en la aplicación facebook, en tanto que, en twitter alcanzó la cifra de 5.5 millones de interacciones.

Los resultados arrojados en la referida medición que está colgada en internet son el más elocuente y revelador indicador del nivel de aprecio, respeto y admiración que cultivó en vida el comunicador dominicano.

Leído eso, no hay dudas de que con la pérdida física del doctor Rafael Molina Morillo acaecida el pasado domingo 2 de abril de este año se cierra un ciclo de directores de periódico quizás irrepetible en la historia del periodismo dominicano.

Lo recordaré siempre con profunda admiración, por su humildad, sencillez, honradez y don de gente, con quien escribe y todos aquellos que lo trataron. Sin lugar a dudas, era un caballero.

Recuerdo que una ocasión que escribí para este periódico un trabajo periodístico sobre la publicación de sus memorias ¨Mis Recuerdos Imborrables¨ cuando le pidió a una de sus subalternas en el periódico El Día, la periodista y amiga Yanet Feliz, que me contactara para darme las gracias personalmente por lo realizado.

Yanet me contacto y me llevó hasta el despacho del doctor Molina, en el periódico El Día y sentados en su oficina recuerdo como se enterneció hasta las lágrimas al darme las gracias por aquel ordinario trabajo periodístico.

Me narró en ese momento lo feliz que se sintió cuando una de sus hijas lo llamó esa mañana de domingo para informarle de manera emocionada lo publicado sobre él en el periódico El Nacional.

Fue mi primer y único contacto con aquella gloria del periodismo dominicano. No podré olvidar ni dejar de agradecer profundamente, el gesto de poner las limitadas páginas de ese diario que él dirigiera hasta el último día de su muerte para que escribiera y publicara lo que quisiera. Gratitud eterna doctor Molina, hasta siempre!

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