Opinión

Esta obra marca las directrices de la educación a nivel universal y es el producto de un pensamiento revolucionario para la época, pero hace mucho que debimos haber cambiado de raíz los fundamentos del modelo educativo que propicia este gran pensador político.

Rousseau estaba convencido de que el individuo humano nace bueno y se construye como malo, como producto de un estado social mal organizado y de una educación fundamentada en lo falso. Esta idea fue convertida en uno de sus principios básicos, para entender su pensamiento en su propia época y a través del tiempo cronológico. Jacques Rousseau pretendió establecer en el texto que reflexionamos, los principios de un sistema de educación natural y lo hizo, como era costumbre en su época, estructurando una novela pedagogía, en la que verdaderamente exponía un tratado sobre la educación.

Emilio es un personaje que se destaca por su condición de huérfano, pero descendiente de una familia rica y asignar ese calificativo en los tiempo del autor, es porque era verdaderamente rico. El muchacho creció alejado de las estructuras urbanas de convivencia social, más orientación que su voluntad y la regencia de la naturaleza, como leyes inconfundibles. Desarrollo sus procesos de vivencias, con un contacto frontal con las cosas de su entorno, más que con los libros. Esa condición coloca a Emilio al margen de lo que el Rousseau denomina “esclavitud de la tradición.”
El acucioso Emilio, conociendo la historia de Robinson Crusoe, lo toma como ejemplo para aprender un oficio, pero en ese proceso de crecimiento se da cuenta en forma espontánea, de que le falta algo para sentirse que va por buen camino y es ahí donde le surgen interiormente, los sentimientos morales, sociales y religiosos. Todo esto le nace impulsado endógenamente, al conocer a través de su mentor a una señorita, cuyo nombre era Sofía. Ella, como todas las mujeres de la época, había sido “educada para hacer feliz a un hombre y muy especialmente dedicarse a los íntimos goces de la familia.”

El muchacho se enamora de Sofía, provocando ese enamoramiento, todas las consecuencias del amor primogénito de cualquier joven, sin importar épocas. En ese orden interviene su maestro, “sofocando durante un gran tiempo sus sentimientos.” En ese trayecto de los cronos y durante dos años Emilio conoce muchos lugares en distintos pueblos y disimiles países, entrando en contacto social con diversos hombres. De regreso, se siente preparado para formar una familia con la mujer elegida para él por el destino, porque ha adquirido experiencias a través del intercambio cultural y la interacción con distinto individuos humanos, su empirismo había sido enriquecido.

Rousseau impregna en Emilio una personalidad propia y un carácter nacional, pero en realidad la trama coloca a Emilio en la mayoría de sus párrafos, en un personaje abstracto, casi siempre en subordinación a los principios que debía vivir aun en contra de su voluntad. Es por ello que esta historia encarnada por este protagonista de la época del autor, puede ser enajenada de los escasos elementos de fantasía, para ser reducida de hecho, a un sistema educativo produciendo el egresado que desea para un mundo que desea poco evolutivo.

Según el pensamiento de Rousseau, Emilio se desarrolla en una “Educación natural,” por lo que está sustentada sobre las formas de la sociedad, inducida por las tradiciones de la escuela que vienen como políticas de poder. En cambio, el autor coloca al personaje sobre el conocimiento de la verdadera naturaleza del hombre y descubre el poder de la investigación acerca de la naturaleza del niño que evoluciona, es decir, del individuo que se auto educa, en las vivencias de la praxis que indaga en fuentes muy válidas y luego recurre a la observación de los fenómenos que les interesan para ver y reflexionar, antes de tomar decisiones importantes. Este personaje, desenvolviéndose en esta trama, deja caer un punto de vista pedagógico, de suma importancia, ya reconocido por Locke, uno de los mayores representantes del empirismo y padre del liberalismo, su epistemología niega la existencia de las ideas innatas y el casualismo.

Rousseau afirma, que los instintos naturales, las primeras impresiones; los sentimientos, los juicios sencillos y espontáneos que nacen en el individuo humano en contacto con la naturaleza, son las mejores acompañantes del ente social para llegar al cómo comportarse en los episodios básicos de su vida. Rousseau reflexiona acerca de que es preciso respetar y promover el desarrollo de estos fenómenos instintivos, antes que reprimirles a través de unos procesos represivos en la escuela y la familia, instituciones que muchas veces no entienden sus roles.
Con el Emilio, el autor forzó el surgimiento real del concepto de la “educación negativa,” surgiendo la polémica frente a la “educación positiva.” Esta educación positiva, según Rousseau, “tiende a formar prematuramente la inteligencia y a instruir al niño en los deberes del hombre maduro.”

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