Opinión

Durante nuestra formación como militante político -primero en una de las células del Movimiento Popular Dominicano, en forma efímera- y luego a profundidad a partir del año 1976 en el Partido de la Liberación Dominicana, en donde a través de varios Círculos de Estudios aprendimos los fundamentos de la política por vía de folletos muy bien elaborados por el maestro, líder y guía histórico y dilucidados en largas reuniones por un reducido grupo de personas denominadas circulistas y asesoradas por un miembro del partido, en mi caso, el último de mis asesores y que se coronó con el logro de mi ascenso a la categoría de miembro de un Comité de Base en el Comité Intermedio Enriquillo, fue el compañero medico Water Encarnación. Les aseguro que ese no fue un proceso corto ni ordinario, fue un verdadero tránsito de crecimiento y desarrollo que me enseñó a ser lo que soy en muchas de mis actividades, no solo de las actividades de la política.

Traigo esa historia particular a colación, para poder decirles acerca de mis apreciaciones sobre el incidente ocurrido por una violación que impide el tránsito de vehículos -a determinadas horas- por la denominada Avenida de la Salud, una de las vías que enmarca el rectángulo territorial en donde existe el Parque Mirador del Sur.

Es una tradición de decenios de años que esa vía sea virtualmente cerrada por unas horas al tránsito de vehículos, con el objeto de dar seguridad a quienes asisten a ese lugar a caminar y a ejercitarse en forma regular y cotidiana. Esa práctica ya es parte de la cultura citadina en Santo Domingo, por lo que nadie puede alegar ignorancia.

La reacción de una parte de la población ante el acontecimiento protagonizado por el Diputado Rafael Abreu, del Partido Revolucionario Dominicano, PRD y el Coronel Edison Taveras, nos da una imagen de cómo ansía el ciudadano común el respeto a las normas establecidas, especialmente cuando quien la viola es una autoridad.

Esa puede ser una lección que deberíamos aprender con una actitud autocritica. Ser autoridad no puede exonerarnos en el cumplimiento de las normas establecidas. La imprudencia tiene que tener consecuencias, en mayor grado, cuando se es parte del establecimiento del poder, porque daña la armonía social en proyección.

La noticia se convierte en plataforma para evidenciar la falta de urbanidad de nuestra sociedad, se toma como le conviene al que la interpreta y coloca sus ideas sesgadas por sus intereses, pero en el fondo ese incidente denuncia el hastío que tenemos muchos ciudadanos ante la violación reiterada de las normas de convivencia y armonía social. Tenemos que rescatar los modales, pero para eso tenemos que servir de paradigma desde los actores del establecimiento del poder del Estado. Ser autoridad es un compromiso que unos cuantos no han estado cumpliendo a cabalidad y eso ha colocado a la política y a los políticos en el lugar donde nos encontramos hoy. En esa acción y reacción del diputado nos debemos ver todos y en el repudio a la violación de los derechos de los demás, también. Y ahí veo otra lección que debemos aprender y entrar una introspección.

Esa noticia vuelta video, se convirtió en viral en las redes sociales, escenificando parte del momento en que el Coronel Edison Taveras Rodríguez exige al diputado y le llama la atención con el carácter que debieran exhibir los agentes de tránsito cuando alguien se cruza en rojo una intersección en donde el semáforo le ha indicado detenerse. Pero, cómo se sentiría un alistado si fuera autoridad de un estado de derechos y deberes -es decir- si pudiera multar a un superior o a un protagonista del establecimiento del poder, sin temor a represalias, tal vez se sentiría como un servidor con estima pública.

La reacción de la gente nos debe llamar a la atención. La gente común necesita ver que el orden y el respeto inician donde deben iniciar: en la autoridad como paradigma social. Tenemos un cúmulo enorme de lecciones que no se ven a simple vista en la reacción popular a ese incidente, las que debieran servirnos de acicate para reflexionar sobre lo cansada que está la gente común del engreimiento y endiosamiento de quienes deben dedicarse a gobernar sirviendo al soberano con humildad.

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