Hablan los hechos

Ciertamente, el Partido de la Liberación Dominicana aglutina un conjunto de fuerzas sociales extremadamente vigoroso, que en términos prácticos le garantiza ganar las próximas elecciones presidenciales y mantener la supremacía congresual en 2020.

Sin embargo, está claro que la principal amenaza para la continuidad del proyecto de nación que desarrolla el PLD desde 1996, que tuvo una interrupción perjudicial para el país de 2000 a 2004, se anida dentro de la misma organización, y consiste en una eventual quiebra de la unidad interna.

El planteamiento no es novedad en el escenario político partidista local, pues recordemos a José Francisco Peña Gómez advertir que “solo el PRD derrota al PRD” (Partido Revolucionario Dominicano), desde mediados de los años 80 hasta principios de los 90.

Por tanto, el reto que plantea la presente coyuntura para nuestro partido es garantizar la armonía entre las fuerzas internas, de manera que se aboquen a la premisa que ha propiciado los seis triunfos electorales contundentes que acumula de manera consecutiva desde 2004.

Ese precepto puede enunciarse de esta forma: “Que gane el Partido, sin importar que mis aspiraciones particulares se concreten en lo inmediato”, es decir, que una vez seleccionado un candidato presidencial, toda la organización se moviliza unánimemente en el propósito de garantizar su triunfo electoral.

Obviamente, este equilibrio lo garantiza el clima de confianza y respeto a las reglas de juego, elemento común en todos los momentos cruciales de nuestro partido, por lo que es la única entidad política que sustenta un proyecto de nación por encima de las individualidades.

Por ejemplo, no es sorpresa para ningún dirigente o miembro del PLD que se airee la decisión firme del presidente Danilo Medina de no aspirar a la repostulación para los próximos comicios.

Es así, en primer lugar porque lo impide la Constitución de la República y forma parte de los acuerdos rubricados por el Comité Político, ratificados por el Comité Central del PLD.

Aunque voces aisladas, por lo regular enquistadas en altos cargos, han hecho costumbre incitar a la reelección en los distintos gobiernos, las altas instancias del PLD y de su gestión están conscientes de que lanzarse detrás de un tercer periodo consecutivo siempre es una aventura incierta.

Igualmente, luego de algunos escarceos relacionados con la renovación de los bufetes directivos de las cámaras legislativas, quedó despejado el camino para la renovación en ambos hemiciclos, tal como lo establecen los acuerdos en vigor alcanzados por la Dirección del PLD.

El Comité Político mantiene la directriz para que el próximo 16 de agosto el diputado Rubén Maldonado sea investido como presidente de la Cámara Baja, mientras que para el Senado está pendiente la designación del relevo de nuestro secretario general, Reinaldo Pared Pérez, que aunque no se dio a conocer el nombre, tanto el presidente Medina como Fernandez, acordaron, por lo menos para este año 2017 al 2018.

Para agosto de 2018, el profesor Radhamés Camacho, miembro del Comité político, ascenderá a la Presidencia de los Diputados y en el año que cierra el cuatrienio, lo será Demóstenes Martínez.

La realidad de contar con un liderazgo nacional colegiado, que a su vez propicia la unidad de acción en el PLD, así como el que sus potenciales candidatos a cargos nacionales están proyectados hacia el mercado electoral, apuntalan la posición dominante que caracteriza a nuestra organización de cara a 2020.

En cambio, nuestros adversarios se muestran incapaces de desarrollar el trabajo imprescindible dentro de nuestra realidad política, e incluso no se atreven a emprender un plan de reorganización por el riesgo que supone la desunión ente sus principales dirigentes.

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