Opinión

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en territorio estadounidense que provocaron pavura política y financiera, encaminaron a la economía de aquel país hacia el estancamiento, cuestión que intentó revertir la Reserva Federal llevando los tipos de interés a puntos tan bajos que desataron una burbuja inmobiliaria que detonó una crisis que los economistas comenzaron a asociar a un mal estructural que se venía gestando desde que el negocio de los commodities y todas las transacciones en bolsas se convertían en acciones ajenas a la economía real.

El mundo lleno de papeles sin respaldo, de dólares “falsos” como los calificaría Juan Bosch en una ocasión, se vio envuelto en una de las peores crisis que ha sufrido el capitalismo. Se comenzó a decir que era el inicio del fin del sistema que sustituyó con éxito el modo de producción feudal, pero resulta que en el Manifiesto Comunista, redactado por los sustentadores del socialismo científico, Carlos Marx y Federico Engels, escribieron que la burguesía, clase social dominante del sistema capitalista, “no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción”.

Partiendo de esta premisa, y tomando en cuenta que este sistema rebasó la Depresión Prolongada (1873/1896), y que superó la Gran Depresión (1929 y 1939); la que todavía vivimos e inició en 2008, conocida como la Gran Recesión, que va saliendo del fondo, se podría asegurar que no está cerca el colapso de este modo de producción, que sería sustituido , según Marx y Engels, por los obreros, germen que lo destruiría para imponer en principio una dictadura proletaria que terminaría eliminando las clases sociales y, como consecuencia, el régimen de fuerza que les llevaría al control del Estado.

Para 1848, año en que se publica el Manifiesto, se había avanzado del capitalismo rural y mercantil al capitalismo industrial, y Marx y Engels, creyendo que el capitalismo había alcanzado su clímax, afirmaron que la burguesía, con el dominio de clase, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas”.

Por ello decidieron organizar a los obreros para la toma del poder a través del Partido Comunista sin sospechar que la incesante revolución de los instrumentos de producción se prolongaría hasta estos días, creando de la mano de la ciencia y la tecnología, nuevos trabajadores, nuevos sectores de clases, que como los trabajadores del conocimiento, desempeñan un papel que les hace convertir sus destrezas en factores de producción más decisivos que la fuerza tradicional de trabajo, la tierra y el propio capital. De eso saben China y Vietnam.

Es por ello que un dirigente del Partido Comunista chino, ante una pregunta de un periodista sobre las razones por las cuales ese país comunista había abandonado el modelo que impuso la revolución encabezada por Mao Zedong, dijo que su país se había saltado el proceso de desarrollar el capitalismo, paso indispensable para llegar de manera natural al socialismo como afirmaba Marx, y que China avanzó de un capitalismo primitivo muy cerca del modelo feudal para construir una sociedad socialista, lo que vino a constituirse, afirmo yo, en un salto antihistórico, antidialéctico que llevó al gigante asiático a transitar por el capitalismo luego de las reformas de Deng Xiaoping.

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