Opinión

El Emilio de Jacques Rousseau busca con sus aportes a la educación, una especie de perfeccionamiento a las estructuras dedicadas a la búsqueda del saber humano, antes de colocarlo en los rieles de las aulas en forma directa. El busca preparar los senderos de los descubrimientos del saber, a través de ejercitar en forma reiterada los sentidos de quienes escudriñan los por qué y los para qué, en su búsqueda de experiencia cognitiva. Puede afirmarse en la distancia del tiempo, que estaba objetivamente convencido de que la educación negativa expuesta en las aulas y en los procesos de transformación individual, no suministraba la virtud, no incluía la búsqueda real de la verdad y en cambio trabajaba la preservación del error. Rousseau pone al niño en la disposición de tomar el camino que le llevará a la verdad por su propio esfuerzo, cuando esté en condiciones de comprender lo que ésta es y de igual forma, coloca al infante en un proceso de descubrimiento para conocer el concepto del bien, cuando éste se encuentre en el punto de crecimiento capaz de conocerle, en primera instancia y luego pueda amar la bondad desde el ámbito del auto convencimiento.

Ante todo esto, en el texto se observa una división en cuatro partes, de lo que podríamos definir como un ciclo educativo en forma global. Dividiéndose primero en torno al desarrollo físico del cuerpo; en el segundo momento, en la parte correspondiente a los sentidos; en el tercer momento, se observa la parte correspondiente al desarrollo del cerebro; y en el cuarto momento, cuando entra en lo que él denomina como el desarrollo del corazón.

Al desglosar estos períodos o partes, se puede afirmar que el primero lleva un proceso desde uno a cinco años. En este proceso el autor se refiere al fortalecimiento del cuerpo sin constricción alguna, pero evitando forzar el crecimiento y desarrollo físico. En esta etapa el desarrollo intelectual y moral del niño, éste se encuentra en la desventaja frente al dominio de abundante número de palabras, sobre pocas ideas, colocándose en un proceso de saber decir más cosas que las que puede procesar en el pensamiento, para reflexionarla, por ejemplo.

Al adentrarnos en el segundo periodo, el autor nos indica que este transita desde los cinco a los diez años. Es en este espacio del tiempo, en donde el niño adquiere la experiencia del mundo externo. En contacto con la naturaleza el individuo se habitúa por sí solo en forma natural, en una especie de auto disciplina y aprendizaje para colocarse en el tránsito de la educación de los sentidos y sus órganos, con el objeto de utilizarles en pro de la satisfacción de sus deseos. En ese proceso el ente se acostumbra a elaborar sus propios criterios, a través de arribar a conclusiones por experiencia personal, de ese modo el individuo se ejercita en la rectitud de su propia razón, descubriendo en ese proceso situación los fundamentos de todo su saber, como resultado de su praxis.

Arribando al tercer momento o periodo, denominado como la etapa de la educación del intelecto, el individuo ha desarrollado el hábito de la observación, agudizando en ese orden la destreza, la sagacidad y la confianza en sí mismo, colocando su existir en un mundo, en donde su yo particular se coloca en la capacidad de extraer sus saberes en forma concluyente, trabajando en forma natural el conjunto de saberes.

Finalmente arribamos al cuarto momento de la formación, reflexionada por Rousseau, este entra en la etapa crucial que transita desde los quince años hasta los veinte. Terminado el ciclo ordinario de la educación. Según el autor, el joven inicia su verdadero crecimiento, porque según él un hombre que solo conoce su propia existencia física, debería dedicarse en forma única, a la relaciones propias con las cosas que puede ver y tocar en forma ordinaria y simple.

Para Roussseau, cuando el individuo empieza a darse cuenta de su propia realidad y de su propia existencia moral, es donde debería investigar sus relaciones con los otros seres humanos, auto indagar sobre cómo se da esa relación y si ella logra ayudarle y ayudar en la mejora de su existir y el existir de los demás.

Para el autor de Emilio, esta debe ser la ocupación central de toda la vida de estudiante y esa realidad se ve y se siente solo en este periodo de los 15 a los 20 años, porque es ahí, donde se asume en realidad la vida plena.

A pesar de los años, las opiniones de Jacques Rousseau al sistema que socializa -desde cero grado hasta egresarlo del bachillerato- al individuo sin una visión crítica, son excelentes y están llenas de aportes válidos para cambiar aspectos relevantes de la educación escolar que persisten todavía en muchas practicas académicas y docentes. La primera aseveración que se refiere a lo académico lo enfatizamos sobre los aspectos organizativos y del pensamiento directivo, y la segunda la traemos a la discusión para referirnos a lo que se puntualiza en la teoría y práctica desarrollada por el docente en el aula.

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