Hablan los hechos

Sostiene una máxima popular, muy propia de nuestra idiosincrasia nacional: “que nadie aprende en cabeza ajena”. Parece sin embargo, que esto podría aplicarse a la realidad política de otras naciones, que como en el caso de los Tories en Inglaterra, Reino Unido, vuelven a fallar en sus aspiraciones por afianzar su poder.

Tras los resultados de aquel traumático referendo, que dio paso al Brexit en junio del año pasado, era de suponer que con la asunción de Theresa May se promoviera un nuevo gobierno basado en la estabilidad y prudencia política, para encauzar el delicado proceso de separación de la Eurozona previamente aprobado. De hecho, lo previsto en lo adelante era que las elecciones generales se celebraran en el 2020, fecha calendario que había apoyado la propia primera ministra, quien no había sido elegida popularmente, sino por medio del apoyo interno de su organización en mayoría parlamentaria.

Sin embargo, a casi un año de aquel proceso que llevó a la renuncia al pasado Premier, David Cameron, Theresa May no pudo preservar su palabra y se propuso afianzar aún más su poder, buscando aumentar la mayoría conservadora en el Parlamento, con el objetivo de imponer su agenda y su capacidad de negociación. Según sus propias palabras, tras cambiar su parecer May alegó haber llegado a la conclusión de que, “estas elecciones eran la única forma de garantizar la certeza y la seguridad en años venideros”.

En efecto, la decisión de proceder con las elecciones anticipadas fue anunciada el pasado 18 de abril, valiéndose de una ventaja considerable en las encuestas respecto a las otras organizaciones partidarias. No obstante, May pudo estar obviando la imprevisibilidad de estos mecanismos de sondeo, a la vez que a consecuencia de algunos errores, como la decisión de establecer un “impuesto a la demencia”, pasaría a convertirse en el centro de fuertes críticas. Desde entonces el margen de ventaja respecto al adversario más cercano, representado por el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, comenzó a descender muy por debajo de los 20 puntos porcentuales que presentaba en principio. A esto se añadiría los efectos nocivos que, en términos sociales, tendrían los atentados terroristas del 22 de mayo en Manchester y los de Londres el 3 de junio, que pusieron sobre la mesa de debate el tema de seguridad nacional, que ha dejado en entredicho la capacidad de May de proteger la nación.

Al igual que Cameron, la primera ministra hizo de esta campaña una especie de legitimación de su gestión, pudiendo haber cometido quizás la misma indelicadeza de sentirse muy confiada en unos futuros resultados, que al final podrían serle totalmente contrarios. Esto quedó confirmado el pasado jueves 8 de junio, día en que tuvieron lugar las elecciones, en las cuales la población debía elegir los 650 miembros de la Cámara de los Comunes, en igual número de distritos electorales. Contrario a lo previsto por la premier británica y los sondeos, ningún partido logró la mayoría parlamentaria de 326 escaños, siendo el propio partido Conservador de Theresa May el que salió más perjudicado, al perder posiciones en vez de ganar más como era su intención manifiesta. De manera concreta, los Tories (conservadores) obtuvieron 318 escaños, 13menos que los que poseía hasta el día de las elecciones; los Laboristas por su parte obtuvieron 267, siendo los grandes ganadores al aumentar 35 escaños respecto a su situación previa a los comicios. A raíz de estos resultados, se tornó evidente la necesidad de gestionar coaliciones, a fin de poder obtener la mayoría necesaria para gobernar.

Una vez sumergida en una situación precaria respeto a su posicionamiento previo, Theresa May, lejos de renunciar como le ha sugerido su principal adversario, ha optado por buscar crear una coalición. Para estos fines, luego de comunicar protocolarmente a la reina Isabel II su interés de formar gobierno, la premier británica logró adjudicarse el apoyo de una organización política de Irlanda del Norte, llamada Partido Democrático Unionista. Esta organización de tendencia conservadora, y que a su vez favorece el proceso de separación de Europa conocido como Brexit, resulta ser el partido irlandés más grande, pero su representación es minoritaria. El DUP (por su abreviatura en inglés) consiguió unos 10 escaños parlamentarios en las elecciones, lo que permitió a Theresa May superar levemente la barrera de mayoría parlamentaria, sumando 328 escaños (cifra aún por debajo de los 331 que poseía previo a los comicios).

Por su parte el líder Laborista, Jeremy Corbyn, pasó de ser uno de los candidatos más débiles y subestimados, a ser el más beneficiado de las elecciones, mostrándose dispuesto a dar la pelea de cara a un nuevo escenario político que tendrá lugar en Reino Unido, producto de la redistribución del Parlamento. Una muestra de la fortaleza de Corbyn, es la débil alianza lograda por May, la cual la mantiene en una posición delicada respecto a las negociaciones que tendrán lugar en Bruselas, ante la cual contará con menos autoridad al tiempo que los líderes europeos muestran cohesión y fortaleza.

Quizás el ejemplo más claro de este revés, sea la propia perspectiva asumida por la premier, cuando respecto al Brexit y el impacto que sobre este tendrían las elecciones, dijo: “Cada voto para los conservadores me hará más fuerte cuando negocie para Reino Unido con primeros ministros, presidentes y cancilleres de la Unión Europea”.

Otro problema con estos resultados, es que partiendo de la pérdida de poder del partido de gobierno, las diferencias a lo interno del Reino Unido pueden provocar una postura dividida en temas medulares como cambio climático; terrorismo; y su relación con otros aliados especiales, como es el caso de Escocia a lo interno y Washington a lo externo.

Es evidente que con el paso de los años la política en Europa, pero sobre todo en el caso del Reino Unido, se ha tornado cada vez más impredecible. Las encuestas no han logrado acertar en sus predicciones, mientras que el ánimo de la población oscila acorde conforme variables que van más allá de la estabilidad económica y política.

Quizás haga falta volver a ponerle rostros a las cifras de la encuestas y practicar la empatía social por encima de la prepotencia política. Es un hecho que este nuevo revés muestra otro error de cálculo de las autoridades, veremos en lo adelante como logra sobreponerse Theresa May.

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