Opinión

¿En qué medida la actual coyuntura diplomático-política que afecta a Qatar podría detener la marcha de la economía petrolera mundial en su búsqueda de una estabilidad en los precios internacionales del crudo?

Qatar es un pequeño Estado de unos 11 mil 437 kilómetros cuadrados (diríamos que unas cuatro veces más pequeño que la República Dominicana) y donde habitan cerca de 290 mil personas que generan un Producto Interno Bruto (PIB) superior a los 170 mil millones de dólares. Además, Qatar acumula reservas internacionales por encima de los 37 mil millones de dólares, dinero que es captado fundamentalmente a través de las exportaciones petroleras.

Estamos en presencia de uno de los países con mejor calidad de vida del globo terráqueo, a tal punto en Qatar no se aplica el impuesto sobre la renta ni tampoco el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que en nuestro país se conoce como el Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios (ITBIS). Tampoco los ciudadanos pagan facturas por el consumo de electricidad y agua potable. Y todo gracias a la enorme riqueza material que genera la producción y exportación de petróleo.

Qatar es una incuestionable potencia mundial en materia de producción y comercialización de gas y extrae alrededor de 2 millones de barriles diarios de petróleo, contando con reservas de crudo que ascienden a más de 25 mil millones de barriles, destacándose también en la producción de bienes petroquímicos.

Podría ser que la coyuntura de conflictos que afecta a la región del Golfo Pérsico no tendrá un impacto contrario a los efectos derivados del acuerdo de recorte de la producción petrolera adoptado en diciembre de 2016 y ratificado el 25 de mayo pasado en la reunión celebrada en Viena, capital de Austria, por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y otros Estados que, como Rusia y México, persiguen estabilizar los precios internacionales del crudo por encima de los 50 dólares el barril.

El embajador ruso ante la OPEP acaba de expresar: “El pacto no tiene carácter político, sino económico, por lo que no creo que afecte mucho el cumplimiento del acuerdo”, sosteniendo que el arreglo “para la reducción de la extracción de crudo es multilateral, y no todos los países abandonaron las relaciones diplomáticas con Qatar”.

Hay quienes sostienen que el actual conflicto entre Qatar y Arabia Saudita, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, entre otros países de la estratégica región del Golfo Pérsico,tiene mucho que ver con el control de sus reservas energéticas. “El fin es presionar al gobierno de Qatar para que privatice parte de los inventarios de ese país”, acaba de decir un diplomático de la OPEP.

Pero también existe un componente político en la estrategia de aislacionismo diplomático de Qatar para que el pequeño gigante petrolero del Golfo Pérsico reduzca sus vínculos con Irán y Rusia, países contradictores de la política exterior sustentada por los gobiernos saudí y norteamericano.

Si el actual conflicto entre Qatar y sus vecinos del Golfo Pérsico se prolonga en el tiempo y el espacio el mundo debería estar preparado para enfrentar las consecuencias geopolíticas y económicas que se podrían derivar del mismo.

Y claro, la región latinoamericana y caribeña, dentro de la cual se encuentra la República Dominicana, no escaparía a esa dinámica internacional.

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