Opinión

En la tradición dominicana cada 30 de junio se celebra el Día del Maestro, con mucha algarabía y reconocimiento a la titánica labor de los educadores en el proceso de enseñanza, aprendizaje y el valor de esta dinámica en la transformación del desarrollo económico y social de la nación. Es plausible que en el país se haga este tipo de homenaje a una labor hermosa y fecunda, la cual data desde el 6 de junio de 1939, institucionalizada mediante la resolución No.6-39 de esa fecha.

Pero resulta que el mundo tambien honra el Día del Maestro como algo sagrado y digno de resaltar, aunque cada país lo hace en fecha distinta y que coincide con la conmemoración de un acontecimiento, o resaltar a una figura destacada de cada país. Un ejemplo son los casos de Argentina, cuya celebración se lleva a cabo el 11 de septiembre que es la fecha del fallecimiento del maestro Domingo Faustino Sarmiento; Colombia lo hace el 15 de mayo, como homenaje a la fecha que el papa Pío XII proclamó a San Juan Bautista de La Salle, patrono celestial de todos los educadores.

Otras celebraciones de importancia se realizan en Cuba el 22 de diciembre para recordar la declaración de esta nación como territorio libre de analfabetismo; Guatemala el 25 de junio en honor a la maestra María Chinchilla, que murió por las acciones violentas del gobierno dictatorial de Jorge Ubico, para reprimir una manifestación de protesta.

Por igual, Nicaragua el 29 de junio, en honor a la gesta heroica del maestro Emmanuel Mongalo; y en la República Dominicana coincide con el natalicio del profesor Juan Bosch, maestro y pedagogo de la política.

Los grandes acontecimientos de la humana siempre han estado vinculados e impulsados por la enseñanza de la época e instrumentada por la digna labor de la docencia, ya que esta es sinónimo de docente, educador, pedagogo, profesor, instructor, formador de generaciones.

Pero es que desde su origen la palabra maestro hace referencia a una persona que exhibe un alto grado o el nivel más alto de conocimiento o competencia para enseñar a los demás.

En la Santa Biblia es que encontramos el uso del concepto de Maestro aplicado a Jesús, y a sus discípulos que tenían la titánica tarea de llevar las enseñanzas del Maestro a todo aquel que escuchara la sagrada palabra de la creencia, así que en Jesús encontramos el primer Maestro del mundo.

Como prueba irrefutable de esa afirmación podemos sustentarlo en 1 Corintios 12:28 cuando se resalta que el Maestro es uno de los dones establecidos en la iglesia, en Efesios 4:11 y en Hechos 13:1, pero en el libro de Romanos 12:7, se destaca que el Maestro es exhortado a ocuparse en la enseñanza, y esta es la exposición inteligente de la verdad mediante el Espíritu Santo.

La experiencia de ser maestro es una tarea de amor, entrega, dedicación y vocación hacia el prójimo que se disfruta y se padece, se inventa y se reinventa, que supera las ambiciones terrenales con carácter histórico y visión de futuro.

Pero resulta que la tarea del maestro no es tan sencilla como podría imaginar cualquier mortal, pues se trata de un ejercicio profesional que implica una alta responsabilidad que ha de ser asumida con adecuados niveles de profesionalismo, demanda sensibilidad, comprensión, tolerancia, paciencia, para poder atender las necesidades de aprendizaje de los alumnos imploradas por el entorno social y cultural en el que se encuentran. Como se puede observar la responsabilidad que recae sobre el maestro es muy alta ya que se trata de los formadores de los miembros de la sociedad actual y futura que se formaran y multiplicaran en función de como se conciba y ejecute el proceso de enseñanza aprendizaje, es aquí la principal columna sobre la cual descansa una sociedad. Es que en ese proceso es que se produce la transmisión de los conocimientos requeridos para entender y transformar la sociedad del presente y del futuro.

Para lograr resultados adecuados del proceso de enseñanza aprendizaje, ha de establecerse una politica educativa dinámica en todos los estamentos educativos, es una visión de mediano y largo plazo que requiere involucrar a todos los actores desde el maestro, el alumnado, los padres, la sociedad y el Estado.

El salto hacia el progreso educativo ha de verse como un proceso de carácter estructural y dinámico cuyos beneficios han de expresarse en los cambios en el patrón de actuación de la sociedad en su conjunto.

En consecuencias, ser maestro obliga asumir un compromiso moral y ético con la sociedad, impulsa a una mayor responsabilidad consigo mismo y con quienes tienen el rol de alumno, es un compromiso con el presente y el futuro, es un esfuerzo permanente para adoptar los nuevos conocimientos y transmitirlo.

El maestro es el principal canal por donde ha de transmitirse la orientación a la colectividad, de forma y manera que desde cualquier posición y ángulo de donde se puede orientar, crear y educar, se asume el rol de maestro. ¡Feliz Día del Maestro!

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