Opinión

Como dijimos en nuestra columna anterior “Crónica del Presente”, fue a partir de 1950 cuando quedó definitivamente consolidada la “División Berlanga”, en el orden agrícola y urbano de la Grenada Company. Urbano porque Manzanillo se convirtió en una hermosa ciudad, planificada correctamente, con calles anchas y pavimentadas, con sus aceras y edificaciones en las cuales estaban las oficinas administrativas de mayor importancia. A esto se sumaba la gigantesca construcción del taller, por el cual pasaban las vías férreas, que llegaban al muelle de la bahía de calado profundo, considerado el puerto más seguro del Caribe y Centroamérica, en cuyo seno se protegían las naves que estaban ancladas en el muelle. Para entonces habían entrado en producción exuberante las fincas de Palo Verde, La Cruz, Isabel, Madre, Maguaca, Julián y Jaramillo.

Para entonces también, los Mayorales o encargados de cada una de esas fincas, eran empleados de mucha experiencia en el cultivo del guineo: Osvaldo Lister Bircám, Cuco, Mayoral de Palo Verde y La Cruz, Manuel Matos, Mayoral de Isabel, Domingo Ferreira, antiguo y notable jugador de béisbol, amateur, Mayoral de Madre; Abraham Núñez, Baban Mayoral de Maguaca; Pascual Fernández, Mayoral de Julian y Jose Rafael Bordas, Mayoral de Jaramillo. La División Berlanga, tenía aproximadamente, tres mil personas entre trabajadores agrícolas y personas de otras ocupaciones, así como la jefatura administrativa. En la realidad histórica de este país, ninguna de las empresas extranjeras que se habían establecido en territorio nacional desde finales del siglo XIX, estuvieron establecidas con la capacidad técnica y económica, como la Grenada Company.

Fue a partir de entonces, que ascendieron a un millón doscientos cincuenta mil racimos de guineos “Johnson”, que se exportaban semanalmente al mercado de los Estados Unidos de América, por el puerto de Manzanillo. Esa empresa efectuaba el pago de sus empleados los jueves de cada semana, tanto en Manzanillo como en el escenario agrícola a partir de las siete antemeridiano. La responsabilidad de efectuar ese pago, en un trailer gigantesco organizado como una ventanilla de banco, estaba a cargo de Wenceslao Arvelo, Laito, miembro de una conocida familia de ese apellido oriunda de la ciudad capital. Laito y su esposa María Cristina, en su recuerdo, son personas ligadas por siempre al afecto y cariño del autor de esta columna, quien le sirvió como abogado muchos años después aquí en Santo Domingo.

En 1952, en términos familiares y sociales, se produjo un acontecimiento importante en la vida de nuestra familia: el matrimonio de nuestra hermana mayor, Mercedes Virginia con un caballero oriundo de la ciudad de Santiago llamado Fabio Ortiz, quien era empleado de la compañía, con asiento en Manzanillo en el Departamento de Contabilidad de la empresa. El matrimonio se efectuó en la finca Maguaca, en la cual residíamos por segunda vez, porque habíamos vivido a finales de la década del 1949. Para entonces el autor de ésta columna con dieciséis años de edad cursaba el bachillerato en la Escuela Normal del Municipio cabecera de Monte Cristi. Esa boda fue la primera de la hija de un empleado de la Grenada Company en ese entonces. Nuestra hermana y su esposo fueron a vivir en Manzanillo, en los chalets de la parte baja y luego en un chalet del Cerro donde nacieron sus primeros hijos.

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