Opinión

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, conocido por sus siglas en inglés UNICEF, es un organismo mundial creado en 1946 con la misión de promover la defensa de los derechos de los niños, suplir sus necesidades básicas y contribuir a su desarrollo. Tiene su sede principal en New York y trabaja en unos 160 países. El 28 de junio de 2017 dio a conocer el informe titulado Reducir las diferencias: El poder de invertir en los niños más pobres. Se trata de una investigación comprendida entre los años 2003 y 2016 que incluyó a 51 países responsables del 80% de las muertes en recién nacidos y niños menores de 5 años en todo el mundo. El trabajo indica que de no acelerarse los progresos para reducir la mortalidad infantil tendremos dentro de 13 años un acumulo de setenta millones de niños fallecidos antes de cumplir los cinco años. Actualmente la peor situación la confronta Haití con 25 decesos neonatales por cada 1,000 nacidos vivos, seguido por la República Dominicana con 20 muertes, y luego Bolivia con 16 defunciones. La República de Cuba cuenta con los niveles más bajos, mostrando solamente dos fallecimientos por cada mil nacidos vivos, seguida de Chile y Uruguay con cinco decesos cada una. Luisa Brumana, asesora en Salud de Unicef para Latinoamérica y el Caribe comentó: “Que tengamos casi 200,000 niños que mueren y que esas muertes sean prevenibles es alarmante, eso no debería pasar, hay formas de evitarlo. Los “países deben entender que la inversión no solo es moral porque hay un retorno al evitar la enfermedad y miles de muertes”. Las causas más frecuentes de fallecimientos neonatales en nuestro país son la prematuridad, las infecciones, el distrés respiratorio y las malformaciones congénitas. Las primeras se asocian a trastornos maternos durante el embarazo, principalmente en adolescentes, hipertensas, o diabéticas, así como a patología de la placenta y el cordón umbilical. De ahí la importancia en la evaluación de las defunciones perinatales del materno, la placenta y el bebé. Hay una relación directa entre los niveles pobreza, escolaridad materna y mortalidad infantil. El informe de UNICEF habrá sorprendido a algunos que entendían que en materia de indicadores de salud la República Dominicana mantenía una favorable gran distancia con la vecina República de Haití. Sería bueno que dedicáramos suficiente atención al sistema de salud de la hermana República de Cuba que muestra cifras de solamente 2 defunciones infantiles por cada mil niños nacidos. ¿Cuál es la magia de los cubanos? ¿Cuánto invierten en el sector salud? ¿Cuál es la calidad y la cantidad de recursos humanos dedicados a las atenciones sanitarias? ¿Cuál es el nivel educativo de la población en general? ¿Es difícil acceder a los servicios de salud? ¿Son eficientes, eficaces y oportunos? Las desgracias y calamidades del pueblo haitiano gravitan negativamente sobre la población y el territorio dominicano. El agravamiento de la pobreza, el hambre y las enfermedades en el occidente de la isla ejercen una fuerte presión negativa en el débil sistema de atención hospitalaria de la República Dominicana.

Nada más parecido que un niño y una niña en la miseria, ubicados a ambos lados de la frontera dominico-haitiana.

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