Opinión

La eclosión productiva de la cinematografía dominicana ya está produciendo fenómenos mediáticos que son acogidos con entusiasmo por las masas que asisten a las salas de cine de nuestro país. Por tal motivo esas manifestaciones deben empezar a ser sujeto de interés para los analistas de este arte, pues tales comportamientos tienen orígenes y motivos sociales no comprendidos del todo.

Como críticos, a veces nos quedamos perplejos por el éxito de éstas o aquellas películas, que aún construidas en contra de lo que aconseja el lenguaje y las técnicas fílmicas de rigor, se convierten en un taquillazo que sorprende hasta a los hacedores de ellas. Y no todo ese resultado puede atribuirse a la publicidad avasallante que se emplea.

¿Por qué entonces fracasa otra que suele estar expresamente diseñada para tocar los temas de interés del público -con los actores y la música de moda-, y a pesar de esto no complace a la gente? Lo cierto es que no todas las formulas dan en el clavo. Y es que el gusto de quienes pagan la taquilla es tan voluble como el clima de los trópicos.

El atractivo de un actor hablándote en tu idioma, con los giros expresivos de tu país, es importantísimo pues permite a la gente reconocerse e identificarse. Y sin caer en nacionalismos baratos, es un factor que potencia las ventas, y si encima, se acude a lo popular o populista, contando con una engrasada maquinaria mediática, producirá unos ingresos abultados.

Una industria en proceso de construirse como lo es la dominicana, necesita de esas figuras populares para atraer audiencias que hagan sostenible la producción cinematográfica local. Lo que es una equivocación sería acudir o seguir acudiendo a fórmulas facilistas para atraer a la gente. Porque “hasta la belleza cansa”, como expresa el dicho.

¿De Dónde Vendrán las Estrellas?

La afirmación de que “aquí no hay actrices o actores” por parte de un ejecutivo, y de la cual una periodista se hizo eco y creó una polémica, fue temeraria, situando a ese ejecutivo de espaldas a su responsabilidad en el negocio, la cual es buscar y descubrir a tales actores. De que los hay los hay, y si él no los ve es porque no se toma la molestia de buscarlos en las producciones e instituciones locales.

Lo cierto es que tenemos que elevar la cantidad de actores formados con énfasis en la producción y las técnicas de interpretación específicas para este arte. Que se acuda a los métodos y a las escuelas que se prefieran, pero necesitamos más actores con una comprensión más cabal del hecho fílmico.

A algunos intérpretes, los papeles y la continuidad en las filmaciones les llega más o menos rápido y a otros se les dilata más. De ahí la queja de falta de oportunidades de trabajo o de que “ese actor X con menos talento no merece estar ahí”… etc. Lo que demuestra esta queja es un desconocimiento integral del negocio y una actitud victimista de quienes la externan.

La vida no es justa y se dice que el cine refleja la vida. Le oí decir a cierto escritor que “el poder no se cede y que tienes que arrebatarlo si quieres llegar a él”. Un consejo que podría ser útil para esos jóvenes actores inconformes con el status quo. ¿Quieres el puesto de esa figura? ¡Fájate y lucha para llegar adonde él o ella están! Lo otro es padecer el mal de los mediocres: la queja permanente.

La popularidad de Fausto Mata, Raymond Pozo o Miguel Céspedes, es incontestable a nivel de resultados, y su valía en el mercado está más que probada, gústele o no a mucha gente, al igual que la productividad de Robertico Salcedo. Esas figuras no han llegado ahí fácilmente, y si usted quiere sustituirlos, tiene que rendir financieramente como ellos.

Cuando un joven talentoso, pero carente de paciencia reclama una oportunidad, suelen acudir a mi memoria los ejemplos de Gerardo -El Cuervo- Mercedes, Mario Núñez, Ruth Emeterio, Johnnié Mercedes ,Jean Jean o Luis Del Valle, actores que han tenido que recorrer un largo camino para llegar adonde están, a pesar de su innegable talento interpretativo.

La industria del cine dominicano es un edificio en construcción, con todas las virtudes y defectos de las cosas que están en proceso. Las búsquedas para la afirmación de una estética que nos identifique y coloque exitosamente en la pupila del espectador y en las pantallas nacionales e internacionales están en camino, y las estrellas de nuestro firmamento irán ascendiendo en la medida de la solidez de nuestras propuestas.

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