Opinión

Dice un viejo proverbio chino que “Cuando soplan los vientos del cambio algunas personas construyen grandes paredes para protegerse y otros construyen grandes molinos para aprovechar los vientos.”

Tenemos un gran problema político. Frente a la disrupción que la cuarta revolución industrial está ocasionando en nuestro sistema político, en vez de mirar hacia adelante y hacia adentro, para ver lo que viene, mitigar las amenazas y aprovechar las oportunidades, estamos mirando hacia atrás y hacia afuera; hacia las enseñanzas de los líderes y profesores de la política del siglo 20 y del siglo 19 de nuestro país y del extranjero. La clase política nuestra está construyendo paredes para protegerse con la Ley de Partidos e ignorando los vientos del cambio; y eso nos va a costar caro a todos.

Aquellos líderes políticos del pasado fueron grandes en su momento y su liderazgo fue exitoso por que comprendían mejor que nadie el espíritu de sus tiempos. Pero esos tiempos pasaron y ahora estamos ante una revolución tecnológica de la información y la comunicación y por ende ante una nueva cultura, digital, que solo los líderes políticos que la entiendan y la sepan aprovechar serán los más seguidos y apoyados por los votantes.

Esta disrupción tecnológica y esta crisis política nos ofrecen una oportunidad extraordinaria de realizar algunos grandes cambios fundamentales a nuestro sistema político.

El primer gran cambio fundamental que necesitamos hacer es reducir la edad de votación a 15 años. El argumento más fuerte es que los jóvenes de ahora tienen más conciencia cívica y política que la que tenían las mujeres cuando obtuvieron el derecho al voto y que la que tenia el electorado dominicano cuando empezó a votar libremente después de Trujillo. Además, bajar la edad del voto a 15 años enfocaría más a los políticos en los dos millones de jóvenes votantes que entrarán al electorado y que son nuestro futuro.

El segundo gran cambio fundamental que necesitamos hacer es transformar nuestra democracia representativa en una democracia más directa, otorgándole a todos los ciudadanos el derecho a votar en el congreso, directamente, desde cualquier teléfono de línea o inalámbrico, celular, tableta o computadora desde cualquier lugar del país, en el mismo momento en que lo hagan los legisladores que supuestamente los representan; prevaleciendo la voluntad del electorado por arriba de la de sus representantes cuándo los legisladores voten en contra de lo expresado por su electorado.

Cuando no había medios de transporte y comunicación rápidos tenia sentido el hacerse representar ante un congreso en la capital a través de legisladores; pero en esta época ya no hay necesidad de que el electorado se haga representar porque ahora ya tiene los medios para comunicar sus preferencias políticas directamente al congreso. Dejemos que todo aquel ciudadano que desee votar en el congreso, pueda hacerlo, insertando su cédula y dos claves de seguridad, a favor o en contra de las decisiones de sus senadores y diputados y que los resultados sean tabulados en pantallas electrónicas al lado del voto de sus representantes, para que cuando el voto de cada legislador sea incoherente con el voto de la mayoría de su electorado provincial o municipal, prevalezca la voluntad del electorado por arriba de la de sus representantes, fortaleciendo una democracia más directa.

El tercer gran cambio fundamental que necesitamos hacer es destronar y desempoderar a la clase política y ponerlos en el lugar que les corresponde como servidores públicos, sin privilegios ni permisos para usar a otros empleados públicos, ni activos ni fondos públicos para su uso personal. Cada despacho y cada vehículo que utilizan los servidores públicos debe estar dotado de cámaras con micrófonos que graben continuamente 24/7 lo que en esos despachos y vehículos ocurran. Cada vehículo del Gobierno Dominicano debe estar rastreado 24/7 y no debe ser usado para fines personales por los empleados públicos. Así mismo, toda computadora, teléfono propiedad del gobierno y asignado a un empleado publico debe ser rastreado 24/7 y sus conversaciones de audio, visuales y de texto grabadas automáticamente en servidores en la nube para posibles referencias futuras. Esos despachos y esos equipos no son propiedad de esos empleados y funcionarios; son del pueblo y el pueblo tiene todo el derecho de regular su uso, evitar su abuso y de exigir un registro digital de todo lo que se hable, escriba y vea en esos despachos y equipos. Tenemos la capacidad tecnológica y debemos usar las tecnologías de la información como mecanismos fiscalizadores en la lucha contra ese tipo de corrupción.

Empoderemos más a la juventud lo más pronto posible, empoderemos al pueblo para que pueda votar directamente a favor o en contra de las decisiones de sus legisladores y destronemos a la clase política y pongámosla al servicio de los ciudadanos. No dejemos pasar esta oportunidad; aprovechemos la crisis política para avanzar hacia una nueva nación, de ciudadanos más empoderados y más libres.

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