Opinión

El 16 de agosto de este año el presidente República Danilo Medina arriba a sus cinco años al frente de la conducción del Gobierno y el Estado dominicano.

Durante este lustro son muchas las cosas que se escucharán, escribirán y hasta se inventarán en torno a lo que ha sido un periodo de muchas luces y como no algunas sombras.

Como toda obra de Gobierno, para muchos es más de lo mismo, para otros, en cambio, es una gestión colmada de realizaciones y avances importantes en el ámbito material y espiritual en beneficio del pueblo dominicano.

Pero que acontece, al día de hoy para muchos la figura del presidente Danilo Medina está colocada en el círculo exclusivo de mandatarios latinoamericanos y del mundo mejor valorado atribuido esto a una acción de Gobierno enfocada y meticulosamente regenteada.

Para otros, estos cinco años de ejecución presidencial de Medina le ha servido para la consolidación de su figura de servidor público entregado, focalizado, laborioso y poco distraído de los alaridos irracionales de las calles.

Amplios sectores sociales reconocen en el hábil y experimentado político una praxis política sin igual la que le ha permitido navegar durante este periodo de tiempo con una relativa calma y una disminución casi total de la oposición política formal.

Estiman asimismo, en la dirección anterior, que ni el escándalo de Odebrecht y los acosos y asedios de las insistentes movilizaciones sociales han podido turbar su agenda presidencial y seguimiento meticuloso a los micro y macros proyectos sociales de impacto del Gobierno en todo el territorio nacional.

Ahora bien, el balance final de su gestión de cinco años no puede ser medido en su justa dimensión este 16 de agosto, sino que, el balance positivo o negativo podrá medirse cuando su obra termine de fructificar en estos tres años de mandato presidencial que le quedan. Lo demás sería apresurado y poco serio.

No soy alabardero de nadie, que quede claro, lo que estoy planteando en esta reflexión es el humilde criterio de un observador social que ejercita su derecho a decir lo que piensa no importa los rayos y centellas que caigan sobre sus cabezas.

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