Opinión

El camino al ascenso en los niveles socioeconómicos está lleno de sueños que en ciertas ocasiones nos golpean hasta casi quitarnos la vida o los deseos de disfrutar de ella. El medio ambiente en que se desarrolla la trama de Sambá es una ilustración de la dificultad de subir peldaños en esta sociedad isleña.

Algunos de los escalones para estos sectores desfavorecidos económicamente buscar una mejoría son los deportes o la emigración. El deporte está más a la mano, pero tampoco es un medio seguro, y la emigración es una lotería que puede premiarte, dejarte sin nada o con grandes desgarramientos internos.

Lo interesante es el encuentro de dos migrantes víctimas de sus naufragios personales, ambos con íntimas derrotas a sus espaldas, porque eso son Cisco y Nichi, dos derrotados en el ring de la existencia terrenal. Su lugar de habitat es el barrio, más bien un purgatorio, una antesala de la que no saben si podrán salir.

Sambá desgrana la historia de Cisco -un deportado-, su madre alcoholizada y su hijo abandonado, hoy delincuente. Dentro de ese futuro muy oscuro, Cisco conoce a Nichi, un italiano que alguna vez fue una gran promesa del boxeo en su país, quien le ve condiciones y decide entrenarlo. Con dos intenciones, una, para salir de sus deudas con los delincuentes habituales, y dos, a la espera de que el diamante en bruto de un golpe que le resuelva el resto de su vida.

Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas dirigen este film con el guion y la actuación de Ettore D´Alessandro y un elenco que incluye a Algenis Pérez Soto, Laura Gómez, Ricardo Ariel Toribio, Ricardo Bardellino, Gerardo -El Cuervo- Mercedes y Jalsen Santana. También actúan los campeones mundiales de boxeo Félix -Mangú- Valera y Joan Guzmán.

Sueños Isleños Frustrados

Esta pareja de directores de Dólares de Arena, emprende su primer proyecto con guion ajeno. En este caso, logran aportarle su mirada y su saber hacer hundiendo el bisturí en una realidad social, mostrándonos por algunos momentos una fotografía del estado de cosas en los niveles más bajos de la sociedad dominicana.

Ese círculo vicioso del boxeo en que se mueven Cisco (Algenis Pérez Soto), Nichi (Ettore D´Alessandro) y Luna (Laura Gómez), lleno de sombras y manejos turbios, pudo ser redondeado de forma más contundente sin unas ciertas zonas difusas en la narración de la historia. Algenis va creciendo en su personaje (Cisco) y se desarrolla hasta donde se lo permite el guion.

Ettore D´Alesandro se introduce en la piel de Nichi, dándonos el retrato descarnado de un sobreviviente a la tragedia vital de la fama, un barco a la deriva que ha venido a recalar a los bajos fondos tropicales, metiéndose en problemas por su estilo de vida. Nichi es un migrante de los oropeles más que de un país.

Leury (Ricardo Ariel Toribio), vuelve a demostrar sus cualidades naturales para la actuación, en un personaje complejo, aquejado de la falta de referencias paternales y maternales, cosas que lo empujan a la delincuencia como método para sobrevivir y como alternativa a unas carencias existenciales inmensas.

A Suarez (Gerardo -El Cuervo- Mercedes), el capo de la película, le faltó cancha para desarrollar a profundidad un personaje del que solo vimos pinceladas muy ligeras, un entrar y salir de la acción de forma muy escueta, rápida, que no nos dejó sentir su maldad de forma más vehemente.

Es notable el manejo que lograron Laura Amelia e Israel en los combates de boxeo, haciéndonos sentir el sudor, la sangre y la violencia encima del ring, con un manejo casi documental de los encuadres y los movimientos, un gran trabajo que ejecuto el DP Andrei Bowden Schwartz.

Sambá abre, eso sí, un enfoque analítico interesante del deporte y de ese subsuelo social de donde salen los deportistas, al margen del tratamiento usual en nuestro cine. Estos directores dotan de un sustento de cotidianidad a sus personajes, de modo que sabemos de dónde vienen y cuál es su forma de ver la vida.

Esta es una película donde los personajes intentan redimirse, aunque algunos fracasan en el intento, pues están luchando con fuerzas superiores a ellos. Sambá se tiñe de inmigración y emigración, de familias disfuncionales, del ser humano contra su medio social, sin caer en falsos discursos positivistas. Ese es un mérito atribuible a sus directores, Laura Amelia e Israel.

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