Opinión

Tengo dos amigos, un hombre y una mujer, ambos se conocen y tienen en común al menos dos cosas, son del mismo partido, a la vez de ser comunicadores. Él escribiendo comunica muy bien, ella, mejor aun hablando, pero en fin, opinadores, más que militantes.

El largo ejercicio profesional les ha ayudado a superar muchos obstáculos, pues se pasan todos los días del año haciendo opinión pública en forma conjunta, no tienen miedo escénico, son expertos en comunicación; pero pese a esas cualidades, ella no ha sido capaz de decirle algo a su colega que considera importante, diría yo, vital en su labor profesional.

Los factores que sirven de común denominador a los amigos, ser miembro del mismo partido y comunicadores, no han sido suficientes para vencer el miedo en ella y atreverse a decirle a él, lo que quiere que sepa; pero ella que no tiene nada de tonta, ha encontrado la forma de hacerle llegar, al amigo común el mensaje, que durante al menos cuatro años ha callado.

Llegó ese momento y el vehículo para hacerlo, yo, el autor de este artículo, que no es comunicador; pero para ello se toma su tiempo, una pausa y hasta respira, sin llegar a lo profundo, porque sabe que haciéndolo así su tiro será perfecto, certero; no obstante estar lejos de ser francotiradora; mientras, les aseguro que no es conservadora, es aguerrida, vehemente, casi lanzadora de piedras, pues para eso no necesariamente se es focal.

En el ínterin, él sigue haciendo lo que sabe hacer, con frecuencia escribe sin que le paguen, lo hace por convicción y disciplina, ambos son Boschista, pero ella un poco menos que él. Como escribe motivado por las cualidades ya indicadas, no cobra por hacerlo, mucho menos le pagan en forma voluntaria, se la pasa defendiendo y justificando todo lo que hace el gobierno en materia de la especialidad del escribidor, esa es la razón que tiene quillada a su amiga.

El quille no es porque no media nada metálico, ni tampoco porque hay ausencia de condecoración, expresión de reconocimiento, el quille es, porque entiende que si lo hace, no lo haga tan bien, que le deje a los actores protagónicos, hacedores y ejecutores de las políticas públicas, que lo hagan ellos; aunque creo recordar que estaba más convencida de ser ejecutores y que los hacedores son otros, operan como consultores, pero no de gratis, son contratados por asunto de formalidad y control interno.

Al final, este es el mensaje del que he sido emisario: «dile a muestro amigo que el gobierno no se defiende tan bien, como lo hace él con ellos. Al escucharla detenidamente, no salí corriendo a decírselo, natural, también me tomé tiempo para decírselo, cuánto, en ese momento no sabía.

Después de transcurrir los cuatro años señalados, pasaron otros siete meses y siete horas para decírselo a él, no sólo porque me tomé tiempo; sino porque él se la pasaba escribiendo para defender al gobierno de su partido y no aparecía ni en Twitter, ni en Instagram, ni en WhatsApp, tampoco en Telegram, vía más segura, y mucho menos en el BlackBerry pin, el más seguro de todos; pero lo encontré.

Al encontrarlo, aproveché la oportunidad, le dije lo que ella quería que le dijera y no se atrevía, ¿y sabes lo que me respondió, sin la dilación del tiempo que ella y yo perdimos?… Si te tocan limones, has limonadas, pero hazla bien.

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