Opinión

Cuando dentro de varias décadas veamos cómo evolucionó la República Dominicana a inicios del Siglo 21, vamos a descubrir que la cuarta revolución industrial provocó en el país tres transformaciones fundamentales que le ofrecieron a millones de dominicanos nuevas oportunidades de negocios y empleos. Primero, la aceleración del proceso urbanístico de nuestras dos principales ciudades, segundo, la incorporación plena de la mujer al mercado laboral nacional, y tercero, el surgimiento de una conciencia colectiva digital.

La República Dominicana inició un proceso de urbanización a mediados del siglo 21 que transformó al país y que se está acelerando. Hace cincuenta años la mayoría de los dominicanos vivía en el campo y ahora la mayoría ha emigrado a la ciudad, hoy más de siete de cada diez dominicanos viven en cuatro grandes urbes: la Capital, Santiago, San Cristóbal y La Vega. Dentro de solo quince años nueve de cada diez dominicanos vivirán en solo dos ciudades: la Capital y Santiago. La Capital necesitará trenes para transformar a San Cristobal, Villa Altagracia y Boca Chica en ciudades satélites y Santiago necesitará un Metro.

El impacto de la cuarta revolución industrial acelerará esta urbanización y la demanda de agua, energía, construcción, transporte y comunicación de la clase media emergente de estas dos ciudades crecerá exponencialmente. Ante la imposibilidad de los ayuntamientos y el gobierno suplir estas demandas, surgirán graves crisis de escasez de estos servicios y emergerán millares de nuevos negocios lucrativos para suplir esas necesidades.

En cuanto a la incorporación plena de la mujer al mercado laboral y al mundo de los negocios, la cuarta revolución industrial y la urbanización acelerarán aún más este proceso y cerrarán la brecha con más oportunidades de empleos, mejores salarios y nuevos negocios disponibles para mujeres. La proporción de mujeres, en relación a los hombres, graduándose de nuestras universidades y ocupando cada vez más puestos directivos medios y superiores que los hombres en las empresas públicas y el gobierno aumentará notablemente.

Para entender mejor el impacto que tendrá la incorporación plena de la mujer al mercado laboral urbano ganando mayores salarios, imaginemos que al mercado laboral de la Capital entrarán tantas mujeres como la población entera de Santiago.

Y al mercado laboral de Santiago entrarán tantas mujeres como la poblacion entera de San Cristóbal, La Vega y Villa Altagracia. El impacto económico, social y político de esta disrupción transformará profunda y ampliamente a la sociedad dominicana. Tendremos muchas más mujeres, al frente de muchas empresas y grandes grupos empresariales, así como al frente de los partidos políticos, el congreso, la justicia, los gabinetes y en la Presidencia de la República. Y el país habrá cambiado para siempre.

Pero quizá el más importante impacto de la cuarta revolución industrial sobre los dominicanos será el surgimiento de una conciencia colectiva digital nacional. Ya estamos viendo cómo está emergiendo lo que eventualmente podríamos llamar un cerebro digital nacional. Está tan a la vista que pasa desapercibido; pero cada teléfono móvil, cada computadora y cada artefacto electrónico interconectado está sirviendo como neuronas de esa consciencia colectiva digital.

Cada cámara es como un ojo, cada micrófono como un oído, cada audio una voz, cada memoria recuerdos, cada pantalla una ventana; y cada día hay más y más información siendo comunicada por más y más gente sobre todo lo que está ocurriendo a lo largo y ancho del país. En menos de una década la cantidad de Big Data que generará el país abrirá nuevos mercados para todos aquellos que sepan procesarla y convertirla en inteligencia útil para todos los negocios del país, que en su gran mayoría serán negocios digitales.

En ese futuro cercano todos sabremos más que antes de todo y sobre todo el mundo. Perderemos privacidad pero ganaremos mucho más en seguridad ciudadana y bienestar. Y las implicancias sobre la relaciones de poder entre los dominicanos se habrán invertido. El poder se concentrará en la Capital y en Santiago como nunca antes, las mujeres estarán ejerciendo más poder que los hombres y los ciudadanos mejor informados y comunicados ejercerán una democracia más directa y habrán desapoderado significativamente a la clase política.

El ciudadano será el soberano y la República Dominicana se habrá transformado en una mejor nación.

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