Opinión

El cine bélico es un género que nos ha deparado obras maestras, grandes películas y desastres de mayor envergadura que el Big Bang con que se creó el universo. Los directores que deciden adentrarse en este tema se enfrentan a tópicos, que por conocidos, corren el peligro de caer en lo insustancial o lo muy visto, aburriendo al espectador.

Christopher Nolan aborda un episodio de la Segunda Guerra Mundial que tenía los visos de convertirse en un desastre para los británicos y las tropas aliadas. En Dunkerque (Dunkirk), este director elige un estilo de narración en “puzzle” que ha dejado confundida a mucha gente. Sus tres partes independientes: El aire (aviones); La tierra (en la playa); y El mar (la evacuación por la Marina), forman un tríptico que se va acortando hasta convertirse al final en un conjunto compacto.

Con un balanceado elenco entre pocos conocidos actores y algunos de mayor envergadura, la película cuenta con Fionn Whitehead, Anburin Barnard, Barry Keoghan, Mark Rylance, Tom Hardy, Kenneth Branagh, James D ’Arcy, Cillian Murphy y Harry Styles, para desempeñar los papeles importantes en una de las evacuaciones más famosas de la historia.

En una esquinita de Francia se encuentran atrapados 400,000 soldados británicos, franceses y belgas, en lo que prometía convertirse en una catástrofe para los aliados y una gran victoria para el ejército Nazi. La película muestra la ‘Operación Dinamo’ implementada por el primer ministro Winston Churchill para rescatar a esa enorme cantidad de combatientes.

Dunkerque no va a decepcionar a quienes vayan a buscar el drama sicológico que se esconde en acontecimientos como éste que a menudo son dejados de lado, asumiendo una espectacularidad formal o un historicismo de libros caducos. Quienes sí podrían sentirse incómodos son aquellos amantes de la historia que busquen recolección de datos precisos.

Sangre, sudor y lágrimas

El filme se centra en ese deseo de sobrevivir, ese egoísmo descrito en la escena de los soldados encerrados en una embarcación belga, esperando a que suba la marea para flotar, pues todos desean volver a casa, pagando el precio que sea y sin hacer el remilgo de apelar a la dignidad de los medios para lograrlo. Un valor en baja cuando estalla una guerra.

Nolan elige una estructura coral que se impone a los protagonismos del soldado Tommy (Fionn Whitehead), a la flema del Comandante Bolton (Kenneth Branagh), al valeroso piloto Farrier (Tom Hardy), al templado sacrificio de Mr. Dawson (Mark Rylance), a Peter (Tom Glynn-Carney) y a George (Barry Keoghan). Y por encima de todos la interpretación naturalista de Harry Styles como el soldado Alex, aunque nunca su oímos su nombre.

Esta no es la tradicional película bélica que se centra en la acción, pues además de la supervivencia, maneja un patriotismo minimalista muy lejos de la apología a la superioridad moral de una nacionalidad. En Dunkerque no encontramos más que seres humanos en shock y abrumados por la dureza de la guerra, como ese soldado que encarna Cillian Murphy.

Los combates aéreos de los Spitfire ingleses contra los ME-109 o los Heinkel alemanes, y el hundimiento de los barcos de rescate por los submarinos Nazis, gozan de una gran mesura y se integran armoniosamente al conjunto de angustiosas experiencias vitales en un maridaje dramático que ayuda a la profundidad de la película.

El suizo Hoyte Van Hoytema dirige la fotografía en IMAX, sin alardes de preciosismo ni movimientos de cámara espectaculares, muy a tono con la estética narrativa elegida por el realizador. El montaje de Lee Smith es una preciosa labor de amor hecha con la precisión de un cirujano y probablemente le acarreará un Oscar por la pericia técnica que desarrolló allí.

Hans Zimmer descuella con una banda sonora que se integra en la película como si de otro personaje se tratase, al igual que ese sonido trabajado por Peter Albrechtsen y su equipo. Ambos apartados podrían ser reconocidos por la Academia en base a estos aportes. Ni la música ni el sonido hacen aquí de cubre faltas o apoyo ilustrativo, porque son tratados como elementos dramáticos de importancia.

El señor Nolan nos ha sorprendido gratamente al construir un filme que mira la historia desde el punto de vista del sufrimiento del soldado, despojando las acciones de lo superfluo y centrándose en la angustia sicológica que transmite con efectividad, sin dejarnos tranquilos en ningún momento. En sus 106 minutos no existe un instante de desperdicio, salvo por esa concesión a la galería que es una parte del paseo aéreo final del Spitfire.

Dunkerque (Dunkirk), podría ser criticada por los amantes de la precisión histórica o los fans de la acción desenfrenada, pero el director ha preferido basarse en la parte como representación del todo y poner el acento en los efectos traumáticos que la guerra produce en los individuos. Si la historia no lo absuelve, es probable que los espectadores sí.

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