Opinión

Para quienes hemos disfrutado la inmensa satisfacción de sobrepasar la media de vida poblacional criolla, representa una dicha enorme el poder ubicarnos sobre la cima del pico Duarte y echar un vistazo al gran trayecto recorrido, espacio que no hemos de volver a pisar. Han cambiado los tiempos, las circunstancias y las personas. Compañeros y compañeras han sucumbido en la ruta, otros han contraído males crónicos con sus amargas secuelas. Los hay que han quedado sin memoria, pero todos, sin excepción alguna hemos vivido apegados a un gran optimismo y un sano anhelo de bienestar, paz y seguridad personal y colectiva. Ayer fuimos hijos, ahora somos padres y abuelos, seguimos soñando con dejar en herencia una tierra y un ambiente ricos en agua potable, alimentación abundante y sana, educación y salud con un profundo sentimiento de amor universal fortalecido con el bello pensamiento martiano de que Patria es humanidad. Siendo la mente la fuente primaria de nuestras ideas, no podemos olvidar que el todo engloba la parte y que primero se da para luego recibir.

Este amplio preámbulo lo hacemos porque miramos con ojos de preocupación el momento histórico que vive la nación dominicana. Oímos con pena a mucha gente joven decir que su máximo objetivo es abandonar el suelo donde nacieron en búsqueda de mejores oportunidades de vida. Cada día es mayor el número de personas que cierran los ojos a la dura realidad, por lo que se sumergen en el iluso mundo de la fantasía y el engaño. Los enorme avances tecnológicos del presente son utilizados como escape y negación del lugar y momento en que habitamos. Ahora nada es real y todo es virtual. Estamos enredados, endeudados, desmoralizados y convertidos en agentes de un consumo desmedido que tendrá como resultantes catastróficas consecuencias en el porvenir de la nación. El miedo nos induce al engaño colectivo, y por ende, a la posposición de una cura efectiva, a cambio de un alivio costoso y momentáneo.

Hoy como nunca resultan sabias y esclarecedoras aquellas palabras del patricio Juan Pablo Duarte cuando en una de las tantas circunstancias difíciles que le tocó vivir dijo: “Nunca me fue tan necesario tener alma corazón y vida, hoy que hombres sin alma y sin corazón conspiran contra la salud de la patria”.

Al acercarse otro aniversario de la gesta restauradora dominicana es bueno recordar el histórico discurso pronunciado en Capotillo el 15 de agosto de 1963 por Juan Bosch, presidente constitucional de la República, en el cual expresaba: “En la vida de los hombres de acción, sean guerreros, libertadores, sean políticos, sean agricultores, sean industriales, una derrota no significa sino eso: una derrota. Pero el año tiene 365 días y a la derrota de hoy pueden seguir 364 victorias, y por eso al hombre de acción, sea guerrero o libertador, sea agricultor, sea industrial, no se derrota nunca mientras esté vivo… Esta es la hora de pensar unidos , en silencio y con gratitud en el ejemplo de los hombres gracias a los cuales nosotros podemos reunirnos hoy aquí… Ellos se unieron resuelta y valientemente ante un enemigo poderoso; los dominicanos deben unirse y luchar resuelta y valientemente contra la miseria, contra la ignorancia, contra la maldad, contra la enfermedad”.

La patria sigue enferma, no dejemos que muera la fe en su cura y redención.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas