Opinión

En las últimas dos décadas los enfoques acerca del desarrollo económico de los países han variado de manera considerable ya que se han incluido múltiples variables que son muy ponderada para plantearse la superación de la etapa en que transitan las economías, en particular, las emergentes. Pues se trata de como superar los flagelos sociales que perturban el bienestar de los seres humanos, como son la pobreza y sus consecuencias como los problemas de educación y salud.

En tal sentido los nuevos enfoques de la economía con el criterio de lo que se conoce como el desarrollo sostenido. Esto es una reorientación del desarrollo con crecimiento y estabilidad que permita que las generaciones futuras puedan disfrutar de los mismos recursos medioambientales de las generaciones precedentes y que consiste en lograr el crecimiento presente sin sacrificar las posibilidades de desarrollo futuras.

Pero es que el desarrollo sostenible se basa en satisfacer las necesidades del ser humano en el presente y el futuro. Esto implica que no se debe abusar de ellas y cuidando el obtener solo lo necesario para que las generaciones futuras no se vean afectadas y puedan satisfacer con la misma facilidad sus necesidades y la duración de todos nuestros recursos en el largo plazo, es decir, que sea sostenible mientras los seres humanos se desarrollan a escala planetaria.

Tal preocupación por una nueva visión sobre el desarrollo está fundamentada en el hecho de que el planeta ha entrado en una sobre población que alcanza 7,200 millones de seres humanos, con un crecimiento absoluto de 75 millones anual, cuya proyección es de 9,000 millones de cara al 2020, lo que presiona la economía en cuanto a la colocación en el mercado laboral, un lugar donde habitar, alimentarse y progresar económicamente.

Pero resulta que esa realidad se ha venido produciendo en un mundo cada vez más globalizado e interconectado a través del comercio, las finanzas, las tecnologías, los flujos migratorios, las redes sociales y los flujos de producción que alcanza un PIB de alrededor de la temible cifras de 90 billones de dólares. En adición, está el hecho en que la economía mundial transita desde el 2007 por una crisis que no ha logrado superar, lo que ha impulsado una mayor desigualdad que se traduce en una amenaza significativa a nivel del globo terráqueo.

Estas amenazas están demostradas en el hecho irrefutable de que la humanidad tiene una alta dependencia de la naturaleza para la obtención de alimentos y agua para la supervivencia y protección del medio ambiente, así como el cambio climático. La preocupación es fruto de que existe una mayor interacción de la economía mundial, la sociedad global y el medio ambiente, lo que se traduce en que la economía global ha estimulado una crisis gigantesca crisis medio ambiental.

Por igual, la actual revolución digital afecta a todas las actividades económicas y sociales, está transformando la producción, el comercio y la distribución de bienes y servicios, determinando, en definitiva, nuestra capacidad de transitar hacia el desarrollo sostenible. La producción estará cada vez más concentrada en algunas grandes empresas con presencia mundial y los mercados se volverán cada día más fragmentados. En el siglo XXI, el enfoque del desarrollo con un enfoque de sostenibilidad, parte del criterio de que el mismo estará en función de que la economía, la sociedad, el medio ambiente y la politica han de orientarse de una manera coherente y armónica para alcanzar el mismo donde los diferentes actores han de conducirse abrazando la institucionalidad. Esa racionalidad ha de implicar la buena gobernanza, la aplicación de leyes acorde al desempeño económico y criterios empresariales con sentido social para preservar el orden democrático, sobre la base de implementar políticas económicas más audaces que procuren desmontar la evasión impositiva prevaleciente.

Interpretando esos desafíos, hay que resaltar que el caso de América Latina y el Caribe enfrentan el panorama económico internacional más sombrío desde 2009. La persistencia tanto de la especialización en recursos naturales como de una estructura productiva de baja tecnología con externalidades ambientales dificulta que la región pueda encontrar una salida en lo inmediato si persiste la actual panorámica.

En tal sentido, la región debe profundizar la integración económica y tecnológica para avanzar hacia un espacio integrado con reglas comunes para promover y fortalecer el comercio intrarregional y apoyar la producción sostenible desde el punto de vista ambiental y la diversificación de las exportaciones. Por tanto, no se puede obviar que más del 80% de la población de América Latina y el Caribe vive en ciudades y eso la convierte en la región más urbanizada del mundo.

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