Opinión

¿De dónde viene la idea de la fusión dominico-haitiana?

En esta última entrega, quiero dedicarme a explicar -entre otras cosas- de dónde viene la idea de la fusión de las naciones que comparten la isla “La Española”, para que los que han seguido las reflexiones que hemos estado exponiendo a través de siete entregas publicadas con la intensión de ayudar a los jóvenes en su formación cultural, a través de los procesos históricos que han venido aconteciendo desde 1801 en la isla, cuando un osado personaje de la historia universal que respondía al nombre de Toussaint Louverture pasó de ser el cochero de una familia militar francesa en la colonia de Saint Domingue a gobernador y con ese título auto otorgado, inicio la vigencia del tratado de Basilea, firmado en 1795 entre España y Francia, en donde la primera cedía a la segunda el territorio de habla hispana, para que asumiera el control de toda la isla denominada por Colón como “La Española”.

Dos prestantes y distinguidos ciudadanos dominicanos son los autores de la idea. El primero en exponer sus criterios al respecto fue el Doctor Joaquín Balaguer en el año 1941 en su libro “La realidad dominicana” y en 1983, reitera con criterios más acabados la idea en su libro “La isla al revés”. Lo que a grosso modo se plantea en ambos textos es el otorgamiento de igualdad de derechos a dominicanos y haitianos en todo el territorio de la isla, a través de la creación de una nación confederada.

Para nadie es un secreto que el fundamento de las ideas del doctor Balaguer no son ideas anti dominicanas, sino todo lo contrario. Pero él fue el que lanzó la propuesta en su tesis sobre la fusión e incluso el presidente Trujillo tuvo en sus manos dicho proyecto.

Desde la página 219 hasta la 231del texto “La isla al revés” el doctor Balaguer plantea su idea sobre la confederación de estados entre República Dominicana y Haití, con la finalidad de “mejorar las relaciones políticas y comerciales.” Pero la propuesta veía también, la posibilidad de mejora en los aspectos del “ejercicio de los derechos ciudadanos” de ambos grupos de ciudadanos, es decir de dominicanos y haitianos a través de la “administración de un gobierno a ambos lados de la isla” que compartimos. Esta publicación fue tirada en la Editora Corripio, año 1983.

Al seguir investigando documentos publicados, leídos y olvidados, nos encontramos con otro personaje dominicano que planteó la misma idea, se trata del filósofo Ramón Rafael Casado Soler, una persona perseguida por el régimen trujillista. Con él podemos decir, que no solo un servidor en la corte del generalísimo planteó la idea, sino que también un cívico, letrado y reflexivo anti trujillista, propuso con mayor precisión argumentativa y estructural la fusión entre ambos estados.

Amado Soler levanto su idea en dos ocasiones, la primera en su tesis de grado de filosofía en la otrora Universidad de Santo Domingo y en ocasión de la reunión binacional, desarrollada en Elías Piña en el año 1951, entre los presidentes Rafael L. Trujillo y Paul E. Magloire.

Lo que acabamos de decir no debe confundir al lector respecto a nuestra posición frente a la migración ilegal, no solo la que viene desde Haití, sino toda la migración debe ser controlada por el Estado Dominicano de una forma profesional y de acuerdo a los tratados internacionales. Pero en ese sentido, creemos que deben aplicarse reglas claras de acceso a nuestra nación, especialmente la entrada y salida de nuestro territorio de los vecinos de mayor cercanía, porque ellos son nuestro mayor reto de control por todo lo que significa para nuestro avance económico y social.

Siendo sincero, si yo fuera haitiano saldría de Haití para cualquier país y como no existen más fronteras, la primera opción sería República Dominicana. Ahora bien, debemos cambiar la situación actual, porque aquí entra el que quiere y se queda el que quiere, no importa su nacionalidad, porque nos hemos convertido en un paraíso migratorio y eso no debe seguir siendo de esa manera, debido a que nos perjudica en cuanto al costo social de esa migración.

Viendo otra cara de ese gran reto, observamos cómo se benefician algunos sectores económicos de ese desorden migratorio, en perjuicio del jornalero y del obrero dominicano, que no trabaja en las condiciones en que los haitianos y otros migrantes lo hacen.

Los empresarios de la construcción y todos los negocios periféricos a éstos, son grandes beneficiarios de la falta de control por parte del Estado, porque se quedan con los beneficios colaterales que trascienden los bajos salarios, es decir, el seguro en todas sus aristas y los impuestos que no pagan al fisco cuando los ilegales son sus trabajadores. Lo mismo sucede con los empresarios agrícolas y con las personas que trabajan en casas de familia, en el transporte o en la seguridad privada. Todo esto envuelve un alto costo social acumulado al desempleo de dominicanos desplazados de sus puestos de trabajo.

Los retos son grandes y perentorios para nuestro avance económico y social, por esa razón debemos fortalecer nuestras reglas migratorias, especialmente la inmigración haitiana, porque el gasto del gobierno nacional por concepto de esa migración viene perjudicando nuestra renta y nuestro bienestar social, para muestra un ejemplo: sobre el 30% del costo social en la inversión en salud se gasta solo en las parturientas haitianas y eso no puede seguir ocurriendo y mayormente cuando descubrimos, que lo que se invierte en pesos dominicano son unos 800 mil millones de pesos y el 30% de esa cifra es más de un tercio del total, es decir unos 3,200 millones en los haitianos en detrimento de los ciudadanos dominicanos, a los que solo les quedan unos 4800 millones de pesos para su atención en salud.

Pueden decir que inversión en salud del Estado es de unos 90,000 millones, pero de esa suma solo 8,000 millones se invierten en realidad en la salud de la gente, porque el resto es de nómina y material gastable de la burocracia del sector.

Quiero volver a Edgar Morín, a quien cité en el primer artículo de esta serie, para recordar al lector, que él nos regaló la noción de “pensamiento complejo” y lo hizo para referirse a la capacidad de interconectar distintas dimensiones de lo real. Es decir, que ante los procesos en donde emergen una serie importante de hechos o sucesos multidimensionales, muy interactivos y con unos componentes aleatorios -que pueden llegar a ser azarosos- el sujeto se ve obligado a desarrollar una estrategia de pensamiento no reducido ni totalizante, sino reflexivo.

Es a esa capacidad a la que me he referido en los párrafos que he desarrollado en esta larga reflexión de siete entregas. Me he apoyado en Morín, al definir el proceso de desarrollo que ha vivido la relación de los ciudadanos dominicanos y haitianos durante la gestación, proclamación y proceso existencial de la República Dominicana.

Porque las relaciones de ese tipo de “intercambio cultural”, se fundamentan en el respeto a la diversidad y el reconocimiento mutuo de sus valías particulares. No estamos hablando de una utopía exenta de conflictos, sino de respeto, dialogo y convivencia para el desarrollo de ambos polos de la relación. Cuando hablamos de este tipo de relación, no nos estamos refiriendo tan solo a la interacción que ocurre a niveles geográficos, sino a cada uno de los procesos situaciones en las que se van presentado diferencias y en consecuencia van surgiendo los naturales conflictos de intereses.

Espero haber contribuido un poquito con el esclarecimiento de estas complejas relaciones, de las cuales no podremos nunca zafarnos y con las cuales necesitamos lidiar con responsabilidad histórica y social.

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