Opinión

El malestar de la desigualdad económica tiene un impacto perceptible con la presencia de un mercado laboral muy precario e incapaz de retener los puestos existentes y viabilizar el ingreso de nuevas personas que demandan empleo por primera vez. Tal malestar se profundiza en la inequidad de la remuneración a los empleados y la equidad a través de las jubilaciones, el desempleo y la seguridad social, entorno en que se manifiesta con crudeza la desigualdad económica.

Pero es que en la actualidad se está ante la presencia de momentos que son abiertamente injustos, fruto de que la acumulación de riquezas por parte de unos pocos cada vez se hace más innegable y acrecentado. En la actualidad, todos los estudios objetivos ponen en evidencia que 85 personas en el mundo poseen la misma riqueza que 3,600 millones de personas, equivalente a la mitad más pobre de la humanidad, lo que en la práctica se demuestra que, a pesar de la presencia de una recesión del ciclo económico, las fortunas de los más ricos han ido ampliándose mientras que el patrimonio de los más pobres ha ido duramente descendiendo.

La realidad predominante en la economía mundial conduce a la triste conclusión de que la desigualdad es uno de los principales problemas a los que se enfrentan las sociedades y economías modernas, lo que afecta a diferentes espacios de la vida de las personas, como la desigualdad económica, la desigualdad social o la desigualdad de oportunidades. Esto significa que el término desigualdad se utiliza para señalar lo opuesto de igualdad, es decir, la falta de equidad entre dos o más cosas, que aplicado a la realidad explica en una alta proporción la tendencia creciente del fenómeno de la pobreza a escala planetaria.

A la luz de la razón, este fenómeno permite establecer que las causas que generan la desigualdad suelen ser algo complejo de definir, que no puede ser reducido a una sola causa ya que intervienen diversos factores en el resultado de la misma. Por este motivo, más que buscar una causa única, existen múltiples causas que producen desigualdad en el mundo, y en este contexto pueden considerarse como las principales, el acaparamiento y concentración de tierras en manos de unos pocos, la desigualdad de género, la precariedad de la democracia en algunos países, los niveles de inflación, la precariedad salarial y la presencia visible de los niveles de corrupción.

Tal situación es lo que ha promovido la gran brecha entre ricos y pobres que se hace mucho más amplia cuando los gobiernos impulsan políticas económicas que generan constantemente elevados niveles de inflación. Sin embargo, existen otras causas que también son creados por los gobiernos, que contribuye a la desigualdad social, tales como las altas tasas impositivas y las múltiples reglamentaciones y restricciones que se imponen a la creación y funcionamiento de nuevos emprendimientos, lo que por sí solo va creando una barrera entre un sector formal y otro informal de la economía.

El balance arrojado por la desigualdad económica al cierre del siglo XX e inicios del siglo XXI, es lo que obligó a que la ONU fijara una serie de medidas, denominados: Los objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM), en los que 189 países miembros firmaron un acuerdo para cumplir ocho objetivos globales que alcanzasen el desarrollo del mundo en el nuevo milenio. Entre estos se encontraban la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, educación básica para todos o avanzar en la lucha contra el VIH y otras enfermedades.

Para el año 2015 se hizo una revisión de tales objetivos para examinar la eficacia de éstos, pero desafortunadamente se comprobó que no se estaban cumpliendo y que la forma de llegar a conseguirlos quedaba muy lejos de ser la adecuada. En ese mismo año se desarrolla una agenda para el 2030 en la que los ODM se amplían a 17 y pasan a denominarse objetivos de desarrollo sostenible, ODS, por el matiz de cumplirlos de forma que sea realmente sostenible para el medioambiente y continuada en el tiempo, pero diez de esos nuevos objetivos están orientados a mitigar la desigualdad económica y social.

Resulta inocultable que la desigualdad económica ha aumentado de manera sostenible en muchos países del mundo, fenómeno este que se ha generalizado de una manera vergonzosa en pleno desarrollo del siglo XXI. Pero es que desde finales de la década de los 80s, del siglo XX, se observa que la tendencia al ensanchamiento de la desigualdad se acelera, como consecuencia de la implementación de medidas desreguladoras del mercado, la transferencia de la riqueza del Estado a manos privadas y la reducción de la capacidad compensatoria de los estados hacia los que menos tienen, esa es la gran explicación por la que más de mil millones de seres humanos están prevalecientes en las garras de la desigualdad económica y la pobreza.

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